El otro día, pese a que la mayor parte conocían las veracidad de los hechos ya que la presunta víctima, un homosexual sadomasoquista y mentiroso, ya había derrotado, como se dice en términos policiales, que todo lo que denunció en la Comisaría había sido fruto de su invención, no faltaron un montón de mentecatos y mentecatas -de estas hay más- a una concentración convocada en la Puerta del Sol para protestar nadie sabe bien porqué, alentada por las palabras del tipo del pantalón del pitillo y de miembros de su malvado gobierno, tan mentirosos o más que el chapero víctima de la supuesta agresión.

Allí, en aquella manifestación para protestar airadamente por algo que sabían no había sucedido, quedó radiografiada esta sociedad, enferma y podrida, a la que nos han llevado en especial los sociatas con el concurso indispensable de la derechona cobarde que también tiene su importante cuota de culpa.

Durante años, desde la llegada al gobierno del partido socialista, allá por los 80, se impuso la tarea de cambiar a España so pretexto de facilitarnos el acceso a un supuesto mundo del bienestar. La juventud fue desarmada ideológicamente, convirtiéndola en una suerte de títere cuyos hilos los mueven, desde entonces, la izquierda y la ultraizquierda que se hicieron dueñas, amparándose en esa superioridad moral que dicen tener y no tienen, del discurso cultural. En la misma medida, a base de sucesivas mentiras, fundamentadas en vanas promesas jamás cumplidas, una buena parte del resto de la población cayó, sin recato, en los brazos de estas ideologías perversas, mientras la derecha acomodaticia cedía espacio una y otra vez, replegándose de forma vergonzosa y casi sin hacer ruido para evitar que el gran monstruo izquierdoso arremetiese contra ella.

Así, poco a poco, los valores tradicionales se fueron perdiendo. Conceptos como el patriotismo, el honor, el valor, el arrojo, la lealtad, el respeto a la verdad, el amor a la Historia, fueron desapareciendo del contexto de una sociedad a cada paso más hedonista y más individualista cuya principal preocupación es vivir bien, trabajando lo menos posible.

Poco a poco, paso a paso, las doctrinas internacionalistas de la izquierda -feminismo, globalismo, ecologismo, animalismo, relativismo, culto a la muerte por medio del aborto y la eutanasia, lgtbi, veganismo, etc.- se fueron imponiendo, especialmente entre los segmentos más jóvenes que comienzan a mamarlas desde la Escuela, prosiguen en el bachillerato y concluyen en la Universidad, espacios controlados y manejados por esa izquierda perversa.

Y así, llegamos a la situación actual donde, por ejemplo, se celebra una manifestación como la del otro día de la Puerta del Sol donde el eslogan y el grito unánime no eran otros que ¡viva la mentira!

A todo esto, debemos añadir la colaboración indispensable de los socialistas y de esa podemía ignorante que, desde el gobierno, dan pábulo a todas estas demostraciones callejeras de masas aborregadas bajo supuestas banderas de libertad.

Un gobierno miserable que corre a prohibir que se queme una inocente falla por miedo a molestar a aquellos que nos ofenden cuando quieren y que no tienen reparo en atentar contra nuestra civilización cristiana, persiguiendo, sin recato, a todo aquel que no profese su religión y, sin embargo, no pone objeción alguna a que, el próximo día 18, se celebre en Mondragón -cuna de terroristas- un homenaje a Enrique Parot, un canalla asesino etarra que se llevó por delante a 82 inocentes, entre ellos seis niños. Espero que todos esos mentecatos y mentecatas que se reunieron en la Puerta del Sol, con sus trapos multicolores, salgan a exigir respeto por estas víctimas, hombres, mujeres y niños que fueron asesinados DE VERDAD por la malvada mano marxista, como lo hicieron para defender los derechos del chapero mentiroso.

En cualquier caso, poco se puede esperar de esta sociedad cobarde y amedrantada, enferma y podrida, en la que un valdreu -permítame la expresión gallega-, un baluro ignorante, perverso e inculto, con la aquiescencia, cómo no, de los sociatas -siempre están ahí-, se permite retirar del callejero de Barcelona el nombre de los insignes Reyes Católicos, un ejemplo más de la malvada pretensión de esta izquierda canalla de cargarse la Historia de España.