1. La guerra de Ucrania se inscribe en la serie de intervenciones militares de segunda etapa de la OTAN: la primera etapa (Irak y Afganistán) incluyó la invasión y ocupación directa  de países, que resultó una derrota costosísima. La segunda se organizó alentando y sufragando manifestaciones “por la libertad” en otros países (Libia y Siria), que han provocado brutales guerras civiles, pero a un coste mucho menor para la  OTAN.
2. La agresividad de la OTAN,  nace de cierta pretensión mesiánica de Usa –secundariamente Inglaterra–,  autoconsiderada el  modelo que el resto del mundo ha de seguir o al que debe someterse por su propio bien. Ese mesianismo siempre se ha combinado con intereses más materiales y concretos.
3.  En el caso de Ucrania, la política de la OTAN consistió en provocar el golpe de estado del Maidán y alentar una política de provocación antirrusa y de guerra civil contra la población rusoucraniana. Y en poner en marcha sanciones brutales con el propósito de arruinar a Rusia, lo cual, al menos en la intención,  provocaría hambre masiva, que podría dejar en poca cosa las catástrofes de Irak, Afganistán Siria y Libia.
4. Efecto colateral de las sanciones es la negación de la “sacrosanta” libertad de comercio y de mercado, una de las bases invocadas para la estabilidad mundial. Esa libertad queda supeditada a los intereses políticos de Usa. Otro efecto sería empujar a Rusia a la esfera de influencia de China.
5. Ya de mucho tiempo atrás, una política de Usa consiste en presentar a Rusia como una potencia ajena y hostil a Europa (idea seguida con entusiasmo por el gobierno de Kíef), cuando la cultura  rusa es una de las más importantes de Europa. A la cual, mejor o peor, libró de las tiranías napoleónica y hitleriana, a un coste terrible.
6. Una experiencia realmente aterradora ha sido la capacidad de las Triples M  (Medios de Manipulación de Masas) para generar climas de histeria de masas  en toda Europa. A cuyas poblaciones se atribuye una  madurez de criterio cultural y democrático que, una vez más, se demuestra un tanto  ficticio.
7. Un efecto de esa histeria, en España, ha sido la súbita explosión de furioso  patriotismo ucraniano en un país donde, salvo VOX,  no existe un solo partido patriótico español, y habiendo caído el propio VOX en la trampa de la histeria.
8. Para España  tiene la máxima importancia aprovechar esta experiencia para examinar sus intereses nacionales y delinear una política neutralista  frente a las presiones que intentan arrastrarnos como carne de cañón al servicio de potencias que  invaden nuestro territorio y contra otra, Rusia, con la que no tenemos ningún conflicto.