El domingo publiqué en este digital «Ramiro Ledesma y sus herederos». Al parecer mis palabras han suscitado el interés de Gabriel García, quien le dedica una brillante réplica, llena de datos interesantes y de incuestionable valor erudito. No obstante creo que es mis deber hacerle una serie de aclaraciones y que refute alguno de sus argumentos, de manera que además de compartir impresiones sepa que he leído su réplica con atención y que tomo nota de todo lo expuesto por un estudioso de Ramiro Ledesma Ramos y de su pensamiento.

 

García entiende que mis argumentos constituyen «enfoques erróneos y argumentos cogidos por los pelos teóricamente sostenidos en el pensamiento tradicional español». Sin embargo a lo largo de toda su réplica no solo confirma mis impresiones sino que las refuerza, ya desde el principio se ve obligado a admitir mi tesis inicial: «Ramiro Ledesma Ramos nada tuvo de original, fue un pensador político de escasa importancia y con menos seguidores» a lo que contesta: «Es verdad, las iniciativas políticas y periodísticas promovidas por Ramiro Ledesma apenas llegaron a unos pocos seguidores» a lo que a continuación añade  «Pero fue el primero en España en plantear una alternativa política acorde a su época».

 

Si la de Ramiro fue una “alternativa política acorde a su época”, no hay duda de que lo que cualquiera hace siempre es acorde a su época, sin embargo creo que lo que mi refutador quiere decir es que fue coherente con las circunstancias políticas del momento, lo cual ambos admitimos que no fueron capaces de ver muchos en su momento, y a lo que yo añadiría que «un nacionalsindicalismo homologable a los "fascismos"» precisamente por ser homólogo –que comparten la misma naturaleza– es muy probable que de resultados homólogos. No parece que tales resultados nos induzcan a pensar que el pensamiento de Ramiro constituyese una doctrina coherente con los problemas de su época, o al menos me reconocerá mi objetante que es una hipótesis fuerte. 

 

En lo demás  mi impugnante hace una exposición de datos históricos muy interesante –de los que nada tengo que objetar–, nos ilustra en algunos de los aspectos del fascismo de aquella época y cita las obras de Ramiro –que son sobradamente conocidas a poco que a uno se interesen por su figura– pero no es capaz de refutar ninguno de los argumentos que ofrezco en mi artículo y como mucho se limita a perfilar algún aspecto o añadir alguna valoración, con lo que si bien demuestra ser conocedor de los aspectos históricos del pensamiento de Ramiro y una calidad literaria muy superior a la mía, no se demuestra habilitado –de momento– para argumentar sobre los aspectos filosóficos de su doctrina:

 

«es una temeridad acusar a Ramiro Ledesma de marxista disidente cuando políticamente siempre se posicionó contra el marxismo. Sí es cierto que pudo utilizar el término socialismo al referirse a la economía (y habría que ver sobre qué aspecto lo aludía), pero es que el socialismo puede entenderse en un sentido muy amplio como la intervención del Estado en la economía. El marxismo, en cambio, es una filosofía con repercusiones políticas que nunca tuvo las simpatías de Ramiro Ledesma, y mucho menos en su etapa más madura».

 

En este párrafo el motivo de fondo de mi contrarréplica, y del artículo replicado. Ramiro  se interesó por el pensamiento de los precursores de la “hermenéutica postmoderna”: Heidegger, Nietzsche, entre otros. El fascismo no es más que una corriente de pensamiento político derivada del materialismo filosófico, materialismo entendido como lo hizo Carlos Marx –recordemos que hizo su tesis doctoral sobre las diferencias entre el materialismo de Epicuro y Demócrito– y ya el movimiento obrero había acogido desde sus inicios. El fascismo – en todas sus formas– se sirvió del relato materialista de la historia para componer su cuerpos doctrinales fundamentales, para hacer del hombre un medio, y del estado un fin relativo a las consideraciones del dictador. Si los lideres fascistas de ayer y de hoy se muestras contrarios al marxismo, no es porque sean disidentes en estructuras económicas y sociales, sino porque marxismo y fascismo son competencia mutua –como dos empresas que venden el mismo producto– con todos los matices que se quiera. Comprender esto es vital para entender el fascismo y con ello el pensamiento de Ramiro. Por eso digo en el artículo que los herederos de su pensamiento son los “nacional socialistas” actuales: los nacionalismos periféricos, y no los estudiosos de la obra de Ramiro entendida en el contexto de su época.

 

Con esto ya estaría todo dicho, pero como los hombre no solo estamos compuestos de materia, y porque noto que me las veo con un caballero me veo obligado a aclarar algunos malentendidos.

 

«No vamos a negar que las lecturas políticas mal digeridas de la juventud puedan desembocar en algo similar a un síndrome de Don Quijote, de ahí que una errónea interpretación de un ensayo político (da igual de qué tendencia) pueda desembocar en situaciones ridículas equiparables a las de Alonso Quijano embistiendo molinos de viento por culpa de los libros de caballerías. Quién sabe si no será el caso del autor de estas líneas citadas, quien, no contento con despreciar a Ramiro Ledesma a base de tópicos, enfoques erróneos y argumentos cogidos por los pelos y teóricamente sostenidos en el pensamiento tradicional español, todavía se permite el lujo de llamar canalla, charlatán y jeta a una de las mejores cabezas del siglo XX español;»

 

Comprendo que estudiar la biografía de un hombre puede conducirnos a simpatías exageradas, pero no podemos caer el la tentación de identificarnos con él, ni recibir las críticas legítimas como personales. Cuando digo «canalla» «charlatán» o «jeta» no me estoy refiriendo a Ramiro, ni por el ni por su pensamiento, sino a aquellos que utilizan la figura de un gran pensador y de un hombre vilmente asesinado –por las armas y por la historia– para satisfacer yo que se que extraño extravió, y aquellos que utilizan la memoria de nuestros héroes para legitimar discursos repugnantes. Quizá aquí me esté poniendo un poco marxistas, frustrado por eso a lo que hoy los postmodernos llaman “apropiación cultural” y tenga que reconocer que ninguno estamos exentos de contradicción.

 

Por último me resulta fascinante que un admirador de Ramiro me equipare con Don Quijote ,aunque es cierto que aquí muchos sabemos algo de  «Alonso Quijano embistiendo molinos de viento por culpa de los libros de caballerías» y quizá seamos esa España representada el cuadro de Ferrer-Dalmau, donde aparece el hidalgo de carlista; como un testigo que se resiste a conformarse con el “progreso liberal”. Cervantes comprendió bien España, y el que la entiende sabe que embestir molinos puede ser glorioso, si sabe sumergirse en el sentido del texto y no es su tenor literal. De ahí la genialidad del Quijote, que es un libro para todo intérprete, tanto para el que sabe leer entre líneas como para el que no.