A la sociedad española, tan escasamente formada e informada, se la ha sometido a un lavado de cerebro tan profundo y tan convenientemente dosificado, que es incapaz de apreciar la relación de causalidad que existe entre los actos y sus resultados.

Quien alaba la Transición, que es el esfuerzo que han hecho los medios desde el principio, no sólo alaba un procedimiento de cambio político absolutamente ilegal, sino que alaba los casi 1000 asesinados de ETA, el crimen de Estado que llega hasta el día de hoy con el destierro del rey Emérito, la corrupción generalizada a todos los niveles del Estado y el clientelismo más burdo. Bien es cierto que de todo ello se puede hacer abstracción y decir lo mismo que dice quien no vivió aquella etapa de España, la cara más dura del Partido Popular, Cayetana Álvarez de Toledo: “Perded toda esperanza. No mandaréis la Transición al exilio”.

Quienes le seguíamos, con las salvedades que algunos sosteníamos, nos dimos cuenta que llevaba toda la razón en los contenidos y que su presencia era garantía de honradez. Era lógico que todo aquel bagaje se viera recompensado con unos índices de audiencia verdaderamente espectaculares, aunque luego no se tradujeran en votos. Blas Piñar había lanzado a la escena política de aquella España desnortada que lo fiaba todo a la improvisación su Fuerza Nueva, basamento ideológico de los principios del ejercicio político anterior: paz, unidad, progreso.

Pero el panorama de la animación no paraba gracias al esfuerzo sostenido de muchos que hoy no se dan por enterados, al egoísmo de otros que sólo miraban por sus intereses y a las posturas de salón de quienes tuvieron que haber frenado la deriva. Mientras la sociedad que nunca entendió aquella pócima del brujo “de ley a ley” resistía diferentes crisis que no hubieran resistido otras naciones. Sin saber que nos esperaban otras épocas muy duras y llenas de desafíos.

Hoy la crisis nacional afecta a cuestiones estructurales y las soluciones no son fáciles de acometer porque se han dejado enquistar. Con todo, hay que acometerlas desde una dirección de mando, porque el mando y la autoridad son para ejercerlos.

1ª.- Conocidos como vaivenes, lo de Cataluña y Vascongadas es desde donde procede el mayor peligro para la estabilidad y el progreso de España, por eso se debe actuar antes de que el independentismo recolecte lo que está todavía por desarrollar.

2ª.- Respecto a la inmigración que soportamos, cuya invasión no para, multiplicándose año tras año, no haría falta más que escuchar lo que se dice en cualquier región de España: “¡No al protocolo sobre inmigración!”.

3ª.- Y si es de hacer referencia a la economía, necesitamos un modelo productivo acorde a nuestras necesidades e intereses, con plena soberanía para implementarlo.

¿Se trabaja con esos objetivos? O, por el contrario, conscientes de que nuestra existencia es un cortísimo lapso de tiempo en el infinito devenir, seguimos demandando animación hasta que termine la fiesta.

Hay escenas que por distintos motivos nos dejan recuerdos permanentes. Como la de aquellos patricios romanos disfrutando en sus villas hasta pocas horas antes de que las hordas bárbaras invadieran Roma. Una escena que con los años hemos podido comprobar que también nosotros podemos vivir.

Por eso, Señor, ante una jauría de rufianes que no se parara hasta no destruirlo todo, sabiendo como de sobra sabe que por lógica de razón su hija no llegará a ser Reina, su papel está muy claro, sea verdaderamente el Rey de España. Ese ha sido su destino. Y ese será su final.

Muy atentamente