Se deben celebrar unas nuevas elecciones generales porque resultó imposible que las principales formaciones políticas llegaran a un acuerdo. Las causas están directamente relacionadas con el deseo de lograr más control de las instituciones, sin que hayan importado los intereses generales de la sociedad. Este hecho se puede verificar atendiendo a las circunstancias y al comportamiento de los principales líderes políticos, que han impuesto vetos y líneas rojas como el que pretende construir una muralla para defenderse de los enemigos, siendo cierto que, probablemente, la precampaña se está desarrollando desde las elecciones generales que se celebraron el día 20 de diciembre de 2015.

 

Los electores votaron y cada uno debía tener una idea diferente. Muchos debían querer que el partido político que eligieron fuera el que controlara el Gobierno y otros debían desear que se pudiera alcanzar algún acuerdo entre la formación que eligieron y otras ideológicamente próxima

Los electores votaron y cada uno debía tener una idea diferente. Muchos debían querer que el partido político que eligieron fuera el que controlara el Gobierno y otros debían desear que se pudiera alcanzar algún acuerdo entre la formación que eligieron y otras ideológicamente próximas. Sin embargo, es cierto que cada dirigente ha interpretado lo que le ha interesado más en función de las circunstancias. Algunos han afirmado que se quería un pacto en un sentido y otros que se deseaba en el sentido contrario, existiendo una completa subjetividad.

El sistema electoral español permite diversas interpretaciones de la voluntad popular y las mismas se privatizan, asumiendo cada parte la que le conviene. Esta realidad hace que se pueda crear un conflicto interpretativo permanente, con el que cada uno obtenga sus propias conclusiones para hacer lo que quiera, sin que puedan existir reproches, pues todos terminarán ejecutando la misma conducta.

 

Es posible que se repitan los resultados de las anteriores elecciones generales en el próximo proceso electoral general. Si esto ocurriera, se repetiría un escenario que, hasta el presente momento, solo ha provocado problemas. Además, no debería descartarse que, en ese caso, que hubiera otra situación de bloqueo temporal que tuviera cono consecuencia otras elecciones generales.

 

Los ciudadanos serán los que soporten los costes políticos y económicos de las nuevas elecciones. Los dirigentes más importantes pueden considerar que poco tienen que perder y que pueden ganar mucho más de lo que ya han conseguido, aunque alguno debería equivocarse para que la situación pudiera desbloquearse.

 

Los dirigentes políticos deben obrar racionalmente, no pensando en lo mejor para ellos y para sus amigos. Si se quiere gobernar un país actuando adecuadamente, hay que ser tolerante y apostar por un verdadero diálogo por el que todos ganen mucho o pierdan poco, sin que tengan preferencia los objetivos de los amigos y sin que se quiera fastidiar a los enemigos.