Vuelvo a escribir, otra vez, sin saber bien si lo hago en mi condición de jurista o como simple ciudadano, pero poca trascendencia tiene ahora eso porque lo realmente importante es el mensaje y no el mensajero. Y lamento muchísimo tener que comenzar insistiendo en cuestiones que ya he tratado, pero que, lamentablemente siguen estando de actualidad dando la impresión de que estamos inmersos en una especie de historia interminable. Vuelven a repetirse los mismos vicios por parte de nuestros gobernantes y continuamos con más de lo mismo: ausencia total de trasparencia, inexistencia de medidas coherentes, nuevas cortinas de humo para esconder los problemas reales, y un largo etcétera de vicios que no se corrigen, ni tienen visos de ser corregidos.

Ciertamente estamos ante un “time of troubles”, porque la situación es alarmante en términos sanitarios y económicos (que no se realmente cuál es más grave) sin que atisbemos avance alguno, sino más bien retroceso, lamentablemente. Entramos en el verano con la desdichada frase del Presidente, anunciando que habíamos vencido al virus, y se nos fue de vacaciones. Volvió de sus vacaciones y lo único que se le ocurre es desembarazarse de los problemas y dejar las riendas en manos de las CCAA, como si con eso quedase exento de sus responsabilidades. Esto ha sido una muestra clara de su irresponsabilidad y de que su mirada está puesta en mantenerse en la Moncloa a toda costa, aunque para ello tenga que pactar con el diablo.

El cuestionamiento y desprecio abierto hacia nuestro Monarca ha abierto otra absurda brecha en nuestra sociedad, a lo que se está acaballando ahora la lucha por el control de Madrid en una pugna completamente irrazonable. Porque si la semana pasada se anunciaba que se había llegado a un acuerdo entre Illa y Ayuso, no llego a entender el motivo por el cual, a los pocos días, tal acuerdo se convierte en una guerra abierta, con el consiguiente desconcierto de todos los madrileños (entre los que estoy incluido). Todo esto con la herida abierta por la dichosa ley de Memoria democrática, que ni respeta la memoria (cosa que, además, no es función del Gobierno) ni es democrática, por cuanto cercena la libertad de expresión y de cátedra. Y le seguirá la “batalla” por los Presupuestos y la moción de censura ya registrada en el Congreso, con más episodios de enfrentamiento que ni imaginar quiero. O sea, una detrás de otra y la cosa no tiene visos de parar, hasta que lleguemos a la misma orilla de un estado totalitario chavista.

Sin embargo, y como solía decir Kipling, eso es otra historia…

Porque ahora, quiero rememorar (porque mi estado de ánimo así lo pide) los maravillosos versos del poema IF de Kipling, que son toda una declaración de principios, no siempre fáciles de cumplir, y que para mí tienen un especial valor. No puedo afirmar -como hizo Orwell- que comenzase aborreciendo a Kipling, porque siempre lo he admirado. Especialmente desde que mi padre, me regaló, enmarcado, el IF en la maravillosa traducción de Juana de Ibarbourou y con dedicatoria de la propia poetisa. No solo guardo como oro en paño este poema (que no es sino una carta que Kipling dirigió a su hijo) sino que tengo copias del mismo por todas partes y, sobre todo una que guardo permanentemente en mi memoria. De modo que como no me siento capaz, ni de lejos, de igualar el mensaje de Kipling, dejó escritos, a continuación, sus versos en la traducción, poco conocida al español que yo guardo conmigo y quiero compartir ahora. El poema dice así:

SI puedes conservar la calma en la borrasca

cuando todos te acusen: ¡eres tú el turbador!

Si cuando de ti duden, puedes confiar en ti

ocultando magnánimo el exaltado error

 

Si puedes esperar sin cansarte en la espera

y perdonas la injuria y en ella no te manchas,

Y si eres odiado te acorazas de amor

sin ficticia dulzura y sin palabras vanas;

 

SI romántico sueñas y tus sueños dominas;

Si piensas y no tienen vanidad de pensar

Si puedes cara a cara mirar éxito y ruina

y en la prueba vencerlos a los dos por igual;

 

Si malvados falsean tus conceptos más justos

y sufres esa carga con serena humildad,

o si ves destruido cuanto tú edificaste

y de nuevo comienzas tu torre a levantar;

 

SI medida riqueza o brillante fortuna

a cara o cruz te juegas de un golpe, sin temor,

y la pierdes impávido retomando al principio

sin inútiles quejas ni cobarde clamor;

 

Si corazón y nervios y músculos y empeño

pones sólo al servicio del supremo ideal

y soportas la prueba ya sin clara esperanza

dando ejemplo de terca y ardiente voluntad;

 

SI pulsas muchedumbres y conservas intacta

tu virtud; Si ni reyes destruyen tu altivez,

Si no pueden herirte amigos ni enemigos,

Si mesurado eres de todos un sostén;

 

Si tú puedes llenar el minuto implacable

con el valor auténtico de sesenta segundos,

es que eres un hombre totalmente, hijo mío,

y tuya ya la tierra, tuyo ya todo el mundo!

 

Cada uno que saque las conclusiones y enseñanzas que quiera de estas palabras, porque yo poco más tengo que decir, salvo recordar que debemos guardar la calma en la borrasca (aunque no, someternos como borregos). Ejerzamos nuestros derechos ante quienes no han cumplido con su palabra y, encima, pretenden callarnos. Como sabiamente dijo M. Gandi “no puedo concebir una mayor pérdida que la pérdida del respeto hacia uno mismo”… Y es que no cumplir con la palabra dada es un acto de violencia, en sí mismo y, por tanto, de nuestra integridad, que constituye toda una burla y una falta de respeto a los demás. Decía Chesterton que el hombre que hace una promesa se cita consigo mismo en el futuro. Una palabra dada no puede alterarse, porque toda persona vale lo que vale su palabra …

Y como no creo que quepan más apostillas me despido hoy con una sonrisa etrusca renovada a pesar de que la tormenta siga rugiendo fuera.