El periódico Canarias7 publicó el pasado domingo un artículo titulado “Canarias se llena de inmigrantes... pero son italianos”. Con el subtítulo “La mayoría es partidaria de limitar la llegada de inmigrantes. Pero, con el censo en la mano, el foco no debe estar en los que llegan de África, sino en los europeos” dejó planteado el problema. Escrito por su director, Francisco Suárez Álamo, analiza el fenómeno de la inmigración que vive el archipiélago. En el mismo puede leerse que “No hay que mirar hacia África ni a quienes vienen en pateras o cayucos, pues esos acaban mayoritariamente siendo devueltos a los lugares de donde partieron o derivados a la península y de ahí al resto de Europa: de los 292.542 extranjeros de 2020 -según datos del Instituto Canario de Estadística-, casi la mitad (134.837) son de países comunitarios, seguidos de los procedentes de América (84.660, en su gran mayoría sudamericanos), mientras que los africanos son 26.579”. Es evidente que la afirmación de que mayoritariamente han sido devueltos a sus países de origen es falsa. El traslado de una parte de los ilegales a la península y de allí vía libre a Europa si es cierto, porque es la política de este Estado que acepta las directrices del Pacto Global sobre Migración de la ONU y la Agenda 2030.

Según lo publicado se puede interpretar que el grave problema demográfico, social e incluso geoestratégico que vive el archipiélago, o es falso o donde hay que mirar es a la inmigración europea y sobre todo… italiana. Y todo ello a pesar de lo sufrido en el último año en Arguineguín, las maniobras militares conjuntas de Marruecos y Estados Unidos en aguas territoriales españolas, y las pretensiones seculares del reino alauí sobre Canarias.

Más allá de la frialdad de las estadísticas, números e interpretaciones acerca de la situación, lo que puede advertirse es que Canarias corre un serio riesgo de perder su identidad por mirar hacia otro lado debido a la corrección política y a la hipocresía del buenismo progresista. La numerosa comunidad italiana de las islas ha comenzado a manifestar su desagrado por una visión con claros tintes xenófobos.

Según el artículo citado, el problema canario no está en la inmigración ilegal, fruto de las mafias del tráfico humano proveniente del continente africano, cuya cultura y costumbres son contrarias e incompatibles con la occidental y europea. Los ejemplos de delitos cometidos por parte de inmigrantes irregulares sobran, sin embargo, el problema parece ser que está en los ciudadanos italianos y europeos que invierten, trabajan y habitan con total legalidad las islas.

Según lo analizado y publicado por el Sociobarómetro de Canarias, son mayoría los que creen que hay que poner un tope a la inmigración, y un 53% no ve al inmigrante como un “ladrón de empleos” que quite opciones en el mercado laboral a los canarios. Los inmigrantes no son queridos porque aparentemente sobran, pero tampoco son un peligro para el empleo…

Según los datos analizados por Canarias7, “Italia es a día de hoy el país que más emigrantes envía a las islas, con unos registros en los últimos años sencillamente espectaculares: eran 3.473 en 2000 y fueron 40.492 los italianos registrados en Canarias en 2020. Es a mitad de la primera década del presente siglo cuando el crecimiento empieza a ser exponencial: 7.823 en 2004; 15.459 en 2008; 20.934 en el año 2012 y 28.536 en 2016” (…) “En el caso de los marroquíes, han pasado de 4.180 a comienzos del presente siglo a 16.444 el pasado año”. Datos sobre inmigración ilegal no hay, pero según lo visto, los italianos, mayoría de inmigrantes, parecen ser un factor problemático en la crisis migratoria canaria.

El artículo continúa “El portavoz de Nueva Canarias (NC) en el Parlamento regional, Luis Campos, señaló en el reciente debate del estado de la nacionalidad, que era preciso debatir acerca del crecimiento desde el punto de vista territorial, pero también desde el demográfico, aunque haciéndolo sin planteamientos xenófobos. Durante su segunda intervención en el debate sobre el estado de la nacionalidad canaria, habló de la necesidad de definir un nuevo modelo de desarrollo para las islas, señaló que como territorio insular que es Canarias tal vez sea preciso hablar de su desarrollo demográfico. Luis Campos insistió en la necesidad de “elevarnos” sobre la coyuntura para intentar tener una visión estratégica para ser capaces de decidir hacia donde ir, para lo cual, a su juicio, es preciso definir nuevos modelos y establecer la diversificación, según recogió la agencia de noticias Efe”.

Según estas afirmaciones cabe la duda acerca del “modelo de desarrollo demográfico”, la “diversificación” y de la “xenofobia” a la se refiere la formación izquierdista canaria. Los italianos residentes en las islas comienzan a estar molestos e inquietos ya que son la mayoría extranjera a la que hay que poner tope, según la encuesta.

En definitiva, la comunidad italiana en Canarias comenzó a ser señalada como un problema para las autoridades y los medios locales. Un connacional italiano me ha hecho conocer la situación y su preocupación y no es para menos. Provoca nauseas ver como hay españoles que miran hacia otro lado, distraen, ocultan, tergiversan y mienten acerca de un problema tan terrible como el de una invasión cada vez menos silenciosa y más evidente de los enemigos históricos de España, Europa y Occidente. Provoca náuseas que haya canarios -que aún son españoles, europeos y occidentales- que apunten a los italianos como lo culpables de una situación social y política límite, cuyo final será su propia desaparición. Son los de siempre con las mismas mañas, duros con los propios y complacientes con los extraños. Ellos no ven delito en entrar ilegalmente en una nación soberana, ni parece que les importe demasiado la inseguridad, la violencia en las calles o las violaciones de sus mujeres. No quisiera ver a esos canarios tan afines a la corrección política, el día que en Canarias flamee una bandera con la estrella y la media luna.

Tal vez si los europeos llegasen ilegalmente en pateras a las islas, esos canarios, los del Sociobarómetro, las autoridades y los medios locales, estarían menos preocupados y más tranquilos con sus conciencias. Quizás también los italianos deberían ir soñando en ser recogidos y alojados en los hoteles de 5 estrellas con servicio de habitaciones y en las fiestas y bailes con las voluntarias de la Cruz Roja.