Se ha convertido en un deporte nacional de la bienpensancia, de los progres pacatos y de la derecha meliflua, comparar al Teniente Coronel de la guardia civil Antonio Tejero Molina con los golpistas catalanes del 1 de octubre de 2017.

La pose ridícula y tergiversadora de semejante apreciación no puede ser más absurda e insultante. Dejando de lado los análisis, opiniones y hechos históricos que rodearon el episodio conocido como 23F, y de los cuales el Correo de España posee una vasta hemeroteca que desmonta la mentira oficial, lo cierto es que Antonio Tejero fue un hombre de honor indiscutible que jamás se reveló cobarde, abyecto ni deshonrado.

Tejero se enfrentó a la acusación y condena por rebelión militar y lo hizo habiendo, previamente, exculpado a todos los hombres bajo su mando, asumiendo a cara descubierta la responsabilidad por entero. Sabía que serían la Historia, su conciencia y Dios quiénes le juzgarían y que un Tribunal temporal vertería un pronunciamiento que lo encarcelaría, pero no la verdad de lo que fue y supuso el 23F.

Sí, amigos: Tejero quiso la exención de culpas para los hombres a su cargo durante la acción en el Congreso de los Diputados; asumió su responsabilidad por entero; se negó a aceptar ofertas de huida y de cantidades millonarias; afirmó su compromiso eterno con España y con la lealtad a las leyes que juró, las leyes Fundamentales y los Principios del Movimiento; y no lloró por los 15 años de prisión que cumplió.

Perdió su carrera en la Benemérita y su sueldo definitivamente, y su familia entró en un estado de zozobra donde su sustento se vio destruido. Fue la valentía de cada uno de sus componentes, la ayuda desinteresada de muchos españoles y el esfuerzo del héroe encarcelado, los que oxigenaron, pese a las dificultades, a una familia que vio como el bravo soldado, padre y marido había cumplido una misión de Honor.

Tejero cumplió 15 años de cárcel, con las visitas de los suyos impedidas en la medida de lo posible y con un apestamiento mediático generalizado que vertió las peores calumnias.

Equiparar a Antonio Tejero con las nenazas criminales catalanas del 1 de octubre es rastrero y mezquino, pero una de las miserias ya clásicas en una clase periodística y política porcinas y mentirosas.

La situación de los criminales golpistas catalanes, los Junqueras, Cuixart, Sánchez, Romeva y demás sujetos, no admite la comparación con que muchos cretinos tratan de estigmatizar a Antonio Tejero Molina equiparándolo a los ladrones, malversadores, prófugos y cobardes del independentismo catalán.

Agraciados con penas de prisión de “balneario”, con salas “carcelarias” dispuestas para recepcionar visitas, con un segundo grado penitenciario de práctica semi libertad que les permite abandonar la cárcel durante casi todo el día para ir a la universidad o a sus ONGs separatistas, los políticos catalanes presos gozan de un aumento notorio de peso físico observable en el tamaño de Oriol Junqueras, hacen campañas políticas callejeras, se prodigan en redes sociales y están encaminados hacia un indulto ya pactado. De la residencia hotelera donde yacen, mal llamada “prisión” de Lledoners, volverán prontamente a la calle, tras dos añitos de estancia. Y una parte de la banda criminal encabezada por Carlos Puigdemont, el golpista que proclamó solemnemente la “República catalana” para des-proclamarla segundos después, está huida y mantenida con el dinero robado a los españoles en la mansión belga de Waterloo.

Los lloros de parte de los criminales catalanes cuando fueron apresados son todavía escuchados; también las carcajadas de Puigdemont desde Bélgica. La reclamación de “amnistía” es su bandera. Los actuales dirigentes independentistas de la generalidad catalana encabezados por Pedro Aragonés, del partido ERC, y el voluminoso preso Junqueras, quieren la pronta excarcelación de los criminales que malversaron millones de euros, animaron a romper cráneos de policías y guardias civiles y trataron de asesinar a España en Cataluña promoviendo la desaparición del poder legal del Estado. Mientras tanto, desde el exterior, el “mártir” Puigdemont vive a cuerpo de Rey formando un llamado “gobierno paralelo en el exilio”.

En resumen: cobardes, llorones, fugados y destructores de la unidad nacional española. Esos son los golpistas catalanes de 2017. Compararlos, como hacen los centristas peperos y algunos izquierdistas, con Tejero, o eximirlos de culpa como hace la izquierda gubernamental, es mezquino y miserable. Tejero, durante su estancia carcelaria, jamás rindió pleitesía a los gobiernos de uno u otro signo, jamás pidió el indulto y jamás le fue concedido aunque la izquierda periodística de El Pais diga que sí, mintiendo con villanía.

¡Dejen, unos y otros, de sacar a pasear a un militar ya anciano y de valor supremo que no puso en peligro la unidad ni la paz de los españoles, que jamás se retractó ni mintió! Un hombre que demostró que el cumplimiento de la palabra dada y del honor intacto es el deber correcto que al hombre español lo hizo grande en momentos de la historia como la resistencia del Alcázar de Toledo, cuando el coronel Moscardó no se rindió a pesar de que la muerte de su vástago sería el precio a pagar. Moscardó, como Tejero, siempre tuvieron una conciencia tranquila, a bien con Dios y con España, admirada por colectivos enteros de españoles mayores y jóvenes que periódicamente los recuerdan y homenajean porque los conocen; porque hay valores eternos que no admiten impugnación ni olvido.

No pasarán, en la memoria colectiva de nadie, y ni siquiera como vulgares espantajos de feria, los mamarrachos políticos, enanos morales y humanos del momento actual, ni tampoco sus criminales golpistas indultados pues siempre existirá una Historia incontrovertible que los señalará como lo que fueron: cobardes, y a Antonio Tejero como lo que fue: Honor.  

EL LIBRO: TEJERO:UN HOMBRE DE HONOR