A poco que hayamos venido observando, y hemos tenido tiempo suficiente, Podemos no es otra cosa que un instrumento estratégico de poder y destrucción, que como instrumento de esos dos objetivos implementa una interpretación falsificada de la Historia, narrativa falseada sobre la que sostiene su coartada de justificación. En resumidas cuentas, y en palabras de Francisco Rosell: “Podemos no es un partido al uso, sino una organización que no desprecia el delito” (Caso Iglesias: mentiras, sexo y tarjetas Sim. El Mundo, 28 de junio de 2020).

Respecto a la falsificación que Podemos hace de estos últimos cuarenta años de España decir, que, aunque la Transición y la Constitución como procesos se construyeron sobre la inevitabilidad: la cesión que hicieron unos traicionando y otros cediendo en sus pretensiones, absolutamente desfasadas, esa verdad no tiene que hacernos volver a las armas, porque reformando Constitución en sus aspectos más polémicos lo que debería arraigar es la idea de la identidad española “tan rica en buenas cualidades entrañables” (José Antonio).

Las pruebas a favor de la ilegalización de Podemos se acumulan, sean puesto en evidencia en las colaboraciones de este Correo de España, y las resume el señor Francisco Rosell en el diario El Mundo de fecha 28 de junio: Caso Iglesias: mentiras, sexo y tarjetas Sim. Ahora tendría que ser una Justicia independiente quien se hiciera cargo del asunto y no volver la vista sustentando la razón de Estado.

En cuanto a encerrar a su líder, al bicho de los dientes de sarro, al psicópata que quería recrearse sexualmente golpeando hasta hacer sangrar las nalgas de la guapísima periodista Mariló Montero -mucha mujer para tal mequetrefe-, al fruto de la concepción de un miembro del grupo marxista-terrorista FRAP, tampoco debería haber duda razonable para tal proceder si sustentamos la medida en que Pablo Manuel Iglesia convierte la diferencia en un conflicto que lleva hasta la ilegalidad sin importarle las consecuencias, poniendo en peligro la paz social de los españoles. Lo que me recuerda a lo que decía Largo Caballero por estas mismas fecha del año 1936:

Febrero, 1936. En Valencia:

La clase trabajadora tiene que hacer la revolución… Si no nos dejan, iremos a la guerra civil. Cuando nos lancemos por segunda vez a la calle, que no nos hablen de generosidad y que no nos culpen que los excesos de la revolución se extremen hasta el punto de no respetar cosas ni personas”.

Febrero, 1936. En Alicante.

Si triunfan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”.

Febrero, 1936. En Linares.

La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.