Majestad, creo que fue por el mes de Octubre, en que hablando de la monarquía y el progresismo, acabábamos pidiéndole que no nos defraudase y lo ha hecho en su discurso de Nochebuena de este 2021. He de retrotraerme hasta Octubre de 2017 para escucharle un discurso medianamente comprometido con el rechazo y condena de hechos graves, muy graves, no ya políticos, sino delincuenciales. De entonces acá todo en España, rebelión de la Generalidad incluida, se ha radicalizado más.

Majestad, le digo una obviedad si le digo que Usted es Rey de España, pero también Jefe de Estado, aunque esta Constitución le haya privado de la potestad de ejercer como tal. Y aunque así sea, al menos en sus discursos no debe abdicar de poner los problemas sobre el tapete y decirle a quien corresponda las verdades que tenga que decirle, sin que ello suponga intromisión política alguna. Máxime cuando se trata de hechos delictivos, como es la rebelión de autoridades del Estado en una región, el incumplimiento reiterado de las leyes, apologías de la secesión en medios que sufragamos todos, así como adoctrinamientos en aulas, formando secesionistas del día de mañana para poder llevarla a termino.

Se ha puesto de moda en los escribas de la Casa Real o del Gobierno, si deja que éste escriba sus discursos, decir cosas y no decir nada. Ni siquiera insinuaciones. Se trata de un lenguaje discursivo melifluo, vacío de concreciones, inconcluso, que tanto sirve para un roto como para un descosido, lleno de lugares comunes y temeroso de hablar claro. En definitiva, para no mojarse en nada y si tuviera que hacer una parodia de sus contenidos echaría mano del chiste atribuido a los gallegos al encontrárselos en una escalera, que no se sabe bien, si subimos o bajamos.

Las pláticas institucionales de S.M, en fechas no ya emblemáticas sino ordinarias son eso, pláticas, recomendaciones más próximas a un sermón que a lo que la máxima autoridad de la Nación debe comunicar a sus ciudadanos, máxime cuando el Estado se desangra en evidente peligro de desmembramiento de las costuras de su unidad y donde un niño no puede estudiar en español en España ya en bastantes de sus regiones. ¿A todo ello Usted no tiene nada que decir alto y claro, tanto a los que incumplen las leyes, sea por acción u omisión, como a los ciudadanos en general?, ¿acaso no es Usted el garante de la unidad de la Nación?

No se puede, mejor no se debe, pasar de puntillas sobre delitos muy, muy graves, dando recomendaciones genéricas, destinadas a no se sabe quien. Escuchando sus discursos parece como que somos los ciudadanos corrientes los destinatarios de esos pellizquitos monja que van destinados, sotto voce, a otros.

No, Majestad. Así no salimos de ésta. Ni Usted, ni nosotros. Salvo aquellos que saben lo que quieren que lo dicen alto y claro, porque ya no se cortan un pelo y están como el coronavirus en todos sitios. Desde las Cortes Generales a los poderes del Estado, las instituciones, las universidades, los institutos, los colegios, los obispos, etcétera. No le pedimos que SM entre en las minucias ni en la brega diaria entre partidos que han sido votados por los ciudadanos, porque ese no es su papel y debe mantenerse al margen.

Pero sí, debe señalarse por las cuestiones esenciales: lo primero por la unidad de España, por la defensa de la Constitución, por la defensa de las leyes, por su cumplimiento efectivo en todo caso y circunstancia, por la separación de poderes, por la lengua común y así un largo etcétera.

Ya que no le dejan hacer, al menos hable claro Majestad. La claridad no está reñida con el respeto hacia quien sea merecedor de reprensión. Lo contrario, da alas a quienes no son leales a la Nación, nos confunde a todos y pone en riesgo su condición de Rey y Jefe del Estado. Con los delincuentes, no caben paños calientes, tibiezas ni "borboneo" alguno. Porque también van a por Usted.