Sr. Director:

    Una excelente salida de las navidades para reconfortar el espíritu. La tropa uniformada, un instrumento maleable, capaz de medias voces y, sobre todo, falsetes, de los que suele abusar, en posición de firmes, con sus cien kilos de medallas. La ministra, Margarita, airosa y rumbosa, vestida de rojo, como rojo es el Gobierno del que forma parte, manejando una voz clara con notas agudas, siempre sin esfuerzo. Y el monarca, que se me antoja que es uno de esos dioses mitológicos que no son más que un reflejo sobrenatural amplificado, mostrando su versatilidad con un repertorio comprometido entre lo imposible y lo casual, va y suelta que “la Carta Magna define un marco de convivencia que hace de España un gran país”. Que es algo que debería estar penalizado. Y por cierto, ¿qué es eso de que “estamos incondicionalmente comprometidos con la Constitución? No es verdad, incondicionalmente se está con Dios, con la familia y con España. El resto es accidental.  

    El Gobierno no ofrece respuestas que reclaman decisiones perentorias, sobre todo en la situación actual, donde cada comunidad autónoma acampa por sus fueros sin que exista un plan general por parte del Gobierno, que a lo más que llega es a una intención ambigua. La situación económica se descompone, y respecto a la ofensiva separatista estamos ante una crisis que en cualquier momento puede estallar. Y mientras esto acontece, Europa no se fía del destino que el Gobierno vaya a dar a los 140.000 millones que nos van a regalar, sospechando que parte de ese dinero se quedará en los departamentos y organismos de los ministerios, consejerías de las comunidades autónomas y en los ayuntamientos. Así como en los comités y comisiones ad hoc que se puedan crear.

    España en descomposición y a un instante de la quiebra, orbita como un satélite sin vida propia en una galaxia compleja. Recuperar la soberanía es vital. Echar al Gobierno social-comunista de Sánchez, prioridad nacional porque no obedece a principios éticos, sino a una venganza que puede ser cruel. Hacer que la Administración del Estado, hoy embotellada, funcione, una cuestión de primer orden de importancia. Liquidar al Bicho una cuestión moral y de imagen que seguiremos tratando.