La actualidad política en España este pasado fin de semana ha estado marcada por el multitudinario acto de VOX en Madrid. Sin embargo, fieles a las subvenciones y ordenes del gobierno, los grandes medios de comunicación se han mantenido en silencio ante la concentración de veinte mil personas para escuchar a Santiago Abascal, presidente del tercer partido de España, Giorgia Meloni de Fratelli d’Italia, primer partido en las encuestas del país alpino, y André Ventura de Chega, tercera fuerza política de Portugal. El acto también contó con el apoyo de otros políticos que, aunque no pudieron estar presentes, mandaron mensajes de apoyo a VOX, entre ellos los “chicos malos” de la UE, los primeros ministros de Polonia y Hungría, Mateusz Morawiecki y Viktor Orbán. Pude saludar a Diogo Pacheco de Amorin, de Chega, que acompañó a André Ventura y al que entrevisté hace unos meses. El veterano político portugués me dijo que sentía envidia sana y que esperaban poder hacer lo mismo en el futuro en Lisboa. Semejante demostración de fuerza escuece, y mucho, al poder. VOX saca músculo y eso agita los sueños en Moncloa y Génova.

Todos estos discursos y muestras de apoyo están disponibles en las redes sociales de VOX, por lo que no voy a analizar lo que allí se dijo y que, sin dudarlo, firmaría sin quitar ni poner una sola coma. Pero es que Viva21 fue mucho más que una mera concentración partidaria y unos discursos políticos. VOX ha llenado el IFEMA durante dos días con una autentica feria de las regiones en la que, de norte a sur y de oeste a este, se podían visitar las delegaciones de VOX de todas las provincias de España. También se podían degustar platos típicos de las distintas regiones y también había espacio para casetas de asociaciones, editoriales, tiendas de ropa y del sindicato Solidaridad. Esa llamada a la identidad, a la diversidad de España, estuvo presente en todo el acto. La inauguración el sábado a cargo de Santiago Abascal fue precedida por un grupo de jóvenes que enarbolaban las banderas de cada provincia y las dejaron sobre el escenario. Cada provincia fue mencionada destacando alguno de los hechos más notables de su historia o a alguno de sus hijos más famosos. Antes de hablar, Santiago Abascal fue recibido con un aurresku de honor, algo que sin duda habrá sentado muy mal al Partido de los Negocios Vascos y a sus hijos descarriados.

Giorgia Meloni en Viva21

Tras la intervención de Abascal llegaron los bailes regionales, como la jota o la sardana, el sonido de las gaitas e incluso un correfuegos, algo que yo, y muchísimos de los presentes, nunca habíamos visto antes. Que todas estas tradiciones españolas fuesen representadas una detrás de otra, como parte de un todo y no como algo que sirva para dividirnos, tiene una importancia fundamental. El victimismo separatista siempre ha presentado al resto de España como una cultura uniforme que trata de ahogar las diferentes tradiciones de cada región, un discurso falso que no ha sido combatido por los distintos gobiernos que han ocupado la Moncloa. Ese desinterés ha permitido que esta mentira, que entronca muy bien con la Leyenda Negra, haya sido creída dentro y fuera de nuestras fronteras. Presentar estos bailes y tradiciones como lo que son, como la riqueza y la diversidad de nuestra patria que nos ha sido arrebatada a todos los españoles por la mentira separatista y la pasividad de nuestros gobernantes, es otro gran acierto del acto organizado por VOX.  

Además de las músicas tradicionales, el acto también contó con estilos más “modernos”. José Luis Campuzano “Sherpa”, una leyenda de nuestro rock nacional, agradeció a los músicos que le acompañaron en el escenario su valor por estar allí, porque hace falta coraje para nadar contra la corriente de lo políticamente correcto y porque expresar tus ideas, cuando no son del agrado del poder, no sale gratis. No deja de ser curioso que la llamada “cultura alternativa” o “contracultura” comparta los mismos principios que los grandes oligarcas y persiga toda opinión contraria con la amenaza de la cancelación social. También hubo actuaciones de “rap”, con letras contra el globalismo, la agenda 2030 o donde incluso se tenía la osadía de piropear a las mujeres. Cada vez son más los que alzan la voz y desde campos totalmente distintos. 

Pero hay otro motivo por lo que este acto ha sido mucho más que un simple acto político que no tiene nada que ver con, por ejemplo, el circo ambulante montado por el Partido Popular. Un auténtico aburrimiento y una maldición para sus invitados extranjeros, puesto que después de la condena de Sarkozy un día después de ser alabado en el mitin del PP, el canciller austríaco Sebastian Kurz se ha visto obligado a dimitir ayer mismo. Es una pena que no invitaran a Pedro Sánchez, al fin y al cabo comparten la misma agenda.

Lo que he visto en los millares de personas que durante estos dos días han abarrotado el IFEMA es esperanza. Cada vez son más los que quieren cambiar las cosas, los que no están dispuestos a aceptar una agenda que nos roba la libertad, que nos dice cómo tenemos que vivir, comer, pensar o relacionarnos con los demás. Nos han repetido una y mil veces que ese es el único camino a seguir, que no se puede hacer nada, pero no es cierto. Se puede pelear contra toda esta locura y hay países que son ejemplos a seguir, en donde sus gobiernos no actúan contra sus propios ciudadanos, donde se defiende a la familia y a la nación, y se trabaja por tener un futuro en vez de entregarse a la cultura de la muerte del aborto y la eutanasia. Los millares de españoles que aplaudían y ondeaban sus banderas, y que representan a muchísimos más, han regresado a sus casas llenos de orgullo y esperanza. Y la esperanza es lo que más temen los tiranos.