No habían transcurrido 24 horas y su impaciencia llegaba al límite. En España empezaba la Guerra Civil. Era el 19 de julio de 1936. La II República podía presentar su acta de defunción. Era la crónica de una muerte anunciada. Pero en España el día 19, no había ocurrido más que un levantamiento militar en África que no parecía preocupar mucho al gobierno. A su presidente, el gallego Casares Quiroga, un periodista le preguntó en Madrid aquella extraña tarde caliente: que, qué sabía de los que se habían levantado en África:

-"¡Ah...! ¿Se levantaron? -dijo sorprendido con retranca gallega-, pues si ellos se levantaron yo me voy a acostar".

Al día siguiente, dimitió. Era un golpe de estado en toda regla. Una provincia tras otra iba declarando el estado de guerra en media España. El conde Rocamora, logró, por fin convencer al aspirante:

-No, majestad, no puede entrar en territorio nacional. Vamos a esperar que nuestros amigos, no militares, desde España se unan a nosotros.

Preso por la impaciencia, Don Juan de Borbón y Battenberg, no resistía más esperas:

-"España es mía, y ya no es republicana".

El 1º de agosto, cuando toda España era una hoguera, cruzó la frontera por Navarra, acompañado de su séquito. Viajaba con nombre falso, Juan López y vestía mono azul con flechas, brazalete con la bandera española, y la boina roja, usada por los carlistas. Juan López llegó a Pamplona para después trasladarse a Vitoria. Una vez allí emprendería el camino para Burgos, con la intención de adherirse al batallón del General García Escámez.

La insólita situación del aspirante a rey de la corona de España, pronto llega a oídos del director del golpe de estado, General Mola. Inmediatamente le es ordenado a un destacamento de la Guardia Civil, localizar al grupo, con la concreta misión de poner al pretendido rey con su séquito de patitas en la misma frontera por donde había entrado.

Pronto los guardias los encontraron: estaban alojados en el parador de Aranda de Duero, y la orden fue ejecutada ipso facto. Les expulsaron por la misma frontera, fuera de España. Y con la inapelable sentencia del General Mola:

-Si vuelve a entrar en territorio nacional será fusilado. Eso sí, añade la resolución: "con todos los honores que a su elevado rango correspondan".

-Fuera de aquí parásitos, dicen que expresó el general, refiriéndose a las coronas; ya los echaron de todos los países de alrededor, y lo que cuesta sacarlos de aquí...

Mola, no era republicano, pero se le veía su gran cariño por las monarquías...

La aventura real había terminado. Pasados unos meses, el pretendiente vuelve a las andadas, esta vez, cambia las formas, y aprovecha su condición de oficial de la Marina. Se dirige por carta al General Franco, que ya es Generalísimo desde el 1º de octubre, y el 7 de diciembre del 36 le manda la misiva.

El 12 de enero del 37, Franco le contesta. Don Juan que tan pronto le había reconocido, se pone a sus órdenes, respetuosa y reiteradamente. Pretenderá en vano una vez más su empeño de ser entronizado rey de España. El Generalísimo, le escribe:

-"Si en el cambio de estado volviera un rey, tendría que venir con el carácter de pacificador, por lo que no podría contarse en el número de los vencedores"...

A los que presumiblemente iban a ganar la guerra es a los que el pretendiente a la corona, se alista, y no le quieren; los otros, aún menos...

Las diferencias con Franco empezaron a desarrollarse, a la gallega. No sabemos las discrepancias surgidas entre la diplomática solución del general Franco y la drástica de Mola; entre la puerta entreabierta, y la cerrada a cal y canto.

El tiempo transcurrió realmente sin realeza a la vista, aunque ésta no cejó en el empeño, tal que si no fuera cierto el aserto del general Cabanellas, jefe de la junta militar de defensa nacional que, aunque contra su voluntad, nombró a Franco Generalísimo el 1º de octubre. Se atusó con la mano su blanca barba, parsimonioso y dijo a los generales que presidía: "si entregan España a Franco, va a creerse que es suya y no la soltará nunca". (Lo que el General Miguel Cabanellas pagaría caro, al no olvidar nunca esta afrenta el Caudillo) Luego vendría el manifiesto de Lausana, declarando como única solución en España, la vuelta de la monarquía. Fue elaborado este manifiesto después de la conferencia de Yalta, donde se habló de la monarquía española con bastante indiferencia.

Al final ningún líder apoyó directamente la monarquía para España. La reacción de Franco fue la de iniciar una fuerte censura contra todo lo que con el supuesto rey se relacionara. Ni siquiera ABC se hizo eco del comunicado emitido en Lausana.

El exilio estaba consumado, y también la persistencia en el empeño de tomar la corona española. En abril de 1946 logra instalarse en Estoril. En Portugal está de embajador, Nicolás Franco, hermano del Generalísimo y las cosas las va a tener difíciles. Éstas cambian dos años más tarde cuando Franco se reúne con él a bordo del Azor, yate del Caudillo. Por fin don Juan de Borbón consigue entrevistarse con el jefe de Estado Español, el 25 de agosto de 1948. En ese encuentro Franco acepta que su hijo, el hoy rey emérito, Juan Carlos, (padre del actual Rey) estudie en España. Veinte años después de aquel acuerdo, don Juan Carlos I se presenta en El Pardo, y Franco lo trata de "Alteza". En 1969, Juan Carlos I es elegido por Franco como su sucesor en la jefatura del Estado.

Año y medio después de la proclamación de su hijo al trono en noviembre al morir Franco, en 1975, el que pudo haber sido Juan III y que había entrado por la frontera francesa con el nombre de Juan López, tiene que renunciar al trono.

En la Zarzuela se desarrolla la fría ceremonia de abdicación, con poca solemnidad y mucha nostalgia, aunque a los españoles aquello les parecía un cuento de Calleja.

-"Instaurada y consolidada la monarquía en la persona de mi hijo y heredero don Juan Carlos... creo llegado el momento de entregarle el legado histórico que heredé... y ofrezco a mi patria la renuncia de los derechos históricos de la monarquía española... que recibí de mi padre, el rey Alfonso XIII". Así acabó la historia del eterno candidato a rey. Así concluye este cuento que va de la realeza y que es verdad. Y así lo Cuento doblemente Real.

 

NOTA: Historia del eterno candidato a rey que nunca lo fue. Abuelo del rey actual, Felipe VI, que lo es, desde el 19 de junio de 2014, tras la abdicación de su padre, el Rey Juan Carlos I.