Diciembre de 2020. Ley de eutanasia aprobada. La Conferencia episcopal española callada. Apesebrada. Temerosa de perder el pienso del afecto que Pablo Iglesias, el Rasputín del régimen, y el narco- cura Ángel, cultivan y mantienen en un idilio permanente.

Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, guiñó su ojo y regaló su alma a las ubres del feminismo cuando en 2018 declaró que la Virgen María “se iría a la huelga del 8 de marzo”. Los obispos impusieron la carta de naturaleza de su hemiplejia farisea al secundar al gobierno socialista en la profanación del cadáver de Francisco Franco, el jefe del Estado español y Generalísimo consagrado por el Papa Pio XII como héroe invicto frente al bolchevismo anticatólico cuando fue galardonado como Caballero de la Milicia de Jesucristo.

Obispos callados, repito. El contexto para normalizar la eutanasia, ergo la muerte inducida, que será solicitada por la voluntad maleable de una paciente deprimido y no aliviado o instada por un hijo sin escrúpulos, un cuidador miserable o un médico asesino, ya ha tomado forma legal, y se ha aprobado en las fechas prenavideñas del año de la muerte y el “geriatricidio”: el infame 2020 de los más de 30.000 ancianos sedados o dejados morir en residencias de la mano del comandante “social” Pablo Iglesias que “dejó atrás” a aquellos que siempre le molestaron porque no le votaban.

España será el sexto país del mundo en crear el ambiente social y el clima cultural para erigir en derecho la muerte suministrada a inocentes indefensos, débiles y aterrorizados. Enfermos doloridos y no cuidados ni aliviados- pues desaparecerán los ya de por sí mermados cuidados paliativos-, ancianos deprimidos o discapacitados imposibilitados, podrán ser exterminados a través de un “derecho” al asesinato ofrecido por el Estado.

La ley francesa del aborto, trazada en las Logias masónicas y aprobada en 1975 bajo autoría de Simone Veil, fue el cuerpo legal que sirvió de inspiración para instaurar en España la infame “ley de salud reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo” lanzada por Rodríguez Zapatero en 2010. La utilización retorcida y eufemística del lenguaje para lograr la manipulación psicológica destinada a deglutir la aberración es una estrategia impía propia de los hijos de Satanás, de los déspotas de las leyes paridas por la masonería y de los objetivos de control poblacional sobre la raza blanca interesados por las élites.

Antes de la ley de aborto libre de 2010, España ya había tenido desde 1985 una ley de supuestos de aborto “despenalizado”, que asentada en las excepciones “aparentemente razonables” –aparentemente, pues ninguna vida inocente merece ser segada-, se convirtió en una barra libre abortista a través de la práctica masiva y fraudulenta del aborto aduciendo el riesgo para la salud psicológica y física de la embarazada, erigido en el coladero de los más de 90.000 abortos anuales como media letal anual.

La ley “restringida” de aborto de 1985 que había sido presentada como sólo para “despenalizar” casos excepcionales y como teóricamente destinada a salvar a mujeres frente a violadores o frente a riesgos para su vida o la del feto, se acabó deslizando hacia la masiva práctica abortista indisimulada, y la normalización social plena del asesinato de las vidas no natas se produjo gradualmente. De este modo, en 2010, el gobierno socialista de Zapatero pudo lanzar, sobre una sociedad ya acostumbrada al genocidio legal, la ley de “salud reproductiva” que liberalizada como derecho el aborto libre. 25 años costó naturalizar en la sociedad española el derecho a la pena de muerte contra los no natos, culminado en 2010.

El pasado 22 de diciembre, el ministerio de Sanidad ofrecía las cifras de aborto de 2019: casi 100.000. Cifra record en un lustro. El negociazo de las clínicas abortistas, mayormente privadas: la obtención de más de 42 millones de euros de beneficios además de jugosas subvenciones. Volumen de cifras de beneficio que tal vez sean, a partir de ahora, cosechadas también por los licenciados en medicina, clínicas y chiringuitos destinados a proveer la eutanasia. Los “eutanasiadores” serán “nómadas” que repartirán su profesionalidad letal en las residencias de ancianos o en los domicilios privados, y además la certificación del deceso será siempre como “muerte natural”. El Estado subvencionará con el dinero que quite a los cuidados paliativos, a los chiringuitos de exterminadores a sueldo.

Sin ni siquiera garantizar la atención médica y psicológica al dolor y la enfermedad en las unidades de cuidados paliativos en las que España brilla por su inferioridad respecto a la media europea, nuestro Estado promocionará la muerte como derecho.

El ensayo eutanásico contra los mayores e indefensos ya se ha hecho en España durante los meses de marzo y abril de 2020, cuando más de 30.000 ancianos han sido sometidos a protocolos que les impedían, si tenían 80 años, ser hospitalizados, que los encerraban en sus domicilios o los secuestraban en las residencias capitaneadas por Pablo Iglesias. La aplicación de sedantes o barbitúricos a mayores de edad y con problemas cardiacos o respiratorios mató a decenas de miles de nuestros mayores. Un ensayo mortífero que era el prólogo a lo que diez meses después sería legalizado: la eutanasia.

La masonería francesa propuso por primera vez una ley de eutanasia en 1978; lo hizo un senador francés masón, Henri Caillavet . La izquierda y la progrez liberal, mamporreros del maltusianismo y el materialismo, patrimonializan al ser humano como átomo, como engranaje productivo-consumidor y no como ser espiritual y trascendente. Pegados a los anhelos eugenésicos de David Rockefeller, de la Fundación Ford o del siniestro club de Roma, han instalado las ínfulas de reducción demográfica y poblacional tan apetitosas para los grandes magnates como para el Fondo Monetario Internacional, que viene sosteniendo desde hace décadas que los “mayores en Europa viven demasiado”. Oligarquías financieras y globalistas, prestas a matar sibilinamente.

Los esquemas del Foro de Davos y la Agenda 2030, fortines del globalismo, abogan por subordinar el “cuidado al planeta” y la extensión de la “salud reproductiva” y de la “muerte digna” (aborto y eutanasia), como guión fundamental del “desarrollo” planificado de la humanidad al que aspiran (control totalitario y gobernanza mundialista). El gobierno socialista español, laboratorio excelso del Nuevo orden mundial cumple perfectamente con el patrón ideológico impuesto, y la aprobación de la eutanasia sitúa a España,  junto a Holanda y Bélgica, como la hez europea que ya podrá eliminar a discapacitados, ancianos, enfermos crónicos e incluso menores de edad.

El obispado español, como el Papa -dedicado esta Navidad a la instalación de un Portal de Belén fálico que ataca a la sacralidad cristiana-, no han levantado la denuncia ni la voz contra el triunfo de los hijos de la mentira y de Satanás que han convertido España, antaño reserva “espiritual de Occidente” en estercolero del globalismo y de la muerte. En su última encíclica, “Tutti fratelli”, Bergoglio evitó utilizar la palabra “eutanasia”. Su texto fue una piltrafa estrafalaria considerada por “El Pais” y por los políticos de Podemos como un texto revolucionario y de “reformulación del socialismo”. Y es que los jerarcas de la Iglesia y el Papa actual son la espoleta para soliviantar la Verdad de la Doctrina tradicional católica y blanquear la ingeniería social operada por las estructuras globalistas y sus esbirros europeos.

Como católico y español siento pesar por nuestra Patria y asco por los traidores vaticanistas y bergoglianos. España es una nación consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, rescatada del barbarismo marxista en 1939 y antaño oasis de paz y fraternidad en sus familias. Sucesivos gobiernos en la democracia nos han arrebatado la mejor herencia cristiana, social e identitaria: la que nos legó la victoria del 1 de abril de 1939 sobre las fuerzas del mal, de la esclavitud y de la checa soviética que hoy se toman la revancha.