Francisco Oya lleva tres décadas luchando sin cuartel frente al supremacismo separatista en las aulas. Concretamente contra la imposición del catalán en la escuela pública y el adoctrinamiento nacionalista. En esta entrevista nos habla de la asociación que preside, Profesores por el Bilingüismo, y de las listas negras de la Generalidad con los profesores que imparten clases en español.

¿Cómo nace la Asociación de Profesores por el Bilingüismo en Barcelona y con qué fines?

La Asociación de Profesores por el Bilingüismo nació el año 1994, cuando un grupo de profesores de centros públicos de Barcelona se cansa de esperar a que los partidos políticos o los sindicatos del sector hagan algo eficaz para defender los derechos de los docentes. La presión por parte de la Generalitat para imponer una “enseñanza catalana en lengua y contenidos” era constante y continuaba in crescendo, sin ninguna oposición. Lo cual nos parecía aberrante desde cualquier punto de vista.

En primer lugar, porque violaba el derecho constitucional a usar la lengua española que tiene cualquier ciudadano. Y perjudicaba a los profesores de lengua materna española, que no podían expresarse con la misma soltura en catalán y eran postergados profesionalmente por ello. Pero los mayores perjudicados eran los alumnos castellanohablantes de los sectores sociales más desfavorecidos, a los que se empujaba impunemente a una absoluta falta de identificación con su escuela y, en definitiva, al fracaso escolar.

El adoctrinamiento catalanista a través de los contenidos de los manuales, especialmente los de Ciencias Sociales y Lengua, era ya perfectamente detectable esos años, si bien no con el absoluto descaro de la actualidad, e iba creando un sordo malestar en los centros.

Nos dábamos cuenta de que ambas realidades (imposición del catalán y adoctrinamiento) iban creando progresivamente una brecha entre la escuela catalana y la del resto de España, obstaculizando la libre circulación de los ciudadanos por todo el territorio nacional y socavando insidiosamente la conciencia de unidad nacional de los españoles. Y entendimos que nuestro objetivo debía ser oponernos frontalmente a esta infame política educativa, promoviendo como alternativa una enseñanza bilingüe (de ahí el nombre de nuestra asociación) en la que se impartiera una Historia científica y objetiva, que fomentara la cohesión nacional y el afecto entre todos los españoles.

Al principio no especificamos lo que entendíamos exactamente por bilingüismo, pues nos parecía que diversas opciones podrían ser aceptables si existía buena voluntad. Por ejemplo, un sistema que, partiendo de la lengua materna del alumno (catalán o español), fuera incorporando paulatinamente materias en la otra lengua cooficial hasta llegar, en las últimas etapas, a un bilingüismo equilibrado. O bien dos redes paralelas independientes, una en catalán y otra en español, con peso importante de la enseñanza de la otra lengua cooficial y absoluta libertad de elección para los padres. En cualquier caso, rechazo absoluto del monolingüismo catalán obligatorio.

Con bastante ingenuidad, creímos que sería posible convencer a los partidos políticos nacionales del momento (PSC-PSOE y PP) de la bondad de nuestros fines, así como movilizar a un número importante de profesionales de la enseñanza en Cataluña. Lamentablemente, nuestro éxito en este sentido ha sido limitado hasta el momento.

¿Cuáles son los principales logros que han conseguido en estos años?

Hemos conseguido visibilizar a un sector -minoritario si se quiere, pero insobornable- de profesores catalanes inasequibles al desaliento, en guerra permanente contra la perversa instrumentalización de la escuela por parte del separatismo.

También hemos destapado, por encima de océanos de propaganda, la realidad del adoctrinamiento escolar en Cataluña (fuimos los primeros en utilizar ese término). Hoy día sólo desde el cinismo más absoluto puede negarse esa realidad.

Hemos dialogado e informado de primera mano a las autoridades educativas, de diverso signo político, que han querido escucharnos acerca de lo que sucede realmente en los colegios públicos de Cataluña. Más que nada para que no puedan aducir ignorancia en el futuro, no porque esperemos gran cosa de las fuerzas políticas que han gobernado en España y en Cataluña desde la Transición.

¿Cuáles son los principales frentes que tienen abiertos en la actualidad?

Buscamos la colaboración con los sindicatos que no están copados por el separatismo. Que no son muchos en Cataluña: de hecho, nos sobran dedos de una mano para contarlos. ANPE y CSIF tienen mucha fuerza en el sector educativo del conjunto de España pero su representación en Cataluña es residual, precisamente porque no han querido convertirse en un servil apéndice sindical del separatismo, como hicieron los mal llamados sindicatos de clase (CC.OO y UGT). Pero tampoco han sido capaces de elaborar una estrategia que les permita crecer en Cataluña apoyándose en el profesorado no separatista (un 40 % del total, aproximadamente) y sortear la hostilidad de la Generalitat. AMES, liderado por Antonio Jimeno, hace una grandísima labor a nivel de análisis y crítica, pero no tiene medios para realizar el trabajo sucio sindical (presencia en los centros, defensa ante la administración, protección jurídica …). En cuanto al nuevo sindicato Solidaridad, aún no hemos tenido contacto directo con ellos, pero da la impresión de que no disponen todavía de ninguna estructura en el sector de enseñanza. Es fundamental que exista un sindicalismo fuerte y combativo, con alta representación, capaz de parar las represalias contra los profesores catalanes que se resisten a convertirse en meros instrumentos de adoctrinamiento y exclusión lingüística de sus alumnos. Y no debe limitarse a una mera defensa de los afectados, sino que debe contraatacar eficazmente, a nivel judicial, para que los directores e inspectores separatistas deban responder ante los tribunales por sus actitudes de acoso laboral, falsedad documental y prevaricación, delitos habituales y que suelen quedar sistemáticamente impunes. En fin, que en el terreno sindical hay muchísimo trabajo por hacer.

Por otra parte, como grupo independiente de la sociedad civil de Cataluña -sin un duro de subvención por parte de la Generalidad, huelga señalar- estamos interesados en efectuar un marcaje a las propuestas programáticas y actitudes prácticas de las formaciones políticas constitucionalistas. Pues demasiado a menudo dichos partidos tienen una actitud incoherente y suelen dejar en la estacada a los ciudadanos catalanes respetuosos de la ley en base a cálculos políticos de corto alcance. En definitiva, utilizan al electorado constitucionalista que les vota como moneda de cambio para alcanzar y/o ejercer el poder con tranquilidad. Creemos que el electorado catalán constitucionalista tiene el derecho y la obligación de castigar en las urnas estas tomaduras de pelo. Y ello por encima de cualquier diferencia ideológica. Nosotros vamos a contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a desvelar la posición real de cada partido ante el electorado para que no existan votos cautivos, sino votos informados y libres. Nos parece una cuestión elemental de higiene democrática y la única posibilidad de que los intereses reales de los ciudadanos sean defendidos en las instituciones. Para ello, será indispensable prescindir de cualquier tipo de a priori ideológico y votar en función de la defensa real que los partidos hacen de los intereses generales. Si la izquierda continuara su tradición originaria de radical defensa de la igualdad de los ciudadanos en una entidad nacional superadora de cualquier privilegio social o territorial, nos complacerá y así lo señalaremos. Si, por el contrario, insiste en las actuales propuestas de complicidad y subordinación a las oligarquías supremacistas regionales, tampoco tendremos empacho en denunciarlo. Y lo mismo en lo que se refiere a la derecha política, caiga quien caiga. Pues aquí no se trata de ideología sino de la defensa real de los ciudadanos y del progreso de la sociedad. Como dijo en su momento Deng Xiao Ping, artífice del impresionante despegue experimentado por China en nuestro tiempo: “Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

¿Cómo ha sido el proceso del arrinconamiento del castellano y la imposición del catalán en las aulas?

Yo empecé a dar clase en un instituto público en 1984, por lo cual he podido ver la evolución completa del proceso a lo largo de los años. Al principio, aunque había un número muy significativo de profesores que utilizaban el catalán en sus clases, la mayoría lo hacíamos en español. También la mayoría de manuales escolares estaban en español.

Poco a poco se nos fue insistiendo en la necesidad de que nos “normalizáramos”, es decir, que todos los profesores realizáramos los cursos que nos acreditaban para poder dar la clase en catalán. También empezó a proponerse, por parte de los Equipos Directivos y en sintonía con la normativa, unos porcentajes mínimos de clases en catalán, los cuales fueron creciendo paulatinamente.

Simultáneamente, cada vez era más habitual que los manuales y los materiales escolares se editaran en catalán. Cada vez resultaba más difícil en el mercado catalán encontrar libros de texto en castellano, hasta que llegó un momento en que fue imposible.

Y lo que empezó siendo un ofrecimiento amable, supeditado en última instancia al criterio del profesor, respetando teóricamente su libertad de cátedra, se convirtió de modo acelerado en una imposición en toda regla. Como anécdota personal, en un centro donde di clase en los años 90 teníamos una muy completa y costosa colección de mapas murales, históricos y geográficos, en lengua española. Pues bien, de la noche a la mañana toda la colección se tiró a la basura con el propósito de sustituirla por otra con los mapas en catalán.

Por otra parte, los profesores separatistas cada vez actuaban con más prepotencia y chulería en los claustros, con el respaldo de los equipos directivos, produciéndose en ocasiones polémicas desagradables. El resto de profesores se fue retrayendo y cediendo el terreno poco a poco. En algunos casos pidieron traslado fuera de Cataluña, descontentos con la evolución que tomaban las cosas.

Y así hasta llegar a los años en que se fue cociendo el Prusés, en los cuales impartir la clase en lengua española, oficial y mayoritaria en la sociedad catalana, se ha convertido en un auténtico desafío al poder político regional.

Aunque no lo prohíben oficialmente, en la práctica el profesor que da las clases en castellano es severamente represaliado...

En estos momentos, cualquier profesor que se empeñe en dar sus clases en lengua española en un centro público catalán corre un serio riesgo de que le abran un expediente absolutamente arbitrario. En dicho expediente, por lo general, nunca se hará alusión de que da las clases en castellano, sino que le harán un cúmulo de acusaciones bastante estandarizado. Así, dicho profesor resultará que tiene una ideología ultraderechista, machista y xenófoba (todo a la vez), sin especificar ningún hecho o afirmación concretos en que sustentar esas calificaciones; insulta a sus alumnos, llega tarde a clase y no cumple con sus obligaciones profesionales. Da igual que el profesor sea un funcionario con más de 20 años de experiencia docente a plena satisfacción. Estas acusaciones, de las que no se aportará ninguna prueba razonable, se reiterarán por escrito de modo machacón. Se intentará que algún alumno de bachillerato o segundo ciclo, con simpatías separatistas, firme quejas contra el profesor. Se contactará con padres de ideología separatista (que suelen ser muy activos en las AMPAS) para que firmen también quejas en la misma línea. Y, finalmente, se impondrá al profesor discrepante una sanción draconiana, con muchos meses de suspensión de empleo y sueldo.

Hay que decir que dar la clase en catalán tampoco resulta ningún salvoconducto infalible, ni mucho menos. Más grave aún, si cabe, que impartir clase en lengua española se considera, por parte de los elementos más talibanes de la administración, que un profesor de Historia, en el libre ejercicio de su libertad de cátedra, haga una valoración crítica de algunos aspectos del catalanismo político. Por ejemplo, su innegable xenofobia. O bien la rebelión de 1934 o la deslealtad hacia el Gobierno de la IIª República durante toda la Guerra Civil. Incluso comentarios informales inocentes sobre la belleza de las ciudades andaluzas o expresar simpatías por el Real Madrid o el RCD Español pueden poner en marcha idéntico proceso.

Algo que quieren imponer igualmente en la Universidad...

Sin duda. Aunque la libertad de cátedra es un derecho de cualquier docente, en la enseñanza preuniversitaria se ha dejado convertir en papel mojado. Pero en la Universidad, dejando de lado el hostigamiento por parte de algunos alumnos separatistas, los profesores estaban a salvo de represalias por parte de la administración, hasta ahora. Pero en los últimos tiempos se han producido hechos, reflejados puntualmente en los medios, que indican el levantamiento de la veda del profesor universitario en Cataluña. Me refiero, por un lado, a la elaboración de listas negras, por parte de la Generalidad, con los profesores que imparten la clase en español. Y, por otro, a que se permitan insultos supremacistas a catedráticos constitucionalistas en un claustro universitario, con la aprobación tácita del rector.

Se vulnera la libertad de cátedra y los derechos más elementales...

Efectivamente, es una situación increíble que no se había producido nunca, ni siquiera durante el franquismo. Y lo que resulta sorprendente es que, durante el último periodo franquista, la escuela y la universidad eran reductos incontestables de la oposición al régimen, mientras que ahora los son del fanatismo separatista promovido por el régimen actual de Cataluña. Era habitual en los años 70 el libre uso del catalán por muchos profesores, tanto en la escuela pública como en la universidad, mientras que ahora se persigue el uso del español de modo inaudito. Es fundamental que los profesores, en todos los niveles de la enseñanza, recuperen su papel tradicional como abanderados de la libertad, la libre discusión y los derechos individuales. Lo cual, en la presente situación, es una conquista, no se consigue sin esfuerzo.

Desde hace años los diferentes gobiernos de España miran hacia otro lado...

Lamentablemente, el Gobierno de la Nación ha hecho dejación de sus responsabilidades en Cataluña desde la época de la extinta UCD. Han permitido que, en la práctica, la autonomía catalana funcione como un Estado y en contra de la mitad de sus ciudadanos. El tema tiene solución, pero es imprescindible un Gobierno enérgico que tome el toro por los cuernos y recupere competencias que nunca debieron cederse, especialmente la Educación. Con los partidos que se han repartido el Gobierno de España durante los últimos 40 años va a ser complicado resolver el embrollo. Por eso es imprescindible que la sociedad civil española se movilice y que se promuevan alternativas políticas, a izquierda y a derecha, capaces de desatascar la situación.

Importancia de seguir haciendo frente a estas imposiciones y no dejarse avasallar...

Es fundamental resistir, nos jugamos la negra posibilidad de que pueda cerrarse sobre nosotros un régimen totalitario, incluso que esta situación desemboque en un enfrentamiento civil cruento y abierto. Pero hay que hacerlo con la indispensable prudencia, a nadie se le puede exigir una vocación de kamikace.

Algunos sindicatos, como CSIF, disponen de un seguro contra sanciones a profesores que puede librar de las consecuencias económicas de los expedientes arbitrarios a que antes aludíamos. Pero aquí, insisto, no hay que limitarse a verlas venir, sino exigir responsabilidades al comisariado político de los centros -directores, inspectores y miembros del AMPA- para evitar que su comportamiento delictivo les salga gratis.