Hace tres años publiqué (22 del 9 de 2018) en el “Diario Córdoba, recién llegado don Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno, este artículo que hoy reproduzco porque al ver hoy la foto de los indultados con el huido Puigdemont en Waterloo me he dado cuenta que no andaba descaminado y que don Pedro es mucho más “Tahúr” que lo fuera Adolfo Suarez y que lo haya sido nadie en este país antes que él. Decía entonces que don Pedro estaba dispuesto a entregar todo lo que le pidan, incluida la Corona, la Constitución, Cataluña y hasta el acueducto de Segovia con tal de seguir en la Moncloa. Es lo que hay, es lo que nos merecemos. Lean.

Se sabía que iba a llegar y ya ha llegado. Porque aunque el presidente del Gobierno, señor Sánchez, lo haya presentado tímidamente como una «reforma exprés», lo que está detrás es que quieren cambiar la Constitución del 78, o sea, cargársela y hacer otra nueva. Está claro que a los nacionalistas, a los independentistas, a los de las izquierdas (socialistas, comunistas y demás «istas»), a los republicanos y a los jóvenes sin futuro les estorba esta Constitución... Y como saben que Pedro Sánchez es el hermano mayor del «tahúr del Mississipi» (Súarez, según Alfonso Guerra) está dispuesto a vender su alma (como el Fausto de Goethe) con tal de seguir en la Moncloa creen que ha llegado la hora y harán todo lo posible («a cualquier precio el Poder jamás es caro», según Séneca) por modificarla, cambiarla o sustituirla. Los unos porque quieren introducir el referéndum de autodeterminación, los otros porque quieren un referéndum Monarquía-República, y otros por la Educación, por la Sanidad, por las autonomías, por la cuestión religiosa, por las Fuerzas de Seguridad, por los impuestos, por las relaciones con la Iglesia, por la violencia de género y por cien cosas más. Está claro: la Constitución de 1978 ha muerto, para ellos está muerta.

De ahí que no sorprenda lo que ya ha llegado a mis oídos, que un grupo de diputados actuales llevan días reuniéndose para estudiar cómo introducir en el «melón» cuando se abra las tres ambiciones que, según ellos, ya está demandando la calle. Son estas:

  • Referéndum ¿Monarquía o República? Sí, los españoles quieren ya que sean las urnas las que digan si España debe ser una Monarquía o una República... y ya no se conforman con que se les diga que eso se decidió cuando se aprobó la Constitución de 1978, porque entonces supieron esconder la Monarquía tras la Democracia. Si se votaba a favor de la Democracia se votaba «sí» al Rey y si se votaba «no» hubieran seguido las Leyes Fundamentales de Franco. La elección, pues, no tuvo color. Y así coló la Monarquía, aunque para muchos Don Juan Carlos siguió siendo (y Don Felipe también) el «Rey de Franco» Ahora --se dice ya en la calle-- ha llegado la hora de hacer ese referéndum: ¿Monarquía o República?
  • Referéndum sobre las autonomías. ¿Quién le preguntó a los españoles en 1978 si querían que hubiese, además del Gobierno central,17 gobiernos y 17 parlamentos? ¿Quién les alertó de que la economía española no podría resistir el gas- to en personal que eso supone y más en un país de familias, amigos y «trepas»? Ahora sí quieren opinar. Naturalmente, las cosas han llegado a un punto que ya no se puede dar marcha atrás, pero sí se podría «repristinar» incluyendo pa- ra las urnas dos papeletas: A) Autonomías como están. B) Autonomías sin Parlamentos.
  • Referéndum de autodeterminación. Sí, un referéndum a nivel nacional para que sean los españoles los que aprueben o nieguen el derecho a declararse independientes. Aunque antes habría que hacer una gran campaña para que los ciudadanos con derecho a voto sepan realmente lo que es la autodeterminación a la hora de votar. Pero, ojo, si es afirmativo lo sería para todas las regiones o autonomías actuales y si es negativo lo mismo. Aquí deben terminarse de una vez por todas los «hechos diferenciales».

Bueno, pues a ver quién es el guapo que se atreve. Pues, mientras esto no suceda seguiremos hablando del gran huido y sus desvaríos. Salvo que se llame Pedro Sánchez y sea presidente del Gobierno. Porque si aquel Rey de Shakespeare pidió «mi Reino por un caballo» antes de morir el señor Sánchez es capaz (y no hay más que ver lo que lleva hecho desde su «moción de censura» hasta hoy) de entregar todo  lo que le pidan, incluida la Corona, Roma y las bombas esas que sólo matan a los que quiera el Dictador... Y si hay que pedir ayuda a Venezuela se pide. Que ya lo dice el diccionario de la Real Academia: «Tahúr es una persona que es muy experta jugando a las cartas, los dados, etc., y lo hace con frecuencia, especialmente para apostar y ganar dinero sirviéndose de su habilidad o recurriendo al engaño y las trampas».