La abstención de Vox en la votación sobre el Decreto ley para la llegada de los Fondos europeos de reconstrucción a España ha levantado la polémica, y está siendo utilizada por el PP para tratar de aplastar al partido de Santiago Abascal devolviéndole el golpe: “derechita cobarde”.

Sin embargo Vox ha acertado de lleno en la estrategia. Los de Abascal pretenden revelar su proyecto como el de una alternativa social patriota, superadora de la dicotomía desgastada, infernal y grotesca de derechas e izquierdas. Su planteamiento, de perfilar una identidad nueva y regeneradora de la política, que rebase al electoralismo zafio del PP y C´s y la egolatría de los separatistas, es inteligente. Por ello le interesa ponerse en el foco mediático, copar las portadas de periódicos, y hacerlo para hacer llegar a muchos de los humildes, desheredados y destrozados por la crisis que el suyo sí es, verdaderamente, un partido social y obrerista. Por ello se ha abstenido en la votación de los Fondos europeos.

Seamos realistas. La llegada de los Fondos europeos iba a ser aprobada con o sin Vox: hubiera tardado el trámite uno, dos o tres meses. Pero se habrían aprobado. Mediando para ello los pactismo de cloaca y los cambalaches entre PP, Ciudadanos y los separatistas, que habrían logrado llevar el debate a su terreno y regalar a las 17 Taifas el dinero y por tanto, el máximo poder corrompedor, clientelar y enchufístico que es el que se cuece en las autonomías. Quién ahora ha llevado el debate a su terreno ha sido Vox con su inesperada abstención, y de paso ha quitado a las Taifas de PP PSOE y separatistas el mendrugo que ya se estaban repartiendo.

De este modo, cuando el citado Decreto se tramite como proyecto de ley y se planteen enmiendas, Vox tendrá ocasión no sólo de imponer en el hemiciclo sus tesis de debate a favor de empresarios y obreros sino que además podrá rebatir con mayor interés mediático los temas que el absurdo consenso progre no se atreve a tocar al estar sometido a Bilderberg, a la ONU y a George Soros: la oposición a las élites apátridas que como el Parlamento europeo, el FMI o el Foro de Davos con su Agenda 2030, pretenden decir a los Estados y a los pueblos en QUÉ y CÓMO deben gastar el dinero de ayuda ante la más terrible crisis tras la II Guerra mundial.

Que el Parlamento europeo ya haya prefijado el destino de estos Fondos de rescate a utilizar por parte de los Estados y que puedan emplearse para la “transición ecológica”, la inmigración ilegal o los programas de género, es algo que el Partido popular europeo y los Liberales donde se integra Ciudadanos ya decidieron, poniéndose al servicio del globalismo y sus obsesiones ideológicas.

Lo que las élites pretendían era ralentizar el debate de los Fondos en los parlamentos nacionales como el español para evitar la discusión sobre la imposición globalista inherente a ese dinero. Con su abstención inteligente, Vox logrará poner sobre el tapete las mentiras de populares, ciudadanitas y socialistas, arrimar el ascua a su sardina y perfilar su personalidad propia como partido que debe distanciarse del PP y Ciudadanos y marcar una singladura particular en consonancia con fuerzas como Agrupación Nacional de Le Pen, Fidesz de Orban o Ley y Justicia en Polonia. Todos ellos son partidos con un leal sentido de justicia social que HAN ROBADO a la izquierda la patente de los obreros y humildes.

En esa tesitura, la de copar el espacio obrero en la que era hegemónica la izquierda, se mueve Vox. Los electoralistas de vuelo corto y previsible, los de la vieja política, los de los periódicos comprados con 112 millones de euros, pensarán que Vox se pega un tiro en el pie. Su engreimiento estúpido, pegado a los señoritos del IBEX y anidado en el Comité directivo de Bilderberg que unció a Pablo Casado e Inés Arrimadas, cree que Vox se estrella y para ello lanzan su artillería mediática identificando a Vox con Bildu. Pero se equivocan, y quiénes se pegan el tiro son ellos.

Vox quiere apartarse de las élites políticas y financieras como de la peste, poner el foco mediático en torno a sí mismo, y ganar en las instituciones y en la calle el debate al marxismo cultural metiéndose en el bolsillo a los obreros que no entienden de macroeconomía, algoritmos o sondeos electorales y que lo que quieren son verdades a la cara y rasgos políticos de autenticidad en sus líderes.

Lo dicho: jugada maestra de Vox con su abstención. El camino al social patriotismo no sólo se está forjando sino que tiene a un justo y merecido representante que está luciendo habilidad, liderazgo y honradez.