Se está viviendo una época de un materialismo desenfrenado, tanto que parece que el hombre, desde hace bastante tiempo, se ha olvidado de todo lo sobrenatural. Es algo que sufrimos y soportamos diariamente viendo a la “ciudadanía”, a lo que siempre y con orgullo se ha llamado españoles, inhibirse de las cosas de Dios y defender el absurdo relativismo, y así, curiosamente, los embebidos en la política desdeñan el credo religioso y creen, a pies juntillas, los dogmas que promulga la democracia. 

    Es algo insólito, pero se puede entender con facilidad que alguien no crea en la existencia de Dios.  Lo que no se entiende tanto, es la razón por la que, ese alguien, no puede entender que otra persona sí crea en Dios. La conducta comienza a ser reprochable e incluso patológica, cuando ese alguien del que hablamos, no puede soportar que, además de creer en Dios, las personas que nos llamamos católicas, vayamos a Misa, practiquemos virtudes, llevemos a nuestros hijos a colegios católicos, que celebremos la Semana Santa con devoción, que recemos… y todas las demás cosas que acostumbramos a hacer u omitir los católicos.

    No soportar lo sobrenatural, conlleva a no respetarlo. Y es precisamente en este punto en el que los católicos nos encontramos a merced, no de la mayoría más uno, sino de ese “uno” que siempre está detrás de la mayoría.

    Ese “uno” o “poder sin rostro” que desde la sombra está creando los instrumentos de aniquilación de la Civilización Cristiana, en una guerra a muerte contra Cristo y su Iglesia Católica, en primer lugar y, en segundo, contra todo cuanto haya estado y esté al servicio de Jesucristo y su Obra, como es el caso de España y la Hispanidad.

    Efectivamente, a España la está desmemoriando, es suficiente con abrir los ojos para ver cómo, consumados  ciertos protocolos, se logró aniquilar el alma y ser de España, su Unidad Católica, su idiosincrasia católica e hispana;   sin embargo,  sus raíces siguen vivas y la presencia de ese catolicismo está aún arraigado y vigente en muchos católicos españoles que sobreviven dentro de la Iglesia, a pesar de que el “oculto masonismo” haya  cambiado lo sobrenatural, al Señor y Dios de nuestros padres, por cosas y objetos que deberían estar encerrados con siete llaves, como el sepulcro del Cid, en el cofre de una crisis provocada.

     El odio a Dios es tan patente, que, hasta el propio presidente del Gobierno, en un arrebato de vanagloria y ante las cámaras de TV se ha declaró ateo y coincidente con la izquierda de la II República, en que ambos quieren eliminar el componente fundamental de nuestra civilización occidental, que no es otro que el cristianismo. De ahí el furor ideológico de los ayuntamientos de izquierdas que de forma constante están provocando episodios desconcertantes de eliminación de los símbolos cristianos, concretamente cruces, con la excusa del antifranquismo. La última cruz fue desmontada y arrojada a un vertedero en la provincia de Córdoba ante la mirada turbada de los ciudadanos. Se trata de monumentos instalados al final de la guerra civil y que se han convertido en símbolos de devoción y memoria. Desde hace años, la izquierda desmantela y destruye los símbolos religiosos. Y también el primer ministro Sánchez promete batalla en contra de la cruz que perpetúa “el recuerdo del odio”.

     Amparándose en la ley de Memoria Histórica, con la que se pretende eliminar todo “vestigio” del franquismo, como si no hubiera existido, los partidos de la izquierda en España han eliminado ya varias cruces, y parece que lo seguirán haciendo. Su “gran logro” sería acabar con la Cruz del Valle de los Caídos, de 150 metros de altura. Así, los senadores del Grupo Izquierda Confederal, formado por varios partidos, presentaron el año pasado una proposición no de ley para llevarlo a cabo.

     Que yo recuerde, en los últimos tiempos, además de la Cruz eliminada en Aguilar de la Frontera (Córdoba), se han destruido la Cruz de la Muela (Orihuela), la San Carles de la Rápida (Tarragona), Cuevas de Becerro (Málaga), Callosa del Segura (Alicante), en La Vall d’Uxó (Castellón),la de Cáceres y El Casar (Cáceres) y San Vicente de Montalt (Barcelona), amén de haber intentado, tras vandalizarla la Cruz con grafitis, eliminar la del Parque de Ribalta en Castellón. En la actualidad continúa la “cruzfobia” y en Baracaldo, el “religioso” PNV quiere quitar una cruz erigida en memoria de 16 religiosos mártires de la Cruzada de Liberación Nacional, y también se quiere retirar la Cruz de los caídos de Peñaflor (Sevilla) que estás siendo defendidas por Abogados Cristianos.

      He de resaltar, aunque sea brevemente, ya que en otro artículo lo desarrolle con mayor profundidad y claridad, que ese odio de los ateos es, hoy día, una gran prueba de la existencia de Dios, porque solamente puede odiarse lo que existe.  

    Ahora bien, a pesar de todo ello y por mucho que ese alguien se empeñe, las palabras de Cristo siguen vigentes y siendo verdad: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo” (Mateo, 28,20).    

    Digo que continúa siendo verdad, porque los enemigos de Cristo han hecho su mejor esfuerzo para destruir su Iglesia, pero la Iglesia ha sobrevivido e incluso floreció durante muchos años de terribles persecuciones habidas durante la época del Imperio Romano; la Iglesia ha sobrevivido a las invasiones bárbaras; la Iglesia ha sobrevivido ola tras ola de yihadismos; la Iglesia ha sobrevivido a las corrientes iluministas, la Iglesia ha sobrevivido la era de la revolución francesa; la Iglesia ha sobrevivido al Nacismo y al Comunismo; la Iglesia sobrevivirá al odio del lobby de los maricones, a la malicia de los medios de comunicación y la maldad embustera de políticos y memez de su parafernalia, Sí, la Iglesia sobrevivirá a la industria del aborto y al convenio de la Eutanasia. La Iglesia sobrevivirá a la corrupción reinante y a la absoluta incompetencia de nuestro gobierno e incluso al desprecio calculado de muchos políticos hijos o no de la viuda. La Iglesia sobrevivirá al humo de Satanás que sigue asfixiándola dentro de Ella.

    Que Dios tenga misericordia especialmente de las almas de aquellos que fingen ser católicos y traicionan a Jesucristo, votando y promoviendo voluntariamente el mal intrínseco desde dentro y fuera de la Iglesia.

    Como católicos, debemos amar a nuestros enemigos y rezar por quienes nos persiguen, pero como también como católicos debemos defender lo que creemos, y estar dispuestos y preparados para defender nuestra fe.

    La benevolencia no es pasividad, y si bien el rechazo de la violencia implica repudiar la acción violenta del que recibe el golpe en la mejilla, invitándolo a poner la otra, no significa también rechazar la violencia del que da el golpe.

    Jesús nunca pretendió inculcar en el corazón de los hombres la pasividad y la resignación humillante ante las injusticias, porque es equivocado invocar el pacifismo para defender los atropellos entre la dignidad humana o para justificar la pasividad que impide la defensa y desarrollo de nuestra fe.

    Los días en que vivimos, requieren de heroísmo católico, no un catolicismo ocasional. No podemos continuar siendo católicos por accidente, sino católicos por convicción. En las circunstancias de la España de hoy, los creyentes no podemos permanecer neutrales.  En nuestras familias, en nuestras parroquias, donde vivimos y trabajamos como aquella primera generación apostólica, debemos ser testigos valientes de la Realeza de Jesucristo. Tenemos que ser un ejército valiente de hombres católicos dispuestos a dar todo lo que tenemos para el Señor, que lo dio todo por nuestra salvación.

   No podemos seguir viviendo de los recuerdos de la historia pasada, ni de las efemérides haber vencido a los gobiernos que han tratado de forzarnos, a nosotros los católicos, para amontonarnos y escondernos dentro de los límites de las sacristías, como a los primeros discípulos encerrados en el Cenáculo. Sepamos y seamos conscientes de que, hoy y ahora, nuestros 

    Recordemos que, que los españoles no somos insensibles. No somos tibios, sino que somos Pilar de María y Cruz de Santiago. Montes de Pelayo y tizona del Cid. Semper fideles y testigos de esperanza. Católicos y non plus ultra.

     Tampoco hay que olvidar que España es madre de naciones. Llanto de Boabdil. Cuna de santos. Evangelizadora de pueblos. Luz de Trento. Espada de Roma. Martirio de herejes. Gloria y sostén de la Iglesia. Sangre de mártires. Manto de caídos. Fecunda de santos y misioneros. Baluarte inexpugnable. Celosa de nuestra raza. Laboriosa, ingente y valerosa. Constancia en el amor y núcleo de lealtad.

      Ni tampoco desconocer que nuestros enemigos, que son los mismos de Dios, podrán ganar esas batallas, pero ante el Tribunal impresionante de Dios, saben de ante mano, que la guerra la tienen perdida. La Iglesia sobrevivirá.

       Sin embargo, en cuanto a la situación actual de España, me atrevo a preguntar: ¿Es cierta o vana la preocupación, que sentimos muchos españoles, por el infesto derrotero con el que se está llevando a nuestra Patria a una agónica desaparición?

       A pesar de la pasividad y apatía de una parte de nuestra sociedad, para mí y otros muchos compatriotas la preocupación está latente y persistente en nuestra españolía inquebrantable. Y Pese a todo, no podemos seguir viviendo de los recuerdos de la historia pasada, ni de las efemérides victoriosas de antaño, porque hoy y ahora, el gobierno socialcomunista de turno, lleno de odio, rencor y revancha, trata de aniquilar nuestra Patria. Esa es la realidad. Quiera o no ser vivida.

        De poco sirve, pensarán algunos, que en la situación actual que sufre España, el que haya sido tierra de místicos y de católica grandeza. Fortaleza de fe, sociedad de esperanza. Alma de altos destinos, reserva espiritual del mundo. Capitana de grandezas y autora de imposibles. Cuando hoy España está plena de apostatas amancebados con el materialismo, pendientes de la cuesta corriente y de la bragueta.

        Si es verdad, pero esos mismos que nos están recordando que España ha dejado de ser católica, se olvidan de que España es por antonomasia la tierra de María Santísima, porque no hay un solo momento de su historia, ni un palmo de su suelo que no esté cincelado con su nombre: el dulce nombre de María.

    España es de la Virgen María, porque el Dios de los ejércitos se la ha dado a su Madre eternamente, y eso no lo van a cambiar ni los socialistas ni comunistas que tenemos en el poder, ni los gobernadores de las tinieblas del siglo, ni los descerebrados manipuladores de la confusión, ni los oportunistas viciados de codicia, ni los librepensadores apátridas errantes y sin nación. Ni los mismos gustos espirituales de maldad, envidia y malquerencia, porque a despecho de los enemigos nos revestiremos de toda armadura de Dios para defender a nuestra Patria de las huestes espirituales de maldad y al grito de ¿quién como Dios? Y en el corazón con una voluntad firme de que viva España católica y unida, para que nadie ose desamortizar nuestra catolicidad porque España es católica o no es.

     María es nuestra estrella de la mañana y bajo ella hemos de comenzar nuestra comunicación diaria, estrella que es motivo de alegría, de gozo y de esperanza. María si es la estrella radiante, el puerto seguro y el faro de luz, que alumbra la vida de quienes comenzamos los días ofreciendo por Ella nuestra actividad a la Santísima Trinidad, suplicando a su piedad gracia para desde ahora servir a la gran Señora que fue elegida toda pura entre toda criatura para ser corredentora.

     Durante todo el mes de agosto, debemos venerar la Asunción de Nuestra Señora, cuya fiesta celebramos hoy, 15 de agosto, siendo por todos como la Virgen de Agosto.

    Y a su sombra, bajo su mirada maternal y misericordiosa, estando seguros y confiados en las palabras de Cristo de que a Iglesia sobrevivirá, nos sintamos arropados con la protección de su manto, atreviéndonos a pedirla por la supervivencia de España: 

Madre, míranos en la confusión permanente que sufre nuestra Patria.

Madre, despiértanos de nuestra pasividad y letargo en esta noche de sueño inacabado.

Madre, háblanos para que el sonido de tu voz afiance nuestro despertar.

Madre, óyenos, que nuestra plegaria no sea de lamento, sino de júbilo esperanzador.

Madre, sálvanos de los mil peligros que acechan a nuestra España.

Madre, socórrenos, y estaremos seguros de tu auxilio.

Madre, protégenos de nuestros enemigos, que son los tuyos.

Madre, llénanos de esperanza, de amor y de fe para llegar a buen fin.

Madre, guíanos, incluso en las sombras, para encontrar el camino de salvar a España.

Madre, enciéndenos el rescoldo de amor patrio eclipsado por la democracia.

Madre, enséñanos a amar, cada día, más a España.

Madre, visítanos en esta agonía de España para que su ser exulte de gozo.

Madre, llévanos a tu lado felices y cantando nuestro himno nacional.

Madre, acógenos para que nuestras almas gocen satisfechas de tu protección.

Madre, danos fuerzas para salvar a España.

Madre, que España vuelva a ser portadora de valores eternos.

Por los siglos de los siglos, amén.