Ha pasado desapercibido el espectacular ascenso en Portugal del partido Chega, que en las elecciones presidenciales celebradas hace una semana obtuvo la tercera posición. Fundado en 2019, Chega ha incorporado a Portugal a la corriente europea de rebelión contra los tradicionales partidos de derechas e izquierdas y el régimen del consenso capitalismo-socialdemocracia. Chega está en contra de los pilares de la agenda mundialista,  inmigración masiva o ideología de género y reivindica la Europa de las Naciones frente a las nuevas oligarquías transnacionales. La soberanía e identidad nacional ocupan una posición preeminente en su programa. Considera a la Nación como “marco de referencia para la acción humana”… Una nación entendida como una comunidad de sangre, tierra, bienes y destino, y que reúne a hombres que, entre sí, tienen vínculos históricos, culturales y lingüísticos. Pero una Nación abierta al mundo, a la competencia y al futuro, nunca una nación temerosa encerrada en sí misma”. Reivindica los valores de la civilización europea y sus raíces cristianas, contrario al aborto, eutanasia y eugenesia. 

Arremete contra el intrusismo agobiante del Estado y la carga confiscatoria de los impuestos que durante los últimos 45 años han servido para mantener a una oligarquía como élite dominante en Portugal. “Una máquina de asalto ciudadano, un ciudadano unidimensional porque solo se lo ve como un “contribuyente”. En el estado al que hemos llegado, la recaudación de impuestos es un robo. Robo, simple y llanamente. Por tanto, CHEGA coloca el desmantelamiento reforzado de la estructura policial subyacente al Tesoro como prioridad absoluta del partido. Será una reforma que no dejará piedra sin remover en el sistema tributario, que impone una carga absolutamente desproporcionada a todos los que trabajan y generan riqueza”.

Los actuales regímenes políticos en Europa se han desvinculado de las clases medias y los trabajadores, generando el descontento contra unas élites políticas económicas y culturales  que responden a las demandas populares con discursos sobre el empoderamiento de la mujer, marchas por el orgullo gay, alarmas climáticas, trato de favor al islamismo o fronteras abiertas y ayudas a los inmigrantes, mientras son incapaces de solventar los verdaderos problemas de los trabajadores, que sufren más paro, y de las clases medias, que ven como disminuye su poder adquisitivo  a la vez que aumentan sus cargas tributarias y obligaciones burocráticas. 

No es de extrañar que con la nefasta gestión de la crisis del COVID-19 el pueblo busque alternativas. Marine Le Pen acudió a Lisboa a apoyar a Ventura en la campaña de las recientes presidenciales. Y aunque Portugal ha sido el último país de Europa en el que ha triunfado la alternativa patriótica, lo ha hecho con notable éxito. Los resultados electorales dieron la victoria indiscutible a Marcelo Rebelo de Sousa, hijo de Baltazar Rebelo de Sousa, antiguo gobernador de Mozambique y ministro salazarista, perteneciente al Partido Social Demócrata, de corte liberal, que obtuvo el 60.7 % de los sufragios. La candidata socialista Ana Gomes empató con el candidato de Chega, André Ventura, con el 12,9 y el 11,9 % respectivamente de los apoyos electorales. La ultraizquierda del Bloque de Izquierda (BE) y Partido Comunista Portugués  se hundió, cosechando apenas el 7 % de los votos.

 

El éxito de André Ventura tiene especial significación por lo que representa de rebelión contra los viejos mastodontes de la política europea y de la resistencia que contra la globalización ya se extiende  a todos los rincones de Europa.  El candidato de Chega ha triunfado a pesar de haber sufrido el boicot violento de la ultraizquierda y los antifas, que han llegado a apedrearle en Setubal. Pero especialmente, de nuevo un candidato patriota ha dejado en evidencia a los medios de comunicación de la oligarquía, que unánimemente han hecho campaña en su contra. “Eu prefiro os portugueses de bem”, decía uno de los slogans electorales de Ventura, nosotros también.