La fiesta terminó: ¿y ahora qué? Nos pidieron nuestro voto y hemos facilitado la presidencia de la Comunidad de Madrid. Ahora la señora Ayuso puede cumplir sus promesas y contribuir a recuperar en la realidad cotidiana nuestra ilusión perdida.

Pero, ¿qué es lo que nos inquieta a los madrileños? La palabra clave es: honradez, sin perder de vista que nuestros políticos puedan equivocarse y que la toma de decisiones implica el riesgo de la comisión de errores. Por eso la buena gestión de la cosa pública necesita de luz y taquígrafos.

Aquí viene a cuento aquella sentencia del abad del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla, cuanto el monarca del Reino de Nájera quiso imponer su autoridad por encima de cualquier otra consideración y le espetó a Don García esta inteligente frase: “Señor, sabed que, como hombre, sois como nosotros, y como rey, por nosotros y para nosotros”.

A los ciudadanos nos quita el sueño la corrupción generalizada que impera en la política local, autonómica y nacional, a causa de la descarada falta de respeto de muchos políticos por las reglas del juego. Así que, nos gustaría mucho encontrar responsables públicos que ponga freno a tanto abuso. ¿Sería posible testar a todas las entidades públicas para conocer sus irregularidades y actuar en consecuencia con una auditoría profunda? Si tienen valor para afrontar con decisión una actuación semejante, estamos seguros que, hasta el presidente Biden, vendría a Madrid a presentar sus respetos a la presidenta.

Nos preocupa la falta de confianza de los ciudadanos en las instituciones, la dimensión desmesurada de cargos públicos y de asesores muy bien pagados, siempre con cargo a la pólvora del rey, es decir, de esta sufrida población de “paganos” que lleva décadas sufragando con su peculio los platos rotos de muchos gobernantes, incapaces y amorales, que despilfarran los caudales públicos que juraron defender. Menos asesores y mejor remuneración y exigencia de responsabilidad para los funcionarios y altos funcionarios públicos. La formación de la mayoría de los funcionarios es muy elevada y bien dotada para abordar una eficaz simplificación de los procedimientos administrativos. Tarea que nadie ha acometido todavía.

Nos “fruñe” (vocablo del román paladino, sinónimo de fastidiar, por no utilizar otro más popular), por ejemplo, que los políticos hayan cobrado sueldos, dietas y gastos de desplazamiento durante la pandemia, sin haber dado un palo al agua. Y muchas cosas más que podríamos ir desgranando en estas páginas con más detalle.

Deseamos conocer las medidas que se vayan a tomar para combatir la corrupción de una vez por todas, con decisión y firmeza, a fin de erradicar esta lacra de la vida pública, caiga quien caiga, sin mirar el color político de los corruptos y con la obligación de devolver lo sustraído. Seguro que existen procedimientos que justifiquen auditorías más profundas, como acción previa a cualquier actuación judicial. Y que se cumpla la Ley.

Y el que la haga, que lo paque

La sociedad española está pidiendo a gritos a sus administradores públicos garantías de honradez: sólo pedimos gestores honrados. Y todo esto nada tiene que ver con las ideas políticas. Nuestros gobernantes deben asegurar la bona fides de los poderes que se les otorgan, garantizar oposiciones libres y justas, sin montajes chapuceros, y sin asignaciones a dedo. Los mejores técnicos y mejor preparados están ya en la Administración.

Señora presidenta, ya le hemos otorgado el voto y nuestra confianza, no nos defraude y recupere para nosotros lo que nos robaron de ilusión y esperanza. Lo demás son cuentos chinos. No se a usted, pero a mi me fruñen los que tienen explicación para todo y se caen siempre de pie.