Algunos lectores recordarán el caso del multimillonario y traficante sexual de menores Jeffrey Epstein. Una fortuna de oscuros orígenes, relaciones con lo más alto de las élites americanas, colaboración con militares y servicios de inteligencia de Israel. También un gusto por las chicas muy jóvenes y casi niñas, para sí mismo y también para otros con dinero y poder. Las primeras acusaciones de delitos sexuales en 2005 por las que fue condenado, pero de manera extremadamente benévola. Llevaba con su compañera Ghislaine Maxwell (hace poco detenida y todavía viva, no sabemos por cuánto) una red de prostitución de menores, parece que grabando los encuentros con personas de alto nivel.

Nunca sabremos quién aparece en esas grabaciones ni quién las tiene (además del Mossad evidentemente) pero probablemente era sólo cuestión de tiempo que este personaje se quemara en un juego tan peligroso. Murió suicidado en agosto de 2019, poco después de ser detenido por una segunda ronda de acusaciones, resultado de una investigación que amenazaba con destapar demasiadas cosas.

Con toda probabilidad, se trata sólo de la punta de un enorme iceberg de chantaje sexual a políticos de todos los niveles. Personalmente estoy convencido que una parte importante del poder de los lobbies viene de aquí; no hay sólo poder financiero, mediático y demás, sino también poder de este tipo, derivado directamente del chantaje. No es que se pueda chantajear a todos evidentemente: uno como Berlusconi es bastante invulnerable a esto en particular, pues su carrera política sobrevivió a fiestas con putas, relaciones con menores de edad y más cosillas. Pero Berlusconi fue un caso excepcional e Italia es un país algo particular.

Incluso un vídeo de lo más inocente, con la amante o con prostitutas, puede ser suficiente, en general, para troncar una carrera política; más aún si son de temática homosexual, con prácticas extrañas o con menores y no digamos con niños. Naturalmente una figura pública tomará todas las precauciones para garantizar la discreción, al contrario de esos estúpidos que lo graban todo con el móvil y lo comparten. Sin embargo, puesto que también creo que hay personas y grupos dedicados a “cazar” este tipo de vídeos que tienen un enorme valor como arma política, estoy bastante seguro de que, para una parte muy consistente de la clase dirigente, estos vídeos existen y son utilizados como argumento de persuasión, cuando otros no son suficientes.

Creo que sólo así se puede explicar el enorme poder de los lobbies y las manos fuertes en la sombra. Cuanto más aparentemente democrático es un sistema, más el poder real reside en figuras y organizaciones que no vemos, pero hacen sentir su mano de hierro sobre los representantes de la voluntad popular. Y no sólo el lobby israelita como me parece sugerir el caso de Jeffrey Epstein con el que he comenzado. También los lobbies del género estropeado: feminista, LGTB, ideología de género.

¿No es extraño que las aberrantes, injustas, liberticidas leyes feministas y LGTB, la basura de la ideología de género impuesta a todos los niveles, encuentren tan poca resistencia? ¿Qué todo ello sea votado y aprobado prácticamente por unanimidad, con porcentajes que se ven sólo en los regímenes totalitarios?

En mi opinión no son una explicación suficiente la presión social, mediática, económica; el lavado de cerebro, la cobardía intelectual y moral, la propaganda, el interés personal y de carrera, etcétera. Todo esto existe, evidentemente. Pero además de todo ello tiene que haber detrás un chantaje sexual a muchos de los que, llegado el caso, tienen que votar las leyes y las políticas a seguir.

Tómelo el lector como una hipótesis inquietante de trabajo. Para mí es una convicción que se hace más firme cuanto más observo cómo van las cosas.