Se dice, se habla, se comenta, que a los de Galapagar les han «obligado a interrumpir» sus vacaciones. Quizá nadie les haya explicado a ellos cuánto han fastidiado a la ciudadanía.

En una entrevista reciente, Irene Montero dijo: «No solemos salir porque Pablo es muy conocido». Ella tampoco se queda corta; es bien conocida también y la razón debe de ser bastante similar: cae mal. ¿Por qué la feminista Montero le echa la culpa al hombre de la casa en lugar de asumir sus propias responsabilidades? ¿Les suena la actitud?

Si han tenido que interrumpir sus vacaciones por caerle mal a la gente, la mayoría de esa gente ni siquiera ha podido emprenderlas este año. ¿Cómo es que dos comunistas se permiten el lujo de vivir a lo grande, tener tres hijos e ir de vacaciones con ellos? Tres, no uno ni dos, tres, algo fuera del alcance de la mayoría de españoles hoy en día.

¿Alguien se cree que hayan sufrido escrache alguno en Asturias? Al parecer, ningún escolta lo ha confirmado. ¿Huele a estrategia? ¿Qué pretenden, dar pena? Si van de víctimas, han de saber que según una de las Leyes Universales, la víctima atrae al verdugo; es decir, si intentan ganarse la simpatía del populacho a costa de su «desgracia», la jugada puede salirles muy mal, a pesar de las palabras de Iglesias: «No va conmigo el victimismo», ha afirmado. ¿Quién lo diría? Pues no ha dudado en utilizar a sus hijos para ello: «No hay derecho a que mis hijos tengan sufrir las consecuencias del compromiso y las tareas políticas de sus padres…». Tampoco hay derecho a que los hijos de otros se hayan quedado sin vacaciones porque sus padres hayan perdido el trabajo.

Y como no le va lo de ir de víctima, se ha considerado «víctima del fascismo». Una nueva contradicción. Estará nervioso… ya saben… caso Dina, caja B de Podemos. Se avecinan tiempos revueltos para los comunistas de Galapagar.

Se van de vacaciones con escolta… como la mayoría de los ciudadanos. ¡Así se vive, comunistas!

Montero afirmó al respecto del supuesto escrache: «Se lleva mal, porque no están ahí para hacer una reivindicación política, están ahí para insultarnos, para molestar a nuestros hijos. No es una manifestación contra el Gobierno o el Ministerio de Igualdad, no. Vienen a intentar ocupar nuestro espacio de intimidad como nuestra casa, vienen para que nos sintamos incómodos. Es una situación anómala en una democracia».

Habla de «nuestros hijos»; es decir, los suyos sí son suyos pero los nuestros no son nuestros. ¿Cómo se explica eso? Debería mantener una charla con Celaá, a ver si se ponen de acuerdo en algo.

Y sigue: «vienen a intentar ocupar nuestro espacio de intimidad como nuestra casa…». ¡Claro! Es mejor que okupen las casas de los demás, y es que cuando toca en las propias carnes sufrir aquello que se predica contra el resto, duele.

Tanto «experto» como dicen que hay en el Gobierno, y ninguno parece asesorar bien a estos personajes tan dañinos.

Por supuesto, la culpa de todos sus males, la tiene la ultraderecha. ¿Qué sería de ellos de no existir? ¿A quién culparían de sus meteduras de pata? Mientras tanto, aún quedan trabajadores sin cobrar la totalidad de los Ertes, o sanitarios sin recibir un pequeño plus por las horas extras realizadas durante la pandemia, negocios que cierran para siempre ante la insoportable situación económica, autónomos endeudados durante años, cifras astronómicas de desempleo, aumento de la pobreza y de las filas del hambre en España... Un sinfín de consecuencias de la mala gestión de este Gobierno social-comunista que se queja de no poder disfrutar de sus vacaciones. ¡Cuánta coherencia!

Recordemos una de las frases más míticas de George Orwell: «Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír». Está claro que a algunos de nuestros dirigentes les incomoda oír la opinión del pueblo, y dudo que sea solo la de aquellos que califican de ultraderechistas, acaso un término insultante, aunque no para quien pretende naturalizar el insulto.

¿Se habrán preguntado Montero e Iglesias por qué son los personajes menos queridos del Gobierno? Si pensaran en ello, quizá renunciarían a tratar de implementar leyes absurdas y radicales con las que gente de todos los partidos políticos está o estará en desacuerdo tarde o temprano.

Si condenan al pueblo, el pueblo les condenará.