La historia es la vida de la humanidad bajo el dominio de unos hombres sobre otros. Son muchos los pensadores, los filósofos que dedicaron su trabajo a intentar entender y definir la existencia humana y su comportamiento. La historia de la vida sólo se ha construido mal o bien, bajo la fuerza del poder; por la fuerza de las armas. Nunca bajo la utopía, aunque ésta pueda tener largo precio o servir de guía en manos de buenos administradores. Nada, o muy poco se puede conseguir según la evidencia, de otra manera; tanto lo que se ha construido como destruido ha sido con el poder; con mucho trabajo, dolor y lágrimas, para construirlo y con mucha facilidad y mala voluntad, para derribarlo. Por eso los constructores son los que con aciertos o errores, han hecho el mundo como está. Normalmente a su imagen y semejanza, es de suponer. Los destructores no saben hacer otra cosa que predicar utopías estúpidas que no van a ninguna parte, salvo a pegarle fuego a las cosas que es su fin; y el resto de los hombres, que son la inmensa mayoría.... ¿Se encogen de hombros? Porque hay tres tipos de hombres, los que construyen, los que destruyen, y el resto, que ni fu, ni fa, y que son esa inmensa mayoría, que es la que suele ganar las elecciones, a donde las haya. No opinan mucho, pero se dejan llevar bastante, y la fuerza del número, se manifiesta.

El éxito tanto en la historia como en la vida, radica en que los que mandan, sean los mejores, en que los que te dirigen cada día, sepan perdonarte la vida cada mañana, es decir que acompañándoles la suerte, naveguen entre la humildad, esa virtud patrimonio de los sabios, y la prepotencia de la soberbia, que es el primer pecado capital. Pues si el orgullo es el origen de todo pecado, está antes, pero en cantidades ínfimas, que al sumar pueden desarrollarse hasta la soberbia. A nivel social, no es semejante que a nivel individual, porque la sociedad es un gran conjunto de individuos, con la excepción que el mismo individuo no es igual ni se comporta individualmente, que en grupo o en masa. La masa es un conjunto de orgullos individuales que van sumando y echando leña al fuego. Si el dominio del mundo nace del poder de las masas, no es igual, por tanto que el poder individual, éste querrá lo mejor pero, puede ser un tirano o un hombre bueno, más fácil lo primero, porque se conocen pocos casos que un santo haya llegado al poder temporal, al poder mundano, en el tiempo del mundo. Y estos poderes sobre la tierra son muy diversos, no es igual ni se parece en nada, Corea del Norte, a Estados Unidos. El sistema político los hace diferentes. No es igual una dictadura comunista, criminal, como son por naturaleza estas dictaduras, que una democracia por mal que funcione. La bandera de la libertad las define. Estados Unidos es un imperio que como el romano se puede caer, pero seguro que lo que no se van a caer son las dictaduras comunistas. Y también puede cambiar la moda de las democracias, y demostrarse que el pueblo no sabe elegir a los mejores.

Platón creía que la democracia es una de las peores formas de gobierno. Eso es lo que el filósofo de Atenas, cuna de la democracia, alegó hace más de 2.400 años en el Libro VI de la "República", uno de los textos más influyentes, sobre la justicia, la naturaleza humana, la virtud, la educación, y sobre el gobierno y la política. Platón para dirigir el gobierno del pueblo que es la democracia, sabía bien que no vale cualquiera; quería filósofos escogidos por su incorruptibilidad y por tener un conocimiento de la realidad más profundo que el común de la gente; era la aristocracia, el gobierno de los mejores, adonde la criba se haría más fina con el liderazgo de los que se encargarían de dirigir la República, de modo que pudieran tomar las decisiones más sabias para la sociedad.

Así, cada cual puede regresar desde las altas cumbre de la idea, o la teoría,  hasta la prosaica realidad del agujero en el que va viviendo y muriendo. Y se preguntará en definitiva: ¿Qué es la vida?; eso es la gran pregunta que cualquiera puede hacerse ante su desconocimiento. Es una sombra, una ficción, etc., que nos habla Calderón, cuya metáfora de la realidad no puede ser más acertada. La vida siempre la han definido los poetas, los vates, los artistas, los sabios de la idea y los santos, siervos de Dios, que han vivido en la humildad de la pobreza, en el hueco de un árbol, cuando no se lo han cortado y han muerto de hambre. El poder es del más prepotente, que puede ser el más corrupto, el que no se morirá de hambre y que con acierto o sin él, construye el mundo. O lo destruye que es mucho más fácil. Este mundo será el productor de su soberbia, o de su virtud, o de su locura. O de su estupidez, esa enfermedad social aceptada, nunca puesta en entredicho, y que es el conjunto de todas las maldades; la que sufrimos actualmente y perdonamos como si fuera algo normal. Así la democracia se va cambiando por una dictadura. Pero de las peores. ¡Ahí estamos!