Cuando se quiere decir algo y no se sabe el qué, es que se quiere expresar a alguien agradecimiento y se ignora cómo. Esta es mi sensación sincera tras repasar todos los acuses de recibos que los amigos me enviaron a mis escritos. Mi gratitud para con ellos y la vida, es algo que no sabría expresar, porque ésta, sin ellos, no hubiera sido así, si no menos vida.

Envío mis trabajos, que publico a dos centenas de amigos, conocidos, y allegados. Recibo respuesta de medio centenar, más o menos. Esto es un éxito rotundo, a donde nadie lee nada, donde nadie escucha, porque no oye, común vicio de los españoles. Adonde la mayoría vive de una rara manera que ni Dios entiende, y son los menos los que ven utilidad en estas cosas. Cuanto te dan un premio, aunque sea simbólico, en nuestra España, te lo puedes creer que te lo merecías, porque lo normal es que no te den ni la hora. Aquí nadie regala nada, excepto algún gesto puntual de un amigo, que sabe que prestas este servicio gratuito, sin remuneración alguna, y encima has de poner dinero: todo sea por la Patria. También diré que ese cuarto de mis destinatarios que acusan recibo, son lectores más o menos, interesados por alguna faceta intelectual de la vida, la historia o la literatura. De estos pocos que oyen, escuchan y contestan hay opiniones variadas, algunas simpáticas. Otras que me parecen acertadísimas. Creo que nadie se ha molestado en contestar una tontería.

Recuerdo cuánto me ha ayudado a vivir la literatura, y cuanto ayuda a todos los que nos gusta pensar. Esa literatura universal que comporta todas las dimensiones y temas divinos y humanos. Creo que esa es mi línea estética, y cuanto hago es fundamentalmente existencialista, humanístico. O al menos esa es mi dirección de estudio analítico de la humanidad, en la que no soy más que un humilde aprendiz de la multitud de información que ofrece la vida. Decir lo que uno quiere, no es tarea fácil, con lo que volveríamos al principio de estas líneas. Tratar con las personas es mucho más difícil que hacerlo con los animales. Queda en entredicho la complejidad del ser humano, adaptándose a las circunstancias para poder vivir, o ir tirando, sin ninguna transformación de calado. Esto sería la mejor muestra de un anterior trabajo, (Publicado antes de empezar en El Correo de España) hecho entre el cabreo y el humor para salir del paso en esta tierra chapucera, con motivo de mi intervención quirúrgica, y titulado: "Prostatectomía radical robótica", y donde se espuma meridianamente la falta de previsión y humanidad que envuelve a la sociedad, en este caso la médica, y de la que me vi afectado y fui objeto.

Mis escritos en El Correo..., son distintos a los nombrados que pertenecen al tiempo anterior. En El Correo se lleva la palma la crítica política, género que antes no había tocado. Así arranca con una experiencia vivida en Vallecas, y que se titula "Abrir la puerta del infierno. Feudo rojo de Vallecas", publicado en este medio el (12 de abril 2021) Mi primer artículo en El Correo... Como casi me matan las pedradas de Vallecas, y las veía violentas cruzar ante mis ojos, esperando de un momento a otro un impacto fatal sobre mi cabeza, me introdujeron en una nueva dimensión y continué por esa senda de la crítica política, al hilo de la actualidad, aunque algunos amigos se extrañan del cambio temático. Esa es la razón. (Ya va un centenar de artículos en este medio, principalmente del nuevo género) No podemos pisar la calle, pero paradójicamente, Pedro Sánchez, tampoco, como se vio hoy día 30 en la plaza de Salamanca, adonde no pudo ser más abucheado. (Eso sí, no fue apedreado) El marketing personal no le funciona ante el pueblo. Y como es un producto del marketing, sin otra consistencia que su ambición personal de perpetuarse en el poder, su futuro es tan negro como el que imparte para nuestra economía, nuestra salud ante la pandemia, nuestro desencanto en todos los órdenes, adonde está en crisis hasta la amistad. El porvenir bajo tal personaje es mejor no imaginarlo. La reunión de Salamanca con los presidentes de las comunidades autónomas, carecía de plan: de orden del día, y de toda información, a donde se ignoraba de qué se iban a hablar. Tampoco se decía que no se iba a hablar de nada; solo era para chupar cámara el presidente del Gobierno y ser aplaudido como así fue. Al no haber planificación pues nada se hizo o acordó, ni sirvió a fin alguno;  solo para hacer una viaje de placer y tomar unas copas entre amigos, a nuestra salud, qué risa, digo, a cuenta de nuestros bolsillos y ¡Viva la Pepa! La traición anida donde menos lo piensas. España es un país de amiguetes.