La vil naturaleza de los frentepopulistas se ha cebado y se ceba especialmente con Madrid y con lo que ésta significa, tal vez porque siempre se les ha resistido o negado. Y es precisamente esta resistencia frente a la barbarie la que ha convertido a su región en la más próspera y desarrollada de España.

 

El hecho de que las izquierdas resentidas estén contra el verdadero progreso, del mismo modo que contra la excelencia, es la causa de su odio. El progreso socialcomunista es ruina, y como busca la ruina por doquier no ha dejado de confabularse para hacer la vida imposible a Madrid y a los madrileños. Odio y despecho por no dejarse dominar.

 

Aprovechándose en la actualidad de la manipulada pandemia, vienen ahondando en su objetivo de desnaturalizarnos y esclavizarnos, encargándose de provocar un desorden inaceptable. Contra su estrategia es obligado alzar un espíritu crítico y responsable, y un grito de libertad. Bajo la tramposa bandera de socializar el progreso, y cuidar el aspecto sanitario, han suministrado el caos y la muerte material y anímica, porque sus intereses no tienen nada que ver con los de la solidaridad, la caridad ni la justicia.

 

Los madrileños -los españoles- no pueden aceptar el nepotismo de estos carceleros y victimarios, de estas nuevas generaciones de oportunistas que tratan al ciudadano como algo despreciable y pueril, y que persisten en convertirlo en una masa gregaria, mediante unas consignas y doctrinas disolutas, introducidas en el tejido social con perversa metodología.

 

Es obvio que los templos de la libertad se han profanado y los distintos parlamentos de la casta se han trocado en un festín de buitres. En un templo de perversión donde sacerdotes y sacerdotisas de leyes aberráticas no paran de reclamar democracia e igualdad a grandes gritos, mientras en realidad lo único que persiguen es ocultar bajo palabras de virtud su codicia de tiranos, su amenaza de matarifes.

 

En general, durante la transición, en el seno de la partidocracia nunca ha existido la buena fe, sino que han prevalecido sus intereses personales y partidistas. En ella todo ha sido hostilidad hacia la Razón y la Ley. Manteniéndose en apariencia sumisos a ambas, la plutocracia y sus esbirros han venido condicionando sus objetivos al asentamiento de la propaganda sectaria y al apego a la poltrona, algo que, a la vista de sus reacciones, creen haber ya conseguido.

 

De ahí que ahora, con arrogancia de felones, mediante tretas maquiavélicas, se dediquen a agredir tanto a la Razón como a la Ley, representadas por VOX. Y de ahí, así mismo, su resistencia a perder Madrid, todo un símbolo, sin la cual su proyecto hispanicida sufriría un grave traspié. Porque su verdadera confesión no es precisamente la fidelidad, sino su entrega al Sistema y a su ambición personal.

 

Tanto los señores financieros trasnacionales, como los nuevos bolcheviques no van a cejar en sus ardides e intoxicaciones para mantener el rumbo previsto. Y perder Madrid constituiría, como digo, un intranquilizador tropiezo. Por desgracia, cuentan con el apoyo de millones de españoles: una tropa de subsidiados, una recua de almas de derribo que se sienten a gusto en su papel de lacayos a sueldo del marxismo, del Nuevo Orden Esclavista.

 

Estamos viendo cómo la hispanofobia de los malvados atiza su miserable llama de rencor; cómo los fanáticos ponen el puñal en las manos de unas hordas cuyo socorro reclaman siempre en circunstancias como esta. Sólo ellos, pensando en sus privilegios particulares, recurren a la brutalidad. Y ponen en marcha una estrategia tan vieja como el mundo: la de fingir que reciben la injuria para así poderla practicar.

 

Odio y furia, tal es la naturaleza de estos bárbaros; sus odios desgarran la sociedad y desencadenan sobre ella el tropel de las furias. Porque en su mente enferma, cuando saben que no van a ganar, el mejor destino de las urnas es el de estar rotas. Y tratarán de romperlas de uno u otro modo; antes o después del día 4 de mayo. Su aspiración se basa en el derribo de la verdad y de la excelencia. Y su recurso es siempre la vesania y el desorden.

 

De ahí que no podamos cejar en la denuncia a su terror, en el desvelo de sus falacias o de su agitprop, ese imperialismo informativo subvencionado con el dinero de todos. Porque con nuestros impuestos están comprando a los sicarios y a las bombas, a los periodistas y a los periódicos que se dejan comprar. Pues sólo así, comprando conciencias y silenciando a los disidentes, pueden lograr sus fines.

 

Ni con estos poderes globalistas, ni con sus instrumentos gobernantes es posible la paz. Por eso, políticamente hablando, a sus oponentes no les queda otra opción que herir o recibir el golpe. La vida de ellos es la muerte de la libertad, es decir, de España. Algo que los madrileños -los españoles- tienen ocasión de evitar, el próximo día 4, de la mano de VOX, que, aparte de ser su único compañero de viaje fiable, es la única opción temida por el socialcomunismo y por sus socios y cómplices; por estos depredadores del pueblo cuyo corolario es el hambre, la miseria, la esclavitud y la muerte.