Sánchez ve con preocupación la situación de Cataluña, no tanto porque se pueda romper España sino porque se tambalee su sillón en la Moncloa. Sin presupuestos el gobierno irá tirando hasta un límite. Y por otro lado tiene a Podemos al acecho, esperando cualquier fallo para ganar rédito político.

Las elecciones anticipadas en la región rebelde catalana preocupan mucho a Sánchez. Desde que el pasado lunes, con la inhabilitación de Quim Torra, se comenzara a hablar del posible adelanto, las alarmas se encendieron en la sede de la Presidencia del Gobierno de España por el riesgo que puede suponer para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado al verse ERC atrapada en unas elecciones que dirimirán la hegemonía política en Cataluña.

El nerviosismo provocó que ayer, tras el Consejo de Ministros y de forma unilateral, la ministra portavoz, María Jesús Montero, anunciase que la reunión entre Pedro Sánchez y Torra sería el próximo jueves día 6 en Barcelona. Se trataba de un gesto hacia ERC para no poner en peligro las primeras cuentas públicas de Sánchez desde su llegada a La Moncloa.

El Gobierno pisará ahora el acelerador para tramitar, cuanto antes, las cuentas en el Congreso y activar el espacio de diálogo con sus socios de ERC. El objetivo pasa por alejar la tramitación de los Presupuestos lo máximo posible de los comicios en Cataluña y, paralelamente, activar la mesa entre Gobiernos y dar aire a ERC para que pueda justificar su apoyo a las cuentas públicas cuando se voten en el Congreso.