El regimiento Azov es una de las unidades más controvertidas de la guerra de Ucrania. Respetado y admirado por sus compatriotas, es el eje del mal para Rusia y el objetivo principal de su propaganda. En esta entrevista para Jay Beecher, Kyiv Post, el coronel Giorgi Kufarashvili, cofundador de Azov, aborda algunas de las acusaciones dirigidas al batallón que él ayudó a crear y ofrece su impactante relato de primera mano sobre la batalla de Mariupol. Podéis ver la entrevista completa en este enlace.

¿Podría decirme su nombre y explicar su trasfondo y trabajo?

Me llamo Giorgi Kufarashvili y provengo de las fuerzas armadas de Georgia. Llevo en Ucrania desde 2014 en la lucha contra las fuerzas rusas y desde junio de ese año empecé con mi equipo a entrenar y a dirigir lo que entonces era un batallón, el batallón Azov. Después empezamos el trabajo de crear los batallones del regimiento. Fue un trabajo largo y muy duro.

El grupo que ayudó a crear cuenta, indiscutiblemente, con algunos de los luchadores más valientes que ha visto Ucrania frente a la invasión rusa. ¿Cómo tuvo la oportunidad de fundar este batallón? ¿Cómo fueron los primeros días de Azov?

En 2014 se hablaba del batallón Azov, pero en realidad era una unidad de 150 hombres. En su gran mayoría aficionados de los equipos de futbol, hooligans, que se reunieron en torno a Andriy Biletsky, fundador del movimiento Azov. Había un gran inconveniente, cómo entrenar a estos chicos jóvenes para convertirlos en soldados, en luchadores. Tenían voluntad, pero carecían de un trasfondo militar. Así que mi equipo y yo empezamos a apoyar a Andriy, y aportar ideas para lograr ese objetivo. Al principio, y esta no era una buena idea pero es que no teníamos otra opción, entrenábamos al mismo tiempo que luchábamos. Fue muy difícil, pero después, en 2015, nos planteamos la idea de ser la base de un futuro ejército ucraniano y para eso tienes que ser un ejemplo, porque se lidera siendo un ejemplo. Para lograrlo nos centramos en que la instrucción fuese lo más prioritario y uno de los primeros pasos fue crear una escuela de líderes militares. Entrenamos a los comandantes del regimiento, desde el pelotón hasta los demás niveles de la unidad. Un entrenamiento de tres meses siguiendo el modelo OTAN. Descartamos el modelo de entrenamiento soviético o postsoviético porque mental y tecnológicamente está en el pasado, así que propusimos un nuevo método. Todos los instructores habían sido formados en el mundo occidental y el modelo funcionó. Después nos centramos en los suboficiales, la espina dorsal de la unidad, y creamos cursos para ellos que también tuvieron éxito y lo han tenido a lo largo de estos ocho años.

Nuestro éxito no se basa sólo en la instrucción, sino en la necesidad de motivar al combatiente. Para motivar a sus hombres, el regimiento, el movimiento Azov, tiene su idea nacional. Una idea nacional a la que han denominado de muchas formas, pero que estaba centrada en Ucrania y en su unidad. Esta idea sirvió para motivar a una generación idealista, pero por supuesto tuvimos un montón de problemas con el gobierno y distintos sectores de la administración. Sin embargo, teníamos un propósito, un objetivo, y empezamos a trabajar en esa dirección.

¿Quería preguntarle su opinión sobre la propaganda en Occidente, e incluso Putin lo ha dicho abiertamente, que dice que Azov es neonazi?

De hecho, fue una de las razones para la “desnazificación” de Ucrania.

Sí, todos son nazis. Pero ¿hay algún elemento o ha habido algún elemento dentro de Azov que contenga nazismo o racismo?

Vayamos al principio. Desde el primer momento el regimiento Azov fue una de las unidades más efectivas y mejor entrenadas de Ucrania. La mayoría de sus miembros eran nacionalistas, nacionalistas ucranianos. No hay nada malo en eso, no es nazi ni racista. Es una idea nacional, como mencione antes, una idea nacional centrada en Ucrania. El símbolo que llevábamos cuando éramos un batallón, que es el que llevamos hoy ligeramente modificado, fue utilizado por la propaganda rusa. En cualquier país, no importa el que sea, cuando la nación tiene un problema, toda la nación se reúne en torno a los nacionalistas y a la idea nacional. Por supuesto, después de la guerra la idea nacional permanece y el movimiento se reduce, pero el núcleo son los nacionalistas que mueven a la nación contra el enemigo. Así que Rusia empezó con todas estas especulaciones sobre neonazis, primero con el símbolo.

Se parecía al de las SS.

Pero son las dos letras que simbolizan la idea nacional, la “I” y la “N”.

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Giorgi Kufarashvili.

El problema es que en Occidente no se dice esto.

Sí, el problema es que esto no se ha explicado para acabar con todas las especulaciones. Azov es un regimiento, no es un ejército privado. Es un regimiento dentro de la Guardia Nacional del Ministerio de Interior de Ucrania, es una unidad regular.

Tiene que seguir las directrices de la Guardia Nacional.

Así es, porque somos militares. El problema es que todos estos años y ante toda esta propaganda el gobierno tendría que haber reaccionado. El Ministerio de Interior, o el mando de la Guardia Nacional, tendría que haber acabado con estas especulaciones, pero nunca se hizo. No recuerdo ninguna reacción. El Estado se mantuvo en silencio y la propaganda rusa funcionó bien. Cuando esa propaganda nos ha tachado de neonazis, nos hemos visto obligados a defendernos, pero ese es un trabajo del gobierno.

¿Qué está haciendo Azov para mejorar esa imagen? ¿Tiene Azov personas trabajando en ese campo?

Primero vayamos a lo que se dice, eso del racismo ario y toda esa basura. Entonces, yo, que soy georgiano no podría estar ahí, ni ningún otro extranjero.

Y no defenderían a un presidente judío.

Sí, es una locura. No niego que alguien pueda llevar esos símbolos. Ya en el principio, en 2014, decidimos que eso no representaba al regimiento. Había gente con tatuajes, claro, pero es que antes de convertirse en una unidad oficial estaba formada por voluntarios. Desde que formamos parte de la Guardia Nacional eso se acabó.

¿El problema es quizás que los medios occidentales se han centrado en una pequeña minoría y luego Rusia ha dicho que esto representa a la mayoría?

Exactamente. Era aceptable para algunas personas en el lado ucraniano no decir nada porque veían a Azov como un peligro, ya que éramos una nueva generación que estaba en contra de la corrupción, contra todo lo que estaba pasando en el Estado y demandábamos reformas. Así, para algunos representantes de la vieja generación era aceptable llamarnos “el hombre del saco”, “racistas”, “nacionalistas” o “nazis”, pero cuando se presentaban los hechos no había nada. Y cómo decías antes, sí, la unidad debe estar abierta y siempre estamos dispuestos a recibir a la prensa. No obstante, tuvimos una experiencia con los medios, les invitamos y publicaron historias inventadas porque tenían la orden de sacar esas historias.

Azov recibió la atención internacional por su valor en Mariupol. Usted estuvo allí, ¿puede hablarme de su experiencia allí y durante la invasión?

Yo tenía una amplia experiencia militar en otros conflictos, pero desafortunadamente nunca vi nada parecido. Sólo puedo compararlo a alguna batalla de la Segunda Guerra Mundial. Muchos crímenes, no había dignidad ni honor, y afectaba psicológica y moralmente a todos los que estaban en Mariupol. Creo que el 19 de febrero estaba en Kiev, estaba esperando la información de que Putin reconocía la independencia de las repúblicas. Muchos no creían que fuera a atacar o hablaban de un conflicto de baja intensidad, pero para mí, para Azov, era una señal de la implicación directa de Rusia y de una guerra inminente. Lo de 2014, el separatismo, fue la primera fase de la intervención rusa y esto era la segunda. Mi equipo y yo fuimos a Mariupol a hacer los preparativos, y el 24 oímos los ataques contra Kiev y contra las estructuras clave de Ucrania, pero al este de Mariupol, a 20 kilómetros, la guerra no se había detenido desde 2014.

Ha mencionado que vio crímenes de guerra. ¿Puede darnos una idea de lo que vio y por lo que pasó en Mariupol?

Si comparamos Mariupol con Bucha, Bucha fue un juego de niños. Los crímenes que he presenciado y de los que he sido testigo fueron devastadores incluso a pesar de estar habituado a la guerra, la sangre y las bajas. Fue muy difícil porque se trataba de civiles inocentes, niños, mujeres, ancianos. Recuerdo que mi primera experiencia fueron los impactos directos contra edificios de viviendas, sin militares, sólo civiles. Y los atacaban porque eran edificios altos y tenían miedo de que hubiera observadores de artillería o equipos antitanque. Los civiles de edificios de 10, 12 o 15 plantas se refugiaban en los sótanos y he visto como estos edificios se derrumbaban y los enterraban vivos. Era imposible sacarlos porque no teníamos maquinaria pesada y vi docenas de edificios así.

Recuerdo una familia, eran las cinco de la mañana y el marido metió a su mujer y a su hijo en un coche y empezó a guardar bolsas en el maletero. De repente apareció un tanque y disparó directamente contra el vehículo, no explotaron, simplemente se evaporaron. No era un blindado o un vehículo militar, eran civiles. Por la noche, cuando los civiles salían de los sótanos para coger agua o comida, y buscaban a nuestros militares para conseguirla. Los rusos disparaban a estos civiles, que sobre todo eran mujeres, y los dejaban heridos y gritando de dolor, y esperaban a nuestra reacción, si atacábamos para rescatar a esa persona o no hacíamos nada. Era una ejecución, una verdadera ejecución.

¿Cómo le afectaba todo esto? Puede tener todo el entrenamiento mental y psicológico del mundo, pero cuando va a un lugar así y ve toda esa destrucción y terror contra civiles inocentes…

No hay entrenamiento para eso. Cada guerra tiene sus límites, líneas rojas que no se cruzan, tus soldados, tu honor y tu dignidad. Ni los animales hacen eso, eran psicópatas que disfrutaban con lo que hacían. Puedes tener entrenamiento psicológico, pero jamás vi nada igual. Disparaban a todo, lo destruían todo, sin importar si era peligroso o no. Su propósito era destruir todo. Lo que más te afecta son los niños, porque soy una persona y soy padre. Por la noche te acercabas a un sótano y le dabas la comida que tuvieras encima a unos niños, pero a la mañana siguiente el edificio había desaparecido y estaban enterrados en el sótano, y no puedes hacer nada. Esto no se puede entrenar psicológicamente.

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Denis Prokopenko, comandante de Azov.

¿Cómo pudieron usted y sus soldados hacer frente a tanta muerte y a imágenes tan desoladoras?

Honestamente no sé cómo responder a esa pregunta.

¿Cree que de alguna manera tendrá efectos en el futuro?

Sí, por supuesto, a algunos más y a otros menos. Yo tengo experiencia y trasfondo militar y estaba preparado, aunque no para algo como esto. Un chico joven, que acaba de unirse al ejército, no esta para nada preparado. Al final, esto no sólo afecta a los militares, afecta a toda la nación. Hubo momentos en los que pensabas en no tomar más prisioneros de guerra, pero luego piensas en tus amigos, en otras unidades, que sí lo hacen y que los tratan bien por dignidad, y te dices a ti mismo que no eres un animal como ellos y que no puedes cruzar esa línea.

¿Quiere decir que la actitud de Azov fue tratarles como seres humanos?

Azov hizo muchos prisioneros: rusos, chechenos, de otras nacionalidades, y nunca se tocó a ninguno. Desde antes de la guerra, en 2016, puedo garantizarle que he participado con representantes de la Cruz Roja en cursos básicos para formar a nuestros hombres en la Convención de Ginebra y las leyes de la guerra.

Volvamos a Mariupol. La invasión fue brutal y Azov estaba en primera línea. ¿Cómo fueron los últimos días y cómo salió de allí?

Azov era la unidad principal y tenía una misión: defender la ciudad y a los civiles, lo que se hizo con éxito. Pero después de que los rusos avanzaron en varias direcciones, la misión fue atraer la mayor cantidad de recursos enemigos para ganar tiempo. Primero, para que Ucrania pudiera movilizar su reserva operacional; segundo, para que otras unidades se reagruparan y reorganizasen; y tercero, para que el Estado pudiera pedir apoyo a Occidente. Cumplimos todas estas misiones. Sin embargo, la ciudad quedó completamente asediada y separada del resto de Ucrania Teníamos limitaciones en municiones y suministros mientras éramos bombardeados por tierra, mar y aire, con ataques aéreos cada quince minutos. Armas de infantería ligera contra cañones, misiles y aviones. Unos 15.000 rusos contra 3.000 defensores de Azov, la policía, los marines, etc.

Una situación muy difícil.

Una situación muy tensa y que afectaba la condición física. Además, la llegada de civiles redujo drásticamente las raciones y recursos médicos. No podíamos recibir nada de fuera y los suministros se terminaron rápido. Vivimos un desastre humanitario con muchos  heridos y niños.

Yo fui herido y trasladado a Azovstal para ser operado. Oí a niños reír y pensé que era una alucinación, pero era real, eran niños jugando porque había un niño herido entre nosotros. Las familias de muchos defensores estaban en la factoría porque no querían separarse de sus maridos,  y esa era otra motivación para seguir luchando. Teníamos detrás nuestros valores, nuestras familias y nuestra patria.

Hábleme de la evacuación. Creo que perdió a muchos compañeros. ¿Cómo se sintió?

Es difícil de explicar, te sientes enojado, furioso, pero al mismo tiempo te motiva. Perdí a compañeros que llevaban conmigo desde 2015 y a muchos chicos a los que había entrenado. Para mí, el regimiento es como una familia y perder a estos chicos es como perder a tus hijos. Pero no podías enojarte, había que mantener la calma para no cometer errores y salvar la vida del resto.

¿Cómo resultó herido?

En el centro de la ciudad nos enfrentamos en combate casa por casa con los marines rusos y cuatro tanques. Me hirieron, y un amigo, que llevaba conmigo desde que era un cadete, me saco de allí, me aplicó los primeros auxilios y tomó el mando. Al día siguiente retomó los edificios y destruyó los tanques, pero cayó en combate.

Recibí dos balas en el estomago y una noche me despertó el comandante del regimiento (Prokopenko). Para mí, un héroe, un amigo y un camarada. Me dijo que había una operación en marcha para evacuar a los heridos más graves y yo le respondí que era una locura, que era imposible. Pero él había planeado muy bien la operación con la inteligencia militar, y algunos valientes pilotos decidieron llevarlo a cabo.

Y salió de Mariupol.

Si, con otros quince compañeros salimos de noche al punto de evacuación, avanzando lentamente por los ataques aéreos. Cuando llegamos al punto de recogida pensé que era un suicidio porque iban a aterrizar en campo abierto muy cerca del enemigo, pero nuestras fuerzas, Azov y los demás defensores, abrieron fuego para darnos cobertura y pudimos salir de allí.

¿Qué cree que va a pasar en esta guerra? ¿Qué va a hacer Azov ante esta invasión rusa?

Va a ser una guerra larga y depende de cuánto apoyo nos preste Occidente. Ahora mismo Ucrania es una puerta, una puerta que protege del Este. Si esta puerta cae, adivina quién será el siguiente,  adivina dónde se producirán crímenes de guerra, adivina que mujeres y niños serán quemados o violados y dónde habrá fosas comunes. Este es el centro de Europa y necesitamos el apoyo a Ucrania para que la puerta y los muros no caigan.

Respecto a Azov, seguiremos entrenando y luchando, aunque nuestra misión principal es proteger a nuestros prisioneros de guerra en Rusia y salvar su dignidad. No confío en los rusos, pero espero que traten a nuestros prisioneros como nosotros hicimos con los suyos.

¿Qué mensaje le enviaría a sus compañeros cautivos?

Aguantad, no os hemos olvidado, os recordamos y luchamos por vosotros, y haremos todo lo posible para conseguir un intercambio. Todo el mundo os está mirando, las nuevas generaciones miran a vuestras familias. Aguantad, no importa lo que pase después.