Una treintena de especialistas de instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Columbia, el King's College de Londres, la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Imperial College de Londres, han realizado un estudio basado en los datos de 1,7 millones de personas para analizar cómo influye el nivel socioeconómico en la salud y la mortalidad en comparación con otros factores más convencionales, como el tabaquismo o la obesidad.

Este macroestudio, que publica la revista médica The Lancet, vuelve a la carga con este problema, normalmente olvidado por los grandes medios de comunicación: la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. El estudio supone una crítica a las políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante o más que otros que sí forman parte de sus objetivos y recomendaciones.

"El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo", asegura el estudio. La pobreza es un agente que afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes.

El investigador español Manuel Franco afirma: "La evidencia dice que la desigualdad mata”. Desde el punto de vista científico confirma la afirmación tantas veces repetida por el papa Francisco: “Esta economía mata”. Esta economía generadora de tan brutales desigualdades, mata. Incluso dentro de los países ricos, y en ciudades como Madrid, hay diferencias “insoportables” en la esperanza de vida. No digamos entre los países y las clases sociales ricas y las grandes masas de los países pobres.

Seguro que a la mayoría de nosotros esto nos llega a la conciencia, pero ¿qué podemos hacer nosotros? La idea de nuestra impotencia es algo que nos han inculcado cuidadosamente para conseguir que nos estemos quietos y resignados. Pero las personas, los pueblos lo podemos todo; sólo hace falta que veamos claro lo qué hay qué hacer y cómo hacerlo.

Pobreza, y en algunos casos muy aguda, también la hay entre nosotros. Organizaciones como Cáritas, o la Red de Solidaridad Popular, tratan de paliarlas; un primer paso sería colaborar con ellas. Pero lo más importante es lo que podemos hacer a nivel global. Sobre eso habría mucho que hablar. Ahora sólo quiero señalar que el papa Francisco, lo mismo que otros muchos pensadores, afirma que vivimos en la religión del dinero. Esta brutal desigualdad está causada por el culto al dinero. Cuando nos desembarazamos de la adoración al dinero, cuando dejamos de poner en él nuestras aspiraciones y nuestras esperanzas, cuando el dinero es solamente un medio para satisfacer nuestras necesidades de una manera sobria, sencilla, sin lujos, cuando buscamos nuestra felicidad lejos de lo que el dinero y el consumo nos ofrecen, entonces estamos trabajando por un mundo justo y sano