El gran jefe “pluma blanca” -desconozco si esa plumilla que luce en el flequillo es natural o es una suerte de apósito para mejor resaltar su imagen chulesca-, el siniestro individuo del pantalón de pitillo, en el colmo del dislate, ahora viene de perdonavidas y todos debemos de estarle muy agradecidos y encima hacerle la ola, pues nos ha salvado de una muerte segura sin tener en cuenta, magnánimo su proceder, si lo hemos votado en las últimas elecciones, si poseemos el carné de su “honrado” partido socialista o si tenemos alguna relación con esa lacra que tiene como socios en el gobierno. Muchas gracias, gran jefe “pluma blanca”.

Este incalificable personaje ha osado sacar pecho aduciendo que, gracias a su inefable gestión, pagada, eso sí, con el dinero de todos, ha logrado que una buena parte de los españoles, sin distinción de raza, sexo, filiación política, creencia religiosa, región de origen, equipo de fútbol de preferencia y ni tan siquiera tener en consideración si se trata de sus votantes o no, se encuentran a estas alturas vacunados que es, un poco, como tener una tía en la Habana que fuma tabaco de 80. Pero, en fin… Sin comentarios.

Vamos a ver, resulta que este individuo, el de la pluma blanca, al igual que esa pléyade de indocumentados que le rodean, percibe su cuantioso salario, vive a cuerpo de rey en su magnífico palacio, viaja en Falcon o en lo que sea, veranea junto a sus amigotes en suntuosos edificios, etc., etc., y todo ello a cuenta del erario, es decir con el dinero de España que, con permiso de aquella patana que fue ministra, es de todos los españoles y no de nadie como argumentó en una de sus “magistrales” intervenciones, ¡hay que ser idiota!

Sin embargo, como no todos somos iguales en lo referente a la magnanimidad y aunque este individuo, merced a su infinita benevolencia, permita que todos los españoles sin excepción sean vacunados, yo que no soy tan magnánimo espero que se me permita darlo de baja de mi nómina y que el dinero que pago con mis impuestos, que es bastante, no vaya destinado ni a pagar su sueldo ni el de su camarilla. Es decir, quiero hacerme objetor de pagar el salario de tipos y tipas tan siniestros e indeseables como estos, aunque supongo que, pese a su magnanimidad, no despreciará un solo euro venga de quien venga, sea sociata o no, votante suyo o no.

De todas formas, esa magnanimidad infinita de la que hace gala el famoso “pluma blanca”, va mucho más allá. Ahora, por ejemplo, pretende prohibir que, por los medios afines, que son casi todos ya que la mayoría, para vergüenza de ellos, están comprados, se haga referencia a los constantes incrementos del coste de la luz, en la inteligencia de que el no saberlo nos hará más felices, aunque a la larga, cuando a fin de mes nos llegue el correspondiente recibo, podamos sufrir un infarto al contemplar con horror la factura final a la que tenemos que hacer frente. Pese a todo, este perverso individuo, en su paranoia, está convencido que la ignorancia nos hace mucho más felices de ahí que se permita mentir sin recato una y otra vez ante la pasividad y la complicidad del pueblo español cada vez más acobardado y sumiso, al que parece no importarle saber la verdad.

También, deberíamos de agradecer al gran jefe “pluma blanca” ese generoso afán por facilitarnos el disfrute callejero de los románticos nocturnos mirando las estrellas al lado de la amada/o ya que ahora, en otra de esas estupideces que solo caben en la cabeza de la podemía malvada de la que se ha contagiado este personaje, pretende dejar sin luz por las noches las ciudades para poder ver el palio estelar en todo su esplendor. Esperemos que tal gilipollez no provoque problemas de orden público y de seguridad ciudadana de los que, luego, él y los que secunden este dictado, serán los únicos responsables.

Y en medio de tanta magnanimidad, aduciendo su deseo de unir bajo su égida a todos los españoles, el gran jefe “pluma blanca”, se ha ido a vender, de forma vil y canalla, la dignidad de España y de todos españoles, sentándose en una “mesa de diálogo” a negociar lo innegociable con ese mentecato mequetrefe catalonio, el de las gafillas con cara alelada, que a cada paso está más crecido -supongo que se habrá puesto hasta calzas en los zapatos- y exige que todos nos pongamos de rodillas ante él para decirle ¡sí, buana! y, de paso, seguir financiándole sus sueños de pretendido presidente de la república independiente bananera de catalonia. ¡Vete a la mierda, tío!, con perdón de ustedes, qué no de él, faltaría más.

La Unidad de España, no es negociable y tú, “pluma blanca”, no eres quien para negociar con ella ya que, si lo haces, además de falsario, embustero y canalla, serás un traidor y la Patria no perdona el crimen de la traición. No lo olvides.