Todavía recuerdo, nítida en mi memoria, la imagen que nos ofrecieron las cadenas de televisión recién fuiste nombrado vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez frente a la puerta principal del Palacio de la Moncloa. No ha pasado tanto tiempo, y, sin embargo, ahora no pareces aquel tipo exultante de gozo con su chepa a cuestas y espatarrado, algo así como escocido, portando la cartera de vicepresidente de un gobierno que iba a necesitar y requerir el apoyo de la peor calaña de España. Me refiero a auténtica chusma, entre ellos, tú mismo.

Venias crecido, y ahora has querido nuevamente acaparar las portadas que con toda legitimidad le corresponden a la señora Ayuso… ¡La derecha sin complejos! Toque de atención a ese peluche que es Pablo Casado, blando por dentro y blando por fuera. 

Venías crecido, digo, y no era para menos. Nadie, antes de Felipe González, que necesitó un golpe palaciego, había conseguido tan fácilmente llegar a ser miembro de un gobierno de España. Claro que una vez los consiguió Zapatero, del que siempre se ha sospechaba de su lucidez mental, todo es posible.

Lo tuyo fue el triunfo de los medios, que fueron los que te auparon cuando en realidad no eras más que un personajillo de la revuelta, consecuencia de la crisis nacional que padecemos. Un tipejo a medio camino entre el delincuente político y el pajarraco que quería instalarse. Que es lo que finalmente has hecho. Una carambola que te ha salido bien.

De ser un pringado, que es lo que realmente eres, Pablo Manuel, pasaste a ser excelentísimo señor, bien es cierto que sólo para cuatro que se doblegaron a tratarse así. Y de vivir en un pisito de protección oficial en Vallecas, a tener un chalet de esos que solo se pueden permitir la “casta” en una de las mejores zonas de la Comunidad de Madrid, todo ha sido coser y cantar para ti. Yo creo que todo esto, así, tan de repente, ha terminado por desquiciarte. Que es, a todas luces, el estado mental en el que te encuentras.

Dejaste la vicepresidencia del Gobierno por la aventura de Madrid para seguir manteniendo tú discurso delincuencial, porque lo tuyo es de sobra conocido, ir al Estado totalitario sustentado en una dialéctica maniquea y destructiva que acentuando tu personalidad esquizofrénica, seguramente herencia familiar, necesitada, permanentemente, de desencadenar el desorden total sobre el espíritu guerra-civilista. ¡Eres un desquiciado! Y ahora, tras tu estruendoso fracaso, has querido ser el muerto en el entierro de Vallecas. Plaza que has perdido.

Te vas, pero seguiremos dando caña al mono, al mono que eres tú, hasta que se rompa la cadena. Y ojo, que no digo con balas que tú mismo te envías, sino con palabras. Ah, eso sí, NO TE PASES, memo. Piensa que todo lo que quieras decirnos ya se dijo antes por lao estrategas comunistas, y lo sabemos de sobra.