"Voy a empezar mi relato, con alegría y con afán / En el pueblo de Albolato se volvió un hombre caimán... Le gusta bailar la cumbia a ese maldito animal y con la cola va diciendo, vamos todos a bailar" (Letra de la canción)

Pedro Sánchez se va de vacaciones dejando al país hecho una bendición. Hace el repaso del curso político, que da gusto verlo. Y se jacta de lo bien que gestiona la pandemia, dejando atrás 140.000 muertos. Mandó al Rey a ser humillado al Perú, donde el comunista Pedro Castillo, un patán siniestro que en su toma de posesión se dedicó a insultar a España, y humillar al rey allí presente. Fue una crítica inventada y fatal a la Corona Española, que dice que llegó allí a machacarlos y ahora van a vengarse. El rey no le dijo como su padre, "por qué no te callas", aguantó el chaparrón, sin decir nada, ni marcharse. Majestad, tras lo de los indultos, nos sigue dejando tirados con la moral por los suelos. Su caso triste es de psiquiatra. Pero lo sufrimos todos. ¿Es que aún no se enteró que está entre lobos, enemigos de España? ¿Hasta cuándo va a estar sirviendo de marioneta a unos delincuentes hoy en el poder? Otra encerrona más que debe al manipulador / mangoneador / dictador, Pedro Sánchez, al que obedece en sumiso silencio. ¿No puede renunciar a la agenda que él le marca? La prudencia es buena, pero cuando se hace infinita, deja de serlo. Así hace Pablo Casado, aunque éste le ladra un poco al caporal, como el perrito de lujo, para que se note que está allí, tras mear otro poquito en la esquina. Nunca le muerde. Casado sólo muerde a los que tiene al lado, que son de los suyos, y a lo que tiene un odio inexplicable. Dejará caerse España a pedazos como un leproso, antes de hacer coalición con Abascal, o presentar moción de censura en conjunto. Jamás se ha conocido otra necedad semejante en un miserable así. Está obligando a los votantes de Abascal a que le voten a él, porque sabe que estos ponen a España antes del partido, no al revés como es su caso. Con Pablo Casado de presidente pasará lo mismo que con Rajoy, o peor: la izquierda seguirá mandando a su capricho y haciendo lo que le dé la gana. No le importa repetir otro atentado antes de perder el poder. La izquierda no dejará el poder -aunque pierda elecciones- hasta que no instaure el comunismo. Algunos de la derechita cobarde, parece que aún no conocen la izquierda; su ADN, fanatismo y sectarismo extremos, su grado de desesperación, y raíces perversas. Su terquedad de mula loca. El único que supo domarlos y ponerlos en su sitio y aplacarlos fue Franco. La izquierda es más que un verdadero problema y va al socaire de la penetración del comunismo en otros países.

Perú, rumbo a la barbarie, camino del narco comunismo; ya en manos de los traficantes, y terroristas de Sendero Luminoso, y las FARC, entra de lleno en el narcotráfico. El comunista Pedro Castillo ganó las elecciones de una forma oscura y manipulada. Evo Morales convence a Pedro Castillo de expulsar a la DEA y obtener el control del dinero de los cocaleros. Sigue la senda de países como Venezuela. También juró el burro de Castillo arrancar con rabia todos los símbolos de la historia; tal que hacen aquí con la memoria histérica, estos cerdos furibundos. "Los ladrones extranjeros tienen un plazo de 72 horas para salir del país", dijo el animal entre sus perlas, refiriéndose a los españoles. Los energúmenos podemitas de España, están encantados de la vida, viendo el poder peruano en manos de su gente: comunistas, como Guillermo Bermejo; terroristas como ellos y narcotraficantes sin escrúpulos. Aquí Yolanda Díaz, la gallega morriñosa, ministra de descanso, bailando muñeiras con lobos: "es una brizna de esperanza", dice de lo del Perú. Y el caporal de toda esta panda amoral de sinvergüenzas, también, encantado. Todos encantados de que el rey haya sido humillado con España, fuera de ella, porque dentro ya está el psicópata para hacerlo. A los locos malos el respeto les cae como un manojo de ortigas: es lo primero que arrancan de raíz, como hacen con los símbolos de Franco y de paso borran la historia, para que no exista una referencia de vida anterior que se pueda comprar con el presente, ni se conozca el pasado y los orígenes. Nada más que la vida del robot convertido en ser inhumano, a lo que llaman, "El hombre nuevo del marxismo". La mayor ironía y perversión del destino.

Pedro Sánchez, el encantado de sí mismo y encantador de serpientes, con sus maletas de piel y su bikini de rayas, como Eva María, se fue en su falcon, gafas de sol en ristre, como si allí el sol le cegara los ojos. Sin darse cuenta del ridículo que hace, como no se da cuenta de todo lo que no quiere darse. Tras chupar cámara a placer con sus auto loas circenses y aplausos de sus palmeros remunerados, por lo bien que sabe hacerlo, se va de veraneo. Se va para Barranquilla que destaca por sus carnavales y cae como anillo al dedo, al personaje, siempre encantado de haberse conocido. Unas vacaciones tan merecidas que se las pagamos permanentes para que no vuelva; también encantados. Que vaya a ver el carnaval de la muerte, bajo el régimen de terror comunista de aquellos países donde sus amigos reinan. Es igual, como si no lo ve. Sólo es un cúmulo de maldades que no ve nada. No ve ni oye ni entiende, salvo que es el presidente y ha de seguir siéndolo. Que ha de llegar pronto a presidente de la tercera república; eso lo ve, oye y entiende a la primera.

¿Qué pasa en España para dejarse caer así y gobernar por un loco? ¿Cómo es que hay tan indigno socialista que encima se las da de serio, y se cree de los que no los somos, que además de gilipollas debemos aguantar sus humillaciones? ¿Todos son como Pedro Sánchez? Pero van a gusto en la burra. La corrupción sale por las ventanas, mientras la casa se hunde, y se va aguantando la podredumbre hasta que sea irresistible el hedor. A lo mejor la corrupción es como la humillación que no sabemos dónde empieza y dónde acaba.  ¿Cómo hemos caído tan bajo? Hoy se vio en Salamanca lo que el pueblo te quiere, Sánchez. Ya te cuidas de no ser visto.

Al final, todos se ríen, unos por no llorar y otros por herir a los primeros. O sea, que sólo se ríen por hacer daño, como cuando profanaron la tumba de Franco, y todas las que hicieron sin otro objetivo. Se ríen del rey, que no lo quieren. En realidad no quieren a nadie, ni a sí mismos. Los supremacistas catalanes juegan y se ríen de Pedro Sánchez; los comunistas se ríen de no dejar piedra sobre piedra. Todos se ríen; seguro que el que aquí no se ríe, es que es tonto. O porque no da un puñetazo en la mesa y pone orden en este caos asqueroso y repelente, que debiera ser el Rey al mando del ejército. ¡Fuera casta política! Pedro, tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Ya ves que hasta los obispos catalanes están contigo. Luego dirán, no hay iglesia que dé más luz que la que arde. Y tú contestarás como Azaña: España se acostó monárquica y se levantó republicana. Porque todas las iglesias juntas no valen la vida de un republicano; y te reirás de tanta ironía, a mandíbula batiente. Puedes seguir armándolas gordas que todo se te permite.

No se limpiaron las malas hierbas a su debido tiempo, que así quedó el patio de fango para revolcarse los cerdos. Y no hay más que este tipo de animales que proliferan como jabalíes, y que tanto asco dan a los musulmanes. Verás cuando reconquisten España el fin que les van a dar a los susodichos que los introdujeron. Por lo demás, aquí no se limpia nada. Ni siquiera los bosques que arden arrasados en verano. Si se limpiara algo de verdad otro gallo cantaría. Verías como se acababan tantas risitas.