Permitan que dé este detalle para explicar suficientemente lo que quiero dar a entender. Cuando todavía no había llegado la invasión extranjera a España recuerdo, porque lo viví, el respeto con el que se dirigía un sudamericano -muy posiblemente recién llegado a España- a uno de los vigilantes de seguridad en el intercambiador de Avenida de América de Madrid. Enseguida entendí aquella escena.

    Y es que, al margen de la corrección, en el caso que nos ocupa excesiva, que aquella persona mostraba al dirigirse a quien le podía facilitar alguna información o servicio, comprendí, que lo que veía ese extranjero en ese vigilante de seguridad, no sólo era la autoridad que por capacidad legal tenía, sino la que socialmente representaba por ser español.

    No lo sé, naturalmente, pero es posible que aquel buen extranjero sea hoy vigilante de seguridad, y sepa que la autoridad que ejercen estos profesionales que ayudan a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado puede ejercerla casi un recién llegado. Con lo que la autoridad, que ya está suficientemente rebajada, se está rebajando hasta un extremo inconcebible.

    Extranjeros de toda raza, etnia, cultura, religión y antecedentes penales tenemos en todas partes, ocupando todos los oficios, aunque haya españoles en paro, y dentro de poco ejercerán todas las profesiones. Que esto va en el orden que se quiere imponer. Y ya está cerca el día que tengamos africanos subsaharianos de vigilantes de seguridad auxiliando a los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado. Personas que un día entraron asaltando nuestras fronteras. Persona con potestas, pero sin auctoritas.

    Abidemi Ihrijirika Agwuegbo: Detenido algún tiempo por entrar ilegalmente asaltando la frontera de Melilla. Mantenido durante algunos años por los Servicios Sociales, dispensándole todo tipo de ayudas, a la par que ejercía de “mantero” para sacarse un dinerito. Español. De profesión: Vigilante de Seguridad… ¿Quién puede entender esto?

    Y claro que todos somos hermanos en Cristo, que no en Mahoma… Pero, ¿qué tiene que ver eso en la cuestión que planteamos? El adagio popular es sabio… Cada uno en su casa, y Dios en la de todos”. Significado que nos advierte, que conviene que la familia, entendida en un sentido amplio (Patria), disponga del espacio suficiente para tener cada cual su intimidad (identidad, costumbres y cultura), y de este modo se eviten disensiones (conflictos). Así tendría que ser.