¿De qué sirve trabajar sacrificadamente si una caterva de inútiles en un gobierno inveraz esquilma a los ciudadanos horadando la economía familiar hasta llevarla a una incertidumbre sostenida con temor a la ruina? ¿Qué beneficios inexistentes compensan la ruinosa inversión en el futuro que el miserable Pedro Sánchez ha desbaratado destruyendo lo construido por esforzadas generaciones? El sector del Transporte es uno más de los damnificados por las dementes y sectarias políticas social comunistas que han destruido lo conseguido durante décadas de esforzados oficios que levantaron una España de consenso, aun siendo imperfecta, con oportunidades de bienestar y progreso, desintegradas por una generación de inútiles con graves deficiencias morales y peores intenciones gregarias. 

 
La huelga indefinida de los transportistas llega después de que el peor gobierno desde la democracia haya mostrado el desinterés por los verdaderos problemas de los ciudadanos afanados por las obligaciones de la supervivencia, en tanto idas y compulsivas inutilidades como son Irene Montero se proveen de 20.000 millones de euros para sostener las hostilidades, y chiringuitos, de la guerra de sexos camuflada tras el aberrante ministerio de la mendaz Igualdad. Son tan repugnantes que ni se molestan en disimularlo, seguros de que lo tienen todo atado y bien comprado, medios de comunicación incluidos, para llevar a cabo una estafa con sello de Estado. 
 
A fuer de no encontrar una verdadera resistencia este desgobierno criminal de la perpetua dilapidacion de los recursos públicos y de la infame como impune prevaricación, se burla del esfuerzo imposible de la ciudadanía. UGT y CCOO no secundan huelgas por estar provistos y en consecuencia callados. Solidaridad, sindicato de VOX, apoya la huelga de los transportistas, ergo todos son ultraderecha. Ésta es la pueril demagogia usada permanentemente para denostar cualquier inconformismo con el tramposo monclovita . Sánchez da asco en la calle, donde se ganan las elecciones, aunque el CIS siga otorgando un 7.7 puntos de ventaja al PSOE frente al PP, según el último barómetro de Pinocho Tezanos. Votan socialismo los paniaguados, de la sopaboba, del pago mensual por chiringuito, los parásitos agradecidos cada vez más numerosos y con salario restado a millones de familias con riesgo de quiebra. 
 
En otros países, otros tiempos, los burlescos desmanes de estos politicastros de vida fácil y parasitaria eran castigados con ejecuciones en plaza pública revolucionando las calles tras algaradas violentas, pero en esta España sufrida del siglo XXI la protesta toma forma de camiones, en el caso del Transporte, como irán tomando las propias suyas en cada sector productivo que está siendo asfixiado, a propósito, por insoportables medidas impositivas que suponen un drástico empobrecimiento de la clase media, los autónomos y las PYME; las otrora bases económicas que sustentaban la España hoy arruinada por sus principales enemigos que tomaron ilegítimamente las riendas para precipitarla al abismo de las directrices de los foros de Sau Paulo y de Puebla. 
 
El encarecimiento sistemático de las materias primas, del consumo energético, del combustible, así como la inflación disparada-no tanto por la inutilidad de Sánchez y sus secuaces como por el propósito de exterminar el Estado del bienestar-, ha sobrepasado la paciencia de los camioneros que están dispuestos a desabastecer el país para que se cumplan las exigencias vitales que permitan el desarrollo de la actividad. Los tachan de ultraderecha y de minoría, así funciona la maquinaria mafiosa engrasada con impuestos abusivos y desperdiciados contra España. 
 
Ni Putin ni Ucrania son culpables de la manada monclovita, bien pertrechadas de recursos públicos cuantas garrapatas se surten de este desgobierno de delincuentes que ha secuestrado vilmente las instituciones. UGT y CCOO están atiborrados y en evidencia como sindicatos "del crimen" que llevan a los trabajadores, por sectores, hacia la ruina. Los ciudadanos lo saben y las paciencias tarde o temprano se desbordan. Todo sea que no acabe estampado, metafóricamente, el villano Pedro Sánchez contra el parabrisas de un camión, o lo que tercie con la ola de protestas que ni los sindicatos de las putas pagadas y del marisco a granel podrán evitar. El asco que provoca Pedro Sánchez se ha contenido demasiado tiempo. El sector del Transporte conforma las primeras aguas de una presa de indignación a punto de reventar porque esto estalla el día menos pensado.