¿Se han dado cuenta de que todos los que están a favor del aborto ya han nacido? ¿Es curioso?, ¿verdad? Eso se debe a que sus madres tuvieron la generosidad y la valentía de traer a la vida al ser que esperaba en su vientre; el mismo que ahora se desgañita defendiendo el aborto y abortando.

En guerra está Europa y el mundo. Un guerra cruel, injusta, demencial, fría, calculada, de extermino, en la que los inocentes mueren sin la más mínima opción a defenderse. Una guerra que se cobra cada año millones de víctimas, todas del bando de los inocentes.

El IPF (Instituto de Política Familiar) presentó en 2009 el documento “Evolución de la Familia en Europa” Este documento dice entre otras cosas, las siguientes: “La primera causa de mortalidad en Europa es el aborto junto al cáncer” “Desde 1990 a 2009 en Europa se han producido 28.000.000 de abortos” “Cada hora abortan 141 mujeres de las cuales 21 son adolescentes”.

El diario La razón publicaba un artículo en el año 2011 con estos datos: “Cada día se producen en España 324 abortos, uno cada cuatro minutos, sin incluir los clandestinos. Y, según el Instituto Guttmacher, entre los años 2010 y 2014 -es el último dato al que he tenido acceso - se produjeron en el mundo ¡¡56.000.000!! de abortos, naturalmente sin incluir los clandestinos. Para que hagan una idea, en la segunda Guerra Mundial el conflicto se cobró 50.000.000. de muertos, con la diferencia de que estos pudieron defenderse, los abortados no. Ha habido guerras con muchísimos menos muertos que los provocados por el aborto, que han sido denunciadas por todos, sobre todo por los “progresistas”; sin embargo, esta guerra de exterminio, no solo no se condena, sino que se alienta y justifica desde organismos internacionales, gobiernos y Estados en nombre del “progreso” y de la libertad y derechos de la mujer. Esta guerra se desarrolla en los campos de la Europa de la paz, el progreso, la prosperidad y la libertad. El mundo ha visto pasar ante sus ojos guerras de todo tipo: de religión, de conquista, de ocupación, de venganza, imperialistas; todas ellas injustificables a los ojos de quienes, no solo no condenan los millones de abortos, sino que los amparan bajo el paraguas hipócrita de un progreso pervertido y perverso. Europa ve perpleja y estupefacta, como millones de sus hijos son asesinados antes de nacer mediante sofisticados medios: por succión, por inyecciones químicas, por tenazas para destruir poco a poco a ese nuevo ser que se retuerce de dolor y, abriendo su boquita, emite un grito que retumba en las paredes del claustro materno y que, como dice la Madre Teresa de Calcuta: “Llega hasta los oídos de Dios”.

El aborto es una guerra sucia y silenciosa, es la guerra más cobarde, más hipócrita, más egoísta de todas las guerras porque se esconde cobardemente tras los eufemismos que quieren tapar con su manipulación informativa, la falacia, la mentira y la hipocresía de una sociedad hedonista y egoísta que antepone sus egoísmos a la vida de un nuevo ser distinto a todos, único, que, desde el cálido vientre de la mujer, está esperando nacer.

Termino con unas palabras atribuidas -una vez más – a la Madre Teresa de Calcuta: “Si una madre puede matar a su propio hijo dentro de su cuerpo ¡qué razón hay para que no nos matemos los unos a los otros!