Dale un pez a un hombre y comerá hoy, dale una caña y enséñale a pescar y comerá el resto de su vida” Proverbio chino

La limosna del Ingreso Mínimo Vital es la constatación del fracaso de un gobierno incapaz de articular los mecanismos necesarios para dar a los ciudadanos el empleo que los dignifica y no la limosna que los humilla.

La limosna se da desde arriba hacia abajo. La limosna establece en sí misma la posición del fuerte (arriba) y del débil (abajo) y por eso el que la da humilla a quien la recibe y este hace acto de sumisión a las reglas que el fuerte establece para que tenga derecho a la limosna. Al igual que los ingresos generados por un trabajo dignifican al hombre, los – si se les puede llamar ingresos – generados por una limosna menoscaban su dignidad. Pero el fuerte sabe que cuando el hombre trabaja y vive dignamente de su trabajo es libre y manipularle es mucho más difícil que mediante la sujeción a una limosna. Los gobiernos que son incapaces de generar empleo dan limosnas. Al darlas el que la recibe se siente obligado a ese gobierno, a ese partido que, en vez de dignificar al hombre dándole trabajo, le humilla, le corta las alas, le impide labrarse el futuro que un trabajo si le permite. Los gobiernos social comunistas encuentran en la pobreza la sustancia para sus fines totalitarios

A lo largo de la historia ha sido característica de los gobiernos de izquierdas amar la pobreza. Aman la pobreza porque solo con la pobreza pueden ellos implantar sus ideologías. Nunca en un país rico han triunfado los gobiernos social comunistas porque esos gobiernos no saben repartir riqueza entre los ciudadanos; esto es así debido a que la riqueza que genera el país se la reparten entre ellos. El ciudadano pobre es fácil de contentar con una limosna que le permita respirar, comer, defecar, vestir algo, calzar algo, y todo esto adobado con el miedo a perder la mísera limosna, olvidando que el hombre libre tiene que tener su nivel de dignidad por encima de su nivel de miedo.

Crear empleo no entra en los cálculos de estos gobiernos. El empleo dignifica al ciudadano, le hace sentirse libre y dependiente solo de su capacidad, su inteligencia, su determinación para ir creándose un futuro y eso hace mucho más difícil su manipulación. Saben estos gobiernos que con las limosnas no hay futuro para el ciudadano y que el devenir de los días depende, no del ciudadano, sino de la limosna del gobierno; esa limosna que tala sus aspiraciones, sus proyectos, sus ilusiones que quedan reducidos a recibir mensualmente la limosna que le permite seguir respirando que no viviendo.

En la empresa donde trabajé como delegado durante treinta años me enseñaron que ante una crisis hay dos maneras de actuar: una reduciendo gastos, otra generando más ingresos. La primera es fácil de llevar a cabo, solo necesita rebajar la calidad de vida y las aspiraciones. La segunda es mucho más difícil de hacer, pues necesita determinación, nervio, generosidad, inteligencia, capacidad y mucho, mucho trabajo. No son las limosnas las que van a sacar a los ciudadanos de la pobreza, sino las oportunidades y el trabajo; pero crear oportunidades y trabajo es duro y necesita de un gobierno con valor para aplicar las medidas necesarias, para articular los mecanismos correctos: un gobierno con determinación, con generosidad, con ideas, con inteligencia. Este gobierno social comunista carece de todo esto, pero aún en el caso de que estuviera adornado por esas cualidades, prefiere dar limosna a dar oportunidades porque la limosna ata a quien la recibe y provoca su sumisión a quien se la da, lo que hace que el ciudadano sea un rehén del gobierno en el que vea ese benefactor que, al menos, le permite respirar todos los días a cambio de la pérdida de su dignidad.