He leído con estupor, indignación y sensación de asco las palabras de una tal Alicia Padín, una individua -mejor uso este calificativo que el qué realmente debería de usar- de tendencia nacionalista que trabaja para la llamada “Red de normalización lingüística” de la Xunta de Galicia, por cierto, gobernada por el PP.

Esta individua, con una más que limitada capacidad intelectual, en su ignorancia perversa, osó decir en una entrevista que le realizó un periódico gallego que “ninguna persona culta debería atreverse a hablar español en público”.

La frase, en sí misma, además de por ese tonillo amenazante que rezuma, es intolerable desde cualquier punto de vista y demuestra el desconocimiento de la realidad, la mezquindad personal y la absoluta ignorancia de los más elementales conocimientos que adornan al personaje que la ha pronunciado, lo que le impide, por definición, ocupar un puesto en la Administración, siquiera uno de aquellos cuya única exigencia no pase de saber leer y escribir y, para eso, tolerándole las faltas de ortografía.

Por supuesto, no ofende quien quiere, sino quien puede y este, afortunadamente, no es el caso de esta inculta que, a lo que se ve, ignora por maldad el aporte del español a la cultura universal. Un idioma hablado por más de 570 millones de almas y que ha contribuido notablemente a la difusión de la cultura y del saber en todas sus manifestaciones.

Un idioma capaz de proyectarse más allá de sus límites geográficos, como fuente propagadora de conocimientos y como vehículo transmisor de la cultura hispana, con la capacidad de proporcionar a la historia universal pensadores, filósofos, médicos, científicos, militares, ensayistas, poetas, dramaturgos, descubridores, marinos, ingenieros, etc., muchos de ellos Premios Nobel, de una talla intelectual difícilmente igualable.

Alrededor del idioma español, ese que según esta individua no debería atreverse a hablar alguien que se considere culto, se crearon Universidades en medio mundo, se propagó la cultura en la mitad de la Tierra y con él se dictaron leyes y normas de convivencia, se redactaron tratados científicos y se debatieron aspectos fundamentales del saber universal.   

En fin, como no tengo vocación de docente no voy a insistir más en estos asuntos, de sobra conocidos por todos, al menos los que somos medianamente cultos, por tanto, lo mejor que puede hacer esta estulta individua es volver a la Escuela primaria a ver si aprende algo, aunque, eso sí, rogando que no tenga de maestro a otro de su mismo sesgo ideológico ya que, en ese caso, será perder nuevamente el tiempo.

Sin embargo, lo que realmente más estupor, que no sorpresa, me causa, es el hecho de que una burda, de esta categoría supina, trabaje para la “pepera” Xunta de Galicia y digo que no me extraña ya que, sin duda, el PP ha sido y es el responsable de todos los desafueros que, con relación a la alarmante marginación del español, se comenten en Galicia ya que, por ese afán desmedido que siempre ha tenido este partido de hacerse perdonar por los nacionalistas, no han dejado pasar la ocasión de besarles los morros de forma manifiestamente descarada, permitiéndoles que campen por sus fueros.

Tipas como esta tal Alicia Padín, son el subproducto de una larga política de concesiones al elemento nacionalista, a los que se les permitió inocularse en la docencia y desde ella proyectar, a los más jóvenes, su ideología antiespañola, disgregadora y separatista. A los que se les toleró, con total conocimiento, adueñarse de esas “redes” y esas “mesas” de normalización lingüística, convertidas en auténticos cánceres al servicio de una ideología sectaria y supremacista, de muy dudosa categoría moral, que pretende influir sobre las nuevas generaciones.        

Jamás he sido contrario al conocimiento y al uso del gallego, de hecho, cuando he tenido ocasión, he procurado, dentro de mis posibilidades, defender su utilización al entender que se trata de un legado cultural que no se puede perder.

Defiendo y defenderé siempre el uso del gallego como un vehículo propagador de la cultura, pero nunca como un instrumento ideológico al servicio de aquellos que, con la misma nula capacidad intelectual que la tal Padín, pretenden usarlo como un arma totalitaria al servicio de la disgregación, creando una ficción cultural identitaria en la que unos inexistentes “druidas” y “breoganes”, venidos de no sé dónde, se convierten en los paradigmas de una Galicia que ellos pintan triste y oscura, sin serlo, con la única finalidad de crear un alma colectiva impostada, para así poder mantener sus chiringuitos.

Estoy harto de escuchar a estos nacionalistas, sectarios y revanchistas, argumentar que con Franco se perseguía el gallego. Una idea muy extendida y propagada por aquellos que incluso ni tan siquiera habían nacido cuando ya había muerto el General Franco. Sin embargo, se trata de una falacia que cualquiera que conociese Galicia en aquellos años puede desmontarla con facilidad.

Nadie prohibía hablar gallego, de hecho, en la zona rural era lo que se hablaba con total normalidad, pero el gallego de siempre, el que todos entendíamos, no este que han inventado los y las “padines” de turno. Nadie prohibió jamás escribir o recitar en gallego, de hecho, ahí siguió la Real Academia Gallega; simplemente que, igual que ahora, la inmensa mayoría de los gallegos utilizábamos con más frecuencia el español que la legua vernácula. Lo único que no se toleraba en aquellos años eran los chiringuitos que, alrededor del uso del gallego como arma política, se han creado y de los que viven, muy bien, por cierto, muchos nacionalistas de nuevo cuño.

Y digo igual que ahora, ya que la inmensa mayoría de los políticos actuales que ante los medios de comunicación y en sus intervenciones en las distintas Instituciones utilizan el gallego, lo hacen por auténtico postureo ya que en su vida ordinaria hablan la lengua de Cervantes.

De todo esto, se podría contar mucho más pero es preciso dejar constancia de que quien más alas dio al nacionalismo, quien le permitió colarse de rondón en las Instituciones, quien toleró que se adueñase de las Escuelas y de la Universidad ha sido el Partido Popular, siendo el único responsable y cómplice necesario de lo que sucede en el ámbito lingüístico en Galicia, hasta el punto de permitir que una individua como esta Alicia Padín, trabaje para un organismo de la Xunta.

Lo que ha dicho esta estulta es intolerable y pone de manifiesto su ignorancia y su maldad; sin embargo, si tales comentarios son del todo inadmisibles, lo que realmente mejor fotografía a “esta siniestra personajilla” -hay que ser inclusivos-, han sido esas excusas que ha pedido -excusatio non petita acusatio manifiesta, que dirían los latinos-, bajando las orejitas, ante el temor a perder la poltrona.

Una argumentación, la de su excusa, tan burda como ella misma, al referirse a aquello de la dicotomía entre su yo -el de ella como persona física- y su alter ego -el de ella como funcionaria- que, al parecer son individuas distintas. Una justificación que, por cierto, ya hemos escuchado argumentar a otros con más responsabilidad que esta estulta en la vida política nacional.

Supongo que el Presidente de la Xunta habrá tomado alguna medida con esta individua que, a fecha de hoy, ya debería estar cesada fulminantemente y de no ser así, el PP y sus dirigentes serán corresponsables de sus ofensivas palabras, dirigidas a todos los que, como yo, hablamos en español por dos razones, una por que es nuestra lengua, y otra, porque nos da la… gana.

Por cierto, ¿quién es esta individua para permitirse el lujo de decir lo de que nadie debería “atreverse a hablar en español”? Mira, tontita, yo me atrevo a hablar español y lo hago con orgullo, porque me gusta y me apetece y a ver si tú y los tuyos tenéis lo que hay que tener para prohibírmelo.