La semana pasada tuve el honor de ser invitado a la Escuela Política del partido AUR celebrada en Timisoara. Una escuela de formación para los cuadros de un partido, actualmente la cuarta fuerza política del país en el Parlamento, cada vez más fuerte (AUR es el tercer partido en intención de voto según las encuestas). Con el título “Rumanía en la Europa de hoy y de mañana”, las conferencias trataron desde cuestiones ideológicas a la diáspora rumana o el papel internacional de Rumanía.

En la primera jornada, el viernes, el profesor Radu Baltasiu, jefe del Centro Europeo de Estudios de Problemas Étnicos de la Academia Rumana, centró su discurso en la doctrina. El nacionalismo, el patriotismo y el conservadurismo frente a un  neocomunismo que se viste de progresismo y que en realidad no es más que “la dictadura de personas y entidades que no han sido elegidas por nadie”. Por su parte, el general Mircia Chelaru, miembro de la Cámara de Diputados y ex Jefe del Estado Mayor del Ejército, puso a Rumanía en el mapa geopolítico, destacando la importancia de la soberanía ante un panorama internacional cada vez más complejo.

Entre ambos conferenciantes tuve ocasión de presentar al público la realidad que vive España. Centré mi discurso en dos de las leyes más dañinas aprobadas por la izquierda y que la derecha globalista ha asumido con entusiasmo. La ley de violencia de género y la de memoria histórica, ahora democrática. Sin olvidar mencionar otras leyes de ingeniería social: aborto, eutanasia, animales, trans, etc. Una advertencia de lo que, si no lo impiden, algún día también llegará a Rumanía. Cuando tienes que explicar que en España no existe la presunción de inocencia para la mitad de la población,  que a las secuestradoras las llaman “madres protectoras”,  que disentir de la nueva historia oficial está multado por ley o que derribar cruces es un signo de tolerancia, la pregunta que te hacen es: “¿Qué clase de tiranía sufrís en España?” Supongo que llevamos tanto tiempo inmersos en esta locura que a veces no nos damos cuenta de todo lo que nos han quitado.

El sábado fue el turno de Vlad Cubreacov, periodista y ex diputado moldavo,  que explicó con detalle la diáspora rumana. Unos ocho millones de rumanos, a los que hay que añadir otros cuatro millones en Moldavia, viven fuera de su patria. Sin embargo, el gobierno actual, una alianza de socialistas (PSD) y liberales (PNL, miembro del Partido Popular Europeo), quiere importar 100.000 trabajadores de Bangladesh o la India, en lugar de favorecer el retorno de sus compatriotas. A continuación, Sorin Lavric, senador y filósofo, pronunció un tajante discurso sobre la soberanía nacional: “No podemos perder la batalla por la soberanía. Aquí no hay términos intermedios, o ganamos o la nación desaparecerá”.

El discurso de clausura corrió a cargo del organizador del evento y número dos del partido, Claudiu Târziu, que habló de una nueva aristocracia basada en el heroísmo y la meritocracia: “Necesitamos una revolución conservadora y ser mejores cada día”. Târziu también tuvo unas palabras para la Agenda 2030 y su ‘No tendrás nada y serás feliz’: “Ya vivimos eso en el comunismo, no teníamos nada y éramos esclavos. La libertad sin propiedad no es posible”. George Simion, presidente del partido, también tuvo unas palabras para los asistentes a la Escuela Política con un discurso en que destacó la riqueza de Rumanía y el ejemplo de países del “Este” como Hungría y Polonia.  

George Simion: “Es muy necesario que la gente se dé cuenta de lo que nos espera porque todos estos experimentos occidentales llegarán a Rumanía”.

Me reuní con George Simion, presidente de AUR, durante la celebración de la misa dominical en la catedral ortodoxa. Lo cierto es que es el dirigente de AUR es muy popular, y fueron muchas las personas que se acercaron a estrechar su mano una vez finalizada la misa. Finalmente,  pude conversar unos minutos con George Simion en la plaza de la Revolución, el lugar en el que se iniciaron las protestas que provocarían la caída del régimen comunista de Nicolae Ceausescu en 1989.

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Leyes que destruyen la nación.

¿Qué importancia tiene para AUR la organización de este tipo de conferencias?

Es muy importante porque somos un partido joven y la mayoría de nuestros miembros no estaban antes en política.  No tenemos cultura política, al igual que el resto de los rumanos, debido al totalitarismo, y mucha gente confunde la política con los ladrones que han dirigido Rumanía hasta ahora. Así que tenemos que enseñar a nuestros militantes cómo debatir, hacerles entender nuestras posiciones en el día a día, porque la política trata de eso, de los problemas del día a día. Por esa razón organizamos estas conferencias, dirigidas por Claudiu Târziu, desde hace dos años. Es muy necesario que la gente se dé cuenta de lo que nos espera, porque después del comunismo hemos tenido treinta años de libertad, pero todos estos experimentos occidentales que se están llevando a cabo en España, Francia o Italia, llegarán a Rumanía. Por eso es tan importante conocer e intercambiar experiencias, para organizar la resistencia de toda la gente normal del viejo continente.

En su intervención tras la clausura de la Escuela Politica puso como ejemplos  a Hungría y Polonia.

Por supuesto, Hungría y Polonia son un ejemplo para nosotros. La mayoría de los rumanos son conservadores y se están dando cuenta de lo que ha sucedido en estos últimos años en Rumanía.  También somos un país rico, pero debido a la mala gestión política y económica muchos rumanos han tenido que abandonar su patria  irse a trabajar a España o a otros países. Hay casi dos millones de rumanos en España, no es normal porque   tenemos un suelo rico, y tampoco lo es que  muchos estén trabajando allí en la construcción mientras que aquí existe un déficit de trabajadores en ese sector. Esperemos que en futuro, cuando AUR esté en el gobierno, podamos cambiar poco a poco esta situación y que los rumanos vayan a España de vacaciones o que se queden allí por decisión propia, es decir, que ningún rumano se vea obligado a abandonar su país por la pobreza o la mala situación económica.

Sin embargo, el gobierno rumano quiere traer a 100.000 inmigrantes.

Así es, y es totalmente absurdo cuando tienes a más de 5 millones de compatriotas en el extranjero. Ahora mismo los salarios están mejorando, pero queda mucho por hacer en infraestructuras, hospitales, etc. Si estas condiciones mejoran la gente, de forma natural, volverá a casa.

No hay elecciones en Rumanía hasta 2024. ¿Tienen la posibilidad de hacer pactos electorales con otros partidos o existe un “cordón sanitario” contra AUR?

No, no tenemos un cordón sanitario en Rumanía. El partido es aceptado, colabora en el Parlamento, y es capaz de formar mayorías en ayuntamientos y gobiernos regionales. El problema lo tenemos nosotros, porque no queremos formar un gobierno nacional con ninguno de los partidos que han dirigido Rumanía hasta el momento. Sin embargo, la situación en Rumanía es cada vez peor, por lo que esperamos la aparición de nuevos partidos con los que poder formar una coalición de gobierno.

Claudiu Târziu: “Creo firmemente que un movimiento político tiene que tener como guía una fuerte base cultural”.

El presidente del “Consejo Nacional de Liderazgo ” no es un político al uso. Mientras que la gran mayoría de diputados y senadores disfrutan de sus vacaciones, Claudiu Târziu ha estado visitando distintas localidades y reuniéndose con los militantes de AUR. Entre el 11 y 20 de julio estuvo en Moldavia, recorriendo más de 1.500 kilómetros, y desde el 5 de agosto ha viajado por toda Transilvania, aproximadamente 2.000 kilómetros más. El domingo, una vez que la totalidad de los asistentes a la Escuela Política se habían ido, hablé de nuevo con el líder de AUR en el Senado.

¿Está satisfecho con el desarrollo de esta Escuela Política de Timisoara?

Si, lo estoy. Hemos tenido conferenciantes muy buenos y los participantes estaban muy interesados en aprender y hacer preguntas. De modo que han salido de aquí armados con argumentos y con una clara comprensión de la situación de Rumanía en Europa y cómo queremos que sea mañana.

Muchos partidos de derecha no han prestado atención a los temas culturales, pero no es el caso de AUR. ¿Esto es debido a su experiencia anterior en organizaciones de la sociedad civil?

No sólo por este motivo, sino porque siempre he estado interesado en la identidad cultural rumana y en defender el modo de vida tradicional. Creo firmemente que un movimiento político tiene que tener como guía una fuerte base cultural. La acción política va detrás del pensamiento político, y si el pensamiento es correcto podemos esperar que la acción también lo será.

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George Simion y Claudiu Târziu

¿Siguen activos los movimientos de la sociedad civil en Rumanía?

Si, estos movimientos siguen activos, y creo que un partido fuerte debe mantener buenas relaciones con la sociedad civil. La sociedad civil puede ayudar al partido político y viceversa. Además, estos movimientos no sólo identifican los problemas de la sociedad, también proponen soluciones. Es otra forma de estar contacto con las personas a las que sirves. Obviamente me refiero a aquellos movimientos que ayudan a solucionar los problemas de la sociedad, no a los que están pagados desde fuera para crear una sociedad abierta.

¿Ha intentado el gobierno rumano avanzar en la agenda impuesta desde Bruselas o tienen miedo a la respuesta de la sociedad?

El gobierno ha intentado avanzar en la agenda y ha prometido públicamente que lo hará. Por ejemplo, en el Parlamento paramos una ley que pretendía introducir la educación sexual, en la que se introducía pornografía en las escuelas. Tras perder en el Parlamento, el ministro de Educación anunció que la ley saldría adelante mediante un decreto, aunque eso aún no ha ocurrido. Saben que contamos con el respaldo de la gente, que nos han votado para frenar esta clase de iniciativas. Pero esperamos que finalmente lo impongan por las presiones desde Bruselas e ignoren la voluntad de los rumanos.

¿Cuándo dice que lo pararon en el Parlamento es porque contaron con el apoyo de diputados de otros partidos?

Si, y eso es debido a que la opinión pública en general se opone a esta ideología y esto supone una presión muy fuerte para los políticos. Nuestro verdadero poder está muy por encima del 10% que tenemos en el Parlamento porque la mayoría de la población piensa de forma sana, nos ofrecen su respaldo y apoyan nuestros puntos de vista.