Otra vez recurro a una película de los fabulosos hermanos Marx para describir lo que está pasando, porque entre llorar y reír un poco, me quedo con esto último.[1] Sopa de ganso discurre en un país imaginario llamado Freedonia cuyo Presidente se llama Rufus (interpretado por Groucho), en donde las escenas y los diálogos se suceden a una velocidad epiléptica. Si a esa velocidad le añadimos la lógica del absurdo, el cocktail está servido y tenemos un magnífico retrato de lo que está sucediendo actualmente en este país (antes llamado España) porque no entiendo ni a los Gobernantes ni a la mayoría de los ciudadanos.

Comencemos por el Gobierno, que no se sabe aún si está a setas o a rolex, porque se encuentra dividido por dentro (quienes forman parte del mismo) y por fuera (quienes le prestan su apoyo en sede parlamentaria). El Vicepresidente se caracteriza por sus continuas salidas de “pata de banco” llegando a poner en verdaderos aprietos y haciendo la oposición al Gobierno del cual forma parte. Eso de que no estamos en una democracia plena por haber condenado a quienes se han rebelado contra el Estado reclamando ilegítimamente la independencia es para hacérselo mirar seriamente y plantea una tremenda paradoja. Esa paradoja consiste en que la primera parte es cierta (no estamos ante una democracia plena) pero no por el motivo que arguyen, sino por otras muchas cosas, entre las que se encuentra nada menos que la división de poderes efectiva. De eso (la ausencia de una auténtica división de poderes) ya he tratado ampliamente en otros posts a los que me remito para no repetirme.[2]

Y es que eso de tener al zorro dentro del propio gallinero ni funciona ni puede funcionar (aunque a corto plazo parezca rentable) porque se acabará comiendo a las gallinas. Si nuestro Presidente ya tiene serios problemas para mantener su palabra, con Iglesias al lado la situación es tan grotesca como lamentable, porque nunca se llega a saber bien por donde va a salir este individuo. Eso sí, tanto él como Sánchez persiguen el mismo objetivo que, en términos tan llanos como claros, consiste en mantenerse en el poder, mediante el sometimiento de los ciudadanos que cada vez se asemejan más a los borregos. Fuera las pymes, y fuera el sector privado que son quienes se rebelan frente al poder, que es lo único que les une, y ya tenemos un electorado predispuesto a no morder la mano de quien le da de comer.

Reproduzco, al efecto, uno de los diálogos de la película que da nombre a este post: Ministro: "¿Y si alzamos los impuestos?". Groucho Marx: "¿Y si alzamos la alfombra?”. Ministro: "¡Insisto en que tenemos que alzar los impuestos!". Groucho Marx: "Tiene razón tenemos que alzar los impuestos para poder pagar la alfombra". Y así hasta que caiga por agotamiento esa clase media a la que tanto parecen odiar ese dúo Sacapuntas que forma el tándem Sanchez/Iglesias, porque, aunque suene confuso, podría decirse: "Claro que lo entiendo, incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que traigan a un niño de cuatro años: a mí me parece chino!", dice Groucho en uno de los momentos de la película.

Su gobierno autoritario conduce a la anarquía (quizá porque ambos conceptos en el fondo no sean tan dispares) ya que la anarquía de un tirano es una forma de totalitarismo. España es, hoy por hoy, muy semejante a Freedonia (el país de Sopa de ganso) en donde el Presidente parece reírle las gracias al Vicepresidente y en donde cualquier atisbo de sensatez parece condenado al fracaso. Es todo un maldito juego de despropósitos en el que, lo que menos importa, realmente, es el ciudadano, que acudirá a votarles cuando sean llamado para ello, con tal de que papá Estado siga dándole dinero.

No nos equivoquemos. Poco o nada importa ya la libertad (salvo la suya), la unidad de España o el respeto por nuestra Constitución, porque lo que “vende” son los eslóganes baratos de corte “transversal” que se están utilizando por el propio Gobierno (y por los partidos separatistas que le apoyan). De ahí que hoy mi queja se dirija muy especialmente a quienes compran estos eslóganes negándose a escarbar en lo que realmente ocultan.

Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción y ciegos están quienes no son capaces de ver, no solo las torpezas de este Gobierno, sino la insultante forma en que las oculta. Porque vergonzoso es que se predique la libertad de expresión y simultáneamente se critique a quienes tienen la valentía de sacar a flote las promesas incumplidas, pero esa es una de las muchas consecuencias de tener un Gobierno socio-comunista. Llamemos a las cosas por su nombre, porque semejante Gobierno solo admitirá la libertad de expresión para aquello que conviene a sus intereses, pero para nada más. Y conviene a sus intereses una España invertebrada y dividida y una España (o Freedonia) en donde el sector público se acabe comiendo al sector privado (que camino vamos de ello). Eso y no otra cosa es lo que persigue este Gobierno, por mucho que presuma de defensor de las libertades públicas y si no es cierto que se lo pregunten al propio Iglesias (en su calidad de Vicepresidente) o  a un niño de cuatro años.

Pero dejo ya al Gobierno (y a quienes de una forma u otra le apoyan) para centrarme en quienes les votan, tomando como referencia lo que acaba de verse en las elecciones de Cataluña. No ha importado la soberbia de Illa al negarse a hacerse la prueba del SARS 20 (y mira que es delito llamarse, encima, Salvador), ni la promesa, que será incumplida, de no aliarse con el independentismo. Al final han reunido un elevado porcentaje de votos sin que pueda saberse, a ciencia cierta, qué es lo que esperaban de ellos sus votantes.

Y me pregunto … ¿acaso han sido votados por quienes no desean la independencia de Cataluña? Porque si es así, confieso no entender nada, porque eso no podrá impedirse votando al PSC, aunque “hay gente pa´tó”. [3] Me quedo dudando, entonces, entre la pura ignorancia, la costumbre o la mera inercia de seguir votando a los mismos, aunque los “mismos” se hayan convertido en “otros” que es lo que le pasa al PSOE tras su concubinato con Podemos. De modo que tras mucho echar la culpa a nuestros políticos resulta que la verdadera culpa de lo que nos pasa y lo que nos pasará, no está realmente en ellos (aunque no quedan exonerados). Se encuentra en quienes no miden ni meditan su voto y, sobre todo, en quienes prefieren la comodidad de no ejercer el derecho al voto, que es el único medio legítimo que tenemos los ciudadanos para elegir a quienes tienen que gobernarnos.

Triste conclusión, con la que cierro este breve post, ocultando mi sonrisa etrusca, y recordando que la tiranía viene muchas veces de la mano de la ignorancia de quienes, pudiendo haberla evitado, no lo han hecho, por no haber ejercido de forma consciente su derecho a votar.

 

[1] Me refiero al post LA ESPIRAL DE LOS DESPROPÓSITOS: UNA NOCHE EN LA OPERA que puede ser consultado en el siguiente link:

 https://www.linkedin.com/pulse/la-espiral-de-los-desprop%C3%B3sitos-una-noche-en-opera-villar-ezcurra/

 

[2] Entre otros ¿MIEDO AL ESTADO DE DERECHO? que puede consultarse en el siguiente link:

https://www.linkedin.com/pulse/miedo-al-estado-de-derecho-jose-luis-villar-ezcurra/

 

[3] Se cuenta que cuando el escritor y el torero fueron presentados por José María de Cossio, y El Gallo se enteró de que Ortega era filósofo y de que su trabajo consistía en dedicarse a pensar, pronunció la famosa frase que ha pasado a la posteridad: “Tié q’haber gente pa’tó”.