Queridos lectores:

En esta ocasión seré dramáticamente conciso.

Nos hallamos inmersos en un proceso de degradación de nuestro sistema político, protagonizado por un grupo de saboteadores que persisten en su sucia tarea de demolición mientras se mofan de la población decente. Estos indeseables son los primeros asombrados de que, pese a su traidora aptitud, no hubiesen experimentado respuesta contundente por nuestra parte, y la situación se está tornando angustiosa para el sector más consciente de nuestra sociedad, que día a día detecta los daños irreversibles causados a nuestra democracia, que tanto valoramos, y la gestión es tan caótica que ha llegado el momento en que los Organismos del Estado tengan la obligación moral de movilizarse y autodepurarse, pasando por alto los principios democráticos que solo sirven de impedimento en casos de emergencia; las sirenas deben ulular, las campanas tocar a arrebato y nuestro pueblo movilizado clamar por una alerta anticomunista, como dijo un notorio hijo de mala madre, una vez admitido que resulta manifiestamente mezquino el mirar para otro lado respecto a los preocupantes acontecimientos que afectan a nuestras naciones hermanas como Perú, Argentina, Venezuela, Cuba y otras muchas que, en su afán de ofrecer libertades, se han enganchado en la sutil tela de araña del socialismo comunista, y es que “en este mundo en tecnicolor, todos queremos ser delgados y demócratas”.

Nuestros vecinos del querido Portugal han tomado a tiempo cartas en el asunto, cambiando las cosas de modo incruento. Bastaría con decir: ¡Ojo, somos el pueblo y estamos aquí! para que nuestra regeneración comenzase asumiendo un Proceso Constituyente, donde se declarasen ilegales a aquellos partidos cuyos principios fundacionales atenten contra la estabilidad de nuestro sistema; la autodepuración de los jueces afectados por la pandemia política, que solo buscan el medrar a base de servilismo y claudicación, así que, los más notorios fuera de la carrera judicial, considerando que el hecho de superar una oposición no da derecho de impunidad para el ejercicio del terrorismo  político traicionando la equidad de la ley; en lo que concierne a las Fuerzas de Seguridad no es necesaria limpieza alguna, pues a lo largo del desempeño de su labor han sido continuamente traicionadas y humilladas en lo que respecta a su sentido patriótico, y pese al descontento, y una vez corregidos errores del pasado y aprendida la lección, resisten disciplinadamente en primera línea luchando contra la delincuencia que este funesto gobierno no solo protege, sino que alienta para que sirva de ariete de la izquierda contra la sociedad conservadora. En cuanto a este payaso que continuamente nos ofende con sus estupideces, y que día a día se afana en sacar de su chistera nuevos indeseables que nos aleccionan para no usar la corbata como fórmula mágica para concluir con nuestra crisis energética, que como siempre es causada por los otros ¡Ellos son las vírgenes en la cama redonda! El farsante, tras reírse en nuestra cara con lo de la corbata, nos humilló usando un helicóptero Súper Puma para recorrer los escasos veinte kilómetros que lo separaban de la base de Torrejón, donde lo esperaba el Falcon que lo llevaría por el mundo a promocionar su retiro profesional; que es principio, fin e impulsor de todas sus andanzas, mientras el nuevo payaso incorporado a la trup nos anunciaba una ley que impedirá conocer la documentación sensible de las fechorías socialistas hasta pasados cincuenta años, con posibilidad de ampliación de plazo, o sea, que si algún día llega a estar su contenido al alcance de los españoles, los receptores serán nuestros nietos, ya contaminados por la mistificación de la memoria histórica y los programas basura de las televisiones extranjeras que se lucran con la protección del Estado, aunque inevitablemente caerán de la burra cuando les toque afrontar las consecuencias político-económicas de nuestros zoquetes totalitarios y, en particular, nuestra descomunal deuda exterior incrementada por los infinitos fraudes en la compra de vacunas y mascarillas anticovid, donde se han lucrado empresas fantasmas de todo pelaje y  políticos “hijos de puta” que actuaron como colaboradores necesarios en tan inhumano despojo, y se enteraran de lo que vale un peine. Esto último, expolio por lo que representa en cuanto a inmoralidad y gansterismo, al igual que los eres de Andalucía, exige el mayor rigor, severidad y ejemplaridad en cuanto al castigo de los culpables. Con esto se devolvería a nuestros compatriotas la fe perdida. Y, en lo que afecta a los altos estamentos militares, no juzgo necesaria la depuración, pero si aconsejo aquella vieja práctica, invento de los gitanos, que perseguía convertir a un venerable anciano equino en un potro garañón e indómito: ¡Ponerle avispas en los huevos! Así harían honor al uniforme que visten, pues si los civiles tenemos el deber patriótico de defender nuestro orden social, los uniformados “tienen la obligación” de imponerlo; y respecto a la continua traición de los prepotentes independentistas de Txapela y barretina, alguien con agallas tendría que ponerlos en su sitio por la vía de los hechos consumados, haciéndoles sentir las duras consecuencias de boicotear el progreso de nuestra Nación con su egoísmo y rapiña fanatizada, y para concluir, ¿cómo no? derogar la maldita Ley de D’Hondt, haciendo que gobierne el partido más votado y adoptando un sistema similar al inglés, sin trueques ni transacciones, y, ya metidos en harina, con esto llegamos al allegro molto vivace de nuestra seráfica sinfonía con respecto al indeseable traidor, culpable de nuestra decadencia al habernos empleado como moneda de cambio en su provecho; decirle cariñosamente al oído mientras se le aprietan despiadadamente los testículos: ¿te vas voluntariamente o te echamos a patadas? Tú eliges.

Y concluido este proceso, todos aprenderemos a remar al unísono, y nos alentaremos gritando viva España, con la monarquía restaurada por un rey de “porcelana de biscuit” que, por una vez en la vida, habrá traicionado los principios sagrados de la saga de los Borbones defendiendo a España, así que, ¡menos uniformes, menos sonrisitas complacientes y más patriotismo! ¡Adelante, échele huevos y se sentirá merecedor de la buena vida que le proporcionamos, sintiéndose, de una vez por todas, en paz consigo mismo! ¡Viva la hombría! Y a buen entendedor sobran razones.

Y una vez aliviado el dolor que me ocasiona la indignación, con su permiso, los dejo, ya que tengo que hacerle la comida a “mi señorita” que es muy exigente con el servicio. Si sigo por este camino, algún día acabaré con mallas y plumas en la cabalgata del orgullo LGTBI, pero que le voy a hacer, si le he cogido afecto.