Vivimos tiempos complicados, tiempos en los que la traición ha adquirido carta de naturaleza en nuestra amada Patria; la traición, que, al más rancio estilo del Conde Julián -aquel que se alió con el moro para que invadiese España en 711-, está protagonizada y de la que es principal artífice, como siempre, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tan habitual en estas lides, toda una seña de identidad en su lamentable y penosa historia.

En 1978, el pueblo español, tan rico en calidades entrañables como decía José Antonio, nos dimos una Constitución que, con sus virtudes y defectos, fue capaz de superar los enfrentamientos de otros tiempos y, con ella, comenzamos a caminar resueltos por la senda de la democracia. Una Constitución que aprobamos y acatamos todos como se demostró, mayoritariamente, en las urnas.

Hoy, a lo que se ve, tan solo cuarenta y dos años después, todo aquello se ha convertido en papel mojado y, valiéndose de mil artimañas, a cada cual más artera, la izquierda -siempre son los mismos- se salta a la torera la noma suprema de convivencia, haciendo añicos aquella superación de viejas rencillas.

Partimos de un error de base tolerado, e incluso auspiciado, el juramento falsario de la mayoría de los representantes de esa izquierda, odiosa, miserable y sectaria, que, cada vez que alguno de sus integrantes asume un cargo de representación por el que va a cobrar sus buenos dineros, pagados por todos los españoles, dice aquello de “por imperativo legal”, que no es otra cosa que una vulgar triquiñuela que parece liberarlos de la obligación de dar cumplimiento al juramento o la promesa que realizan delante del libro de la Constitución.

Decimos que es un error de base, ya que aquel que no jure o prometa el acatamiento, sin reservas, a la Constitución, de acuerdo con la fórmula oficial que se establezca, no debería, por Ley, posesionarse de su cargo y, de esta manera, no se haría acreedor a percibir salario alguno pagado por los españoles.

Pero hay más, ¿cómo es posible que se tolere, por muy demócratas que pretendamos ser, la existencia de partidos que, en sus normas programáticas, abogan por la ruptura de España? Pues sí, no solo se toleran, sino que aun encima gobiernan, al igual que aquellos otros que pretenden, de forma descarada, tumbar el régimen y encima de jactan de ello.

En la Constitución, esa norma suprema por la que se rige España, están condesadas las “reglas del juego” por las que debe regirse aquel que quiera entrar a jugar. En ella, se consagra que España en es una monarquía parlamentaria, en consecuencia sobran los que, como los podemitas, tienen como objetivo prioritario conducirnos a una República, llevándose al Rey por delante; también en ella, se describe nuestra Enseña nacional, Bandera que, con la aquiescencia de los social-comunistas, se desprecia pretendiendo, incluso, despenalizar sus agravios; la Constitución menciona la integridad territorial de España; sin embargo, hay socios del gobierno, esos que los socialistas llaman “valientes patriotas”, que tienen como único objetivo -podemitas, proetarras, golpistas y separatistas en general- la destrucción y ruptura de nuestra Patria.

La Constitución, consagra nuestros derechos fundamentales, libertad de movimiento, libertad de reunión, libertad de opinión, libertad de culto, ¿dónde están respetadas esas libertades? Han limitado, de forma impune, más allá de toda legalidad, nuestra libertad de movimiento y de reunión; han comprado, con nuestro dinero, a la opinión pública para que se calle de forma vergonzosa y no clame, defendiendo los principios constitucionales; la libertad de expresión, consagrada en la Constitución, está en serio peligro al pretender controlar las redes sociales para taparnos la boca como lo están haciendo con esos bozales que nos han obligado a colocarnos, y en el colmo de la paranoia chavista/bolchevique, estos partidos antiespañoles y anticonstitucionales, pretenden ilegalizar a VOX, contraviniendo todas las normas legales, por ser el único que levanta la voz, defendiendo los derechos de los españoles ya que, tanto los peperos como esa entelequia que se llama ciudadanos, se cuidan mucho de ponerse de perfil, no sea que el papá sociata, con aires y maneras de macarra de barrio chino barato, se cabree y no los deje salir en la foto.

Nuestra Constitución, consagra que todos somos iguales ante la Ley, ¿lo somos realmente? ¿Cómo podemos -me repugna utilizar este tiempo verbal- serlo si la Fiscalía del Estado está cautiva y controlada por el poder político?, ¿cómo podemos serlo cuando los Tribunales están presionados desde instancias gubernamentales?, ¿cómo podemos serlo cuando socialistas y comunistas están maniobrando para acabar con la independencia del Poder Judicial?

La Constitución es clara al señalar que todos los españoles tenemos el derecho y el deber de conocer la Lengua de España, el español, un elemento fundamental para la cohesión nacional. Sin embargo, ahora pretenden desterrarlo de una buena parte de nuestro territorio, incluso intentan -ya lo lograron en el Senado- contratar traductores para que cada uno pueda usar el idioma que quiera en sus intervenciones en el Congreso. El colmo de la maldad, del absurdo y del despilfarro.

Es vergonzoso lo que está sucediendo en esta España social-comunista donde la Constitución se la saltan todos a la torera sin que casi nadie levante la voz. Nos han convertido en un país de cobardes, de aborregados, de aterrorizados, de incapaces de defender nuestros más elementales derechos por la creencia de que eso nos va a salvar del “chinovirus”.

El domingo, celebraremos un nuevo aniversario de la Constitución, desconozco si este año se va a abrir el Congreso para permitir que la ciudadanía lo visite, supongo que no, pero si se abre, rogamos que quien lo muestre refiera, no solo las huellas de los disparos que conserva el techo del hemiciclo, sino también que la mayoría de los que allí se reúnen, de forma habitual, son los que, con la anuencia y complicidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) -el único culpable-, pretenden destruir España y llevar a la ruina a los españoles.

Creo que ha llegado el momento de clamar en defensa de nuestra Constitución, de exigir a todos los poderes públicos el cumplimiento estricto de los preceptos en ella contenidos, de forzar, a unos y a otros, a que se cumpla la Ley y a quien no esté por esa labor, apearlo de carro ya que armas legales hay más que suficientes para ello.

Ojalá que un día los españoles perdamos ese miedo que, cuidadosamente, nos han inoculado de forma tan inicua los social-comunistas y seamos capaces de levantar la voz, exigiendo se de cumplimiento a nuestra Constitución, de lo contrario estaremos perdidos como pueblo para siempre.

Desde aquí, me uno al grito de ¡viva la Constitución!

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