La paz sin sumisión, la belleza sin ostentación y el placer sin molicie”

Dicen que en España actualmente hay 21.000.000 de personas bajo la bota - disfrazada de bienestar - del Estado. Otros añaden que esa cifra se eleva hasta 25.000.000.

George Orwell se equivocó de año, pero no de futuro. Aquí tenemos al Gran Hermano.

Los de mi generación – tengo 77 años - somos los últimos hombres libres. Desde que teníamos lo que en aquel tiempo se conocía como “uso de razón” sabíamos que, si no trabajábamos, nuestro futuro no existiría. De esa forma y ya desde muy jovencitos nos preparábamos para construirnos un buen futuro para nosotros y para los que más tarde formarían nuestra familia. Estudio y trabajo eran nuestros quehaceres y alcanzar la mejor posición social y económica era nuestro sueño. Y en ello ejercíamos nuestra libertad, si, nuestra libertad, porque éramos libres para hacer o no hacer. Ejercíamos nuestra libertad mediante la responsabilidad, la dedicación, el esfuerzo y el mérito, palabras que este gobierno comunista ha enterrado. Valores que se apreciaban en aquella sociedad y que en esta están denostados. Recorríamos el camino de nuestras vidas libremente en el conocimiento de que nada ni nadie nos iba a subsidiar, de que éramos nosotros, en el ejercicio de nuestra libertad, los que forjábamos nuestro futuro. No queríamos el plato de lentejas gratis a cambio de nuestra libertad, no queríamos una paz basada en la sumisión. Y, hete aquí, que las nuevas generaciones – nuestros hijos y nietos – han sido educadas, encaminadas, encandiladas, dirigidas hacia la búsqueda, no del futuro mediante el esfuerzo, el mérito, la dedicación y la responsabilidad, sino la entrega de su libertad a cambio de un subsidio que les garantizaba que respirarían, no que vivirían. No se vive mientras no se viva en el ejercicio de la libertad, no se vive bajo la bota – disfrazada de bienestar - de un Estado que, a cambio de tu sumisión, te paga una miseria para que puedas respirar todos los días, que no vivir.

Somos los últimos hombres libres. Nuestra generación es la última generación libre, las actuales generaciones y las venideras han entregado y entregaran su libertad por los huesos que, como perros agachados bajo la mesa del banquete, le tiran los que llenan sus orondas barrigas socialistas comunistas. No les importan porque estas nuevas generaciones del “esto es lo que hay” y “no quiero abandonar mi espacio de confort” prefieren respirar todos los días mediante un subsidio mísero, que vivir libremente, porque el subsidio es muy cómodo y la libertad es muy incómoda y peligrosa. Es así que 21.000.000 de hombres o 25.000.000 según otros, respiran – que no viven – bajo la bota de este Estado totalitario presidido por un autócrata sin escrúpulos. No les importa para nada que su esclavitud venga reflejada en ese subsidio que mensualmente le llega como un respirador para garantizarles que seguirán respirando- que no viviendo – mientras sean sumisos a los dictamines del Estado.

Nosotros, los últimos hombres libres que vivimos nuestras vidas en el riesgo y la responsabilidad de nuestra libertad, vemos con tristeza como esta nación, que levantamos con ímprobos esfuerzos, se desmorona porque las nuevas generaciones prefieren votar a quien le va a exigir sumisión por una paga de miseria, que a quien les ofrece oportunidades de futuro. Estas generaciones vienen votando de continuo subsidio en vez de libertad; esta ya la han entregado como Esaú entregó su primogenitura a Jacob por un plato de lentejas.