Dicen que no hay bien que por un mal no venga, aserto que nuevamente se hace realidad, ya que el maldito coronavirus --castigo divino a una sociedad degenerada que lleva décadas ofendiendo gravemente a Dios, dicho sea de paso--, está sirviendo a alguno para su propio bien, que no es otro que lograr que se pase de puntillas sobre uno de los peores virus y males de España desde hace varias décadas: la felonía de rey emérito.

El felón, según la RAE, es quien comete felonía, que es la violación de la fidelidad debida por parte de un vasallo a su señor. Es decir, de una traición, pero específicamente dirigida hacia un mentor, unos ideales o una bandera. En este caso el señor y la señora son el pueblo español y España, y el vasallo su rey emérito, cuya trayectoria, a estas alturas estaba muy clara, bien que ahora, tal vez por aquello de a la vejez viruelas, por fin comienza a darse a conocer… por los que, por puro interés, y por su propia felonía, la han ocultado desde… el 23F; si no desde mucho antes.

De tapadillo han pasado por los medios oficiales, que menos el Correo de Madrid y algún que otro lo son todos, sobre la noticia de que ante la absoluta infección de D. Juan Carlos por el CorinnaVirus, Felipe VI le ha despojado hasta de la asignación; que por otro lado no necesitaba porque ya se sabía que la “pasta” la vinía poniendo a buen recaudo en el extranjero desde casi cuando era niño de teta de Franco. Todos recordamos aquella frase atribuida al emérito y nunca desmentida según la cual “si un día me echan de España como a mi abuelo, no me iré con una mano delante y otra detrás como él”.

Se atribuye también a ese ilustre mentecato y manipulador profesional, el periodista Miguel Ángel Aguilar, la firma tácita a raíz del 23F de un pacto de silencio sobre D. Juan Carlos, algo así como “al rey ni tocarlo”, en recompensa por haber cumplido al detalle con “su papel” en tal evento, lo que a “los demás” implicados en él, que eran todos, les iba a servir de tapadera del cubo de basura en que ya tenían pensado convertir a España; como vemos que han logrado de forma que “no la reconoce ni la madre que la parió” (Arfonso Guerra, ese ejemplo de hombre, dixit).

No hay día en que, poco a poco, que es la forma en que al final saldrá todo, vayamos conociendo la inmensa profundidad del abismo de felonía de D. Juan Carlos, su traición, como exige la RAE para poder aplicarle tal apelativo, a su mentor, Franco; a su señora, España; a su señor, el pueblo español; a sus ideales, que son su unidad, soberanía e independencia; a su bandera, arrastrada por el lodo constantemente; a los muertos, caídos gloriosamente o vilmente asesinados, y también, claro, a su Constitución, que por defectuosa que sea, es peor cuando, como viene ocurriendo desde siempre, se la vulnerada sistemáticamente por todos. Respecto a la felonía del emérito a su esposa e hijos debido a su degeneración moral, conviene citarla también porque su ejemplo ha calado en sus vasallos en cuyas vidas ha incidido y contagiado, así como infectado a nuestra nación, porque nada más indignante y degradante que tener que contemplar a sus múltiples rameras llevarse la pasta, tirarse el pegote junto a él y disfrutar de las prebendas pagadas con nuestros impuestos; lástima que los motines ya no están de moda, porque nada más justificado, como aquel de Aranjuez, que el de la Zarzuela.

La pregunta que queda en el aire es esa cuya respuesta en realidad todos sabemos, pues ya peinamos canas, y que no es otra que: ¿con un padre, un cuñado, una hermana y alguna tía felones, Felipe VI no lo es? Poco o nada creíbles son ahora las drásticas medidas que dice tomar, pues llegan tarde y más parecen deberse a que corre a poner sus barbas, que las tiene, a remojar, viendo las de su nada augusto padre comenzando a quemar.

El problema para España de las felonías del felón, es que en la podrida situación en que nos encontramos, y pero aún debido a ese proceso revolucionario avanzado en que nos hallamos, parece que la alternativa republicana, más que justificada, se hace difícil porque sería la antiEspaña en alza y decidida, la que se haría con ella (cambio de símbolos nacionales incluidos) retrotrayéndonos a lo peor de nuestro no muy lejano pasado como vemos que quieren.

El otro problema es que la defensa de la Corona, de esta Corona felona, por parte del PP, encaja, porque tal partido y sus votantes son tan felones como ella, pero la aparentemente obligada defensa por parte de VOX le deja a los pies de los caballos revolucionarios al hacerle su cómplice, lo que neutraliza en buena medida su discurso de “España por encima de todo”, ya que si son coherentes debería ser también por encima del rey, y no sólo del emérito.