Creo yo que todos habremos visto alguna vez la imagen de los tres monitos que se tapan los ojos, los oídos y la boca. Podía ser una buena imagen de nuestra sociedad. Parecemos muy interesados en no ver lo que pasa un poco más allá de nuestros intereses inmediatos, en no ver lo que pasa en el mundo. Pero ocurre que estamos en el mundo, y el mundo, por muchos muros que queramos construir, nos influye de una manera decisiva, nos guste o no.

Somos una sociedad muy orgullosa de sus avances científicos y tecnológicos. Pero cuando la ciencia nos dice algo que no nos gusta, miramos para otro lado. Esto está muy claro en el caso del cambio climático. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático, el grupo formado por los científicos más destacados en este campo, nos advierte de los graves riesgos que corre la humanidad con el progresivo calentamiento de nuestro planeta. Y también nos dice que este calentamiento está provocado por la acción humana. Pero nuestros gobiernos se dedican a marear la perdiz en interminables conferencias de las que no salen decisiones concretas y eficaces. Y nosotros tan tranquilos.

Ciertamente no todo el mundo mira para otro lado. Millones de personas en el mundo se afanan buscando una solución. Entre ellas seguramente la persona de más relevancia mundial sea el papa Francisco, que dedicó su primera encíclica al cuidado de nuestra Casa Común, a la conservación de este planeta en el que todos vivimos. Ve que “Lamentablemente muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las causas de la falta de interés “Van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas”. ¿Dónde nos situamos nosotros, en la indiferencia, la resignación o la fe en la tecnología??

Ciertamente muchas personas, que reconocen el hecho del calentamiento y los daños que puede acarrear, ponen su esperanza en que se den avances tecnológicos que puedan paliar ese daño. No se dan cuenta de que es precisamente esta sociedad tecnológicamente avanzada, que envía al espacio todos los años millones y millones de toneladas de gases de efecto invernadero, la que está creando el problema. Desde luego la tecnología es necesaria, pero no para arriesgarse ideando nuevos y extraños métodos para evitar el calentamiento, sino para evitar las causas que lo producen: para sustituir los combustibles fósiles por energías renovables y fabricar toda clase de dispositivos mucho más eficientes y menos consumidores de energía, desde los medios de transporte al aislamiento de las viviendas.

El papa Francisco no se desalienta: “La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”. Es consciente de que la construcción de una Casa Común, sostenible y acogedora para todos los seres humanos, exige cambios muy radicales. Por eso nos hace ”La invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso… y la propuesta de un nuevo estilo de vida”

Esto es un problema que nos afecta a todos los seres humanos y deberíamos, de una vez, abrir los ojos y mirarlo seriamente. Y a los cristianos creo que esto debería preocuparnos mucho más que una hipotética invasión musulmana.