Se cumplen ahora ochenta y seis años del comienzo de la Guerra civil española. Un hecho que tanto por su distancia en el tiempo como por haber sido asimilado hace varios decenios por la población, debería pertenecer en exclusiva a la historia.

Ya hubo una reconciliación por parte de aquellos que participaron en la contienda y es obvio que no tiene ningún sentido que tanto tiempo después, por gentes que no lo vivieron, se reabra ese capítulo y con ello las heridas, las desconfianzas y las divisiones. Eso es lo que pretende la Ley de memoria democrática.

El diecisiete de julio de 1936 en Melilla se levantó un grupo de militares al grito de “Viva la República” y con la bandera tricolor, precisamente para asegurar una legalidad y una seguridad que hacía tiempo que había dejado de existir. Su fracaso, tanto en cuanto no logró derrocar al gobierno e implantarse en todo el territorio nacional, condujo a que se desarrollara una guerra que iba a durar casi tres años.

Pero no habría que interpretarlo solamente como una “cuartelada”, tan en boga el siglo anterior, si no que el apoyo y las simpatías entre la población eran muy significativas, tanto que para hacerlo comprensible y entenderlo mejor habrá que recordar las palabras de Gil Robles cuando dijo aquello de: “la mitad de la nación no se resigna implacablemente a morir”.

Lo importante que debería saber la ciudadanía, y que ya ha olvidado, es que existieron una serie de causas que llevaron precipitadamente a nuestro país al conflicto civil, unos motivos que la República propició y fabricó, y que explican el levantamiento de Asturias, de los catalanistas, de los anarquistas…y también de esa “media España” a la que le era inaguantable permanecer impasible ante aquel estado de cosas.

Y es que son precisamente aquellas causas que propiciaron la guerra, aquellas circunstancias las que deberían condenarse y no que ante ese panorama hubiera quienes se levantaran y dijeran “basta”.

Queden aquellos años en la historia y sean los historiadores los que se pronuncien al respecto. Conózcanse aquellos días y se explique lo que pasó. Por encima de todo, para que nunca vuelva a suceder.