Tras el fracaso de los objetivos más ambiciosos de la operación militar especial, el 25 de marzo el Ministerio de Defensa ruso declaró que sus fuerzas se retiraban del norte de Ucrania para concentrarse en el Donbás. La conquista de los territorios reclamados por las repúblicas populares de Donestk y Luhansk era uno de los objetivos declarados de la invasión y, desde luego, su anexión podría salvar la cara del Kremlin en una guerra en la que se han cometido demasiados errores. Por tanto, la batalla del Donbás se ha centrado en conquistar Luhansk, Donetsk y Kherson. En Luhansk, las fuerzas rusas capturaron las fronteras administrativas de la región el 3 de julio tras la retirada ucraniana de Lisychansk y de sus alrededores. Como en el caso de Severodonetsk, los rusos no han logrado cercar a los defensores que, según el ejército ucraniano, se retiraron de la ciudad por la falta de equipo y para evitar bajas. El objetivo ahora es Donetsk, que sigue en gran parte en manos ucranianas y Kherson, donde los rusos han sufrido varios contraataques y están a la defensiva. En Kherson, los partisanos ucranianos han iniciado una campaña con coches bomba contra los miembros de la administración pro-rusa de la ciudad y el pasado 24 de junio mataban de este modo a Dmitry Savluchenko, concejal de juventud y deportes. La actividad partisana es cada vez mayor y el pasado 2 de julio los partisanos hicieron descarrilar un tren blindado ruso que transportaba municiones cerca de Melitopol, aunque según medios rusos se trató de un “accidente”.

A pesar de haber evitado el cerco ruso, las fuerzas ucranianas han sufrido una enorme cantidad de bajas. El propio Zelensky habló de 100 bajas diarias durante la batalla por Severodonetsk, sin embargo, la movilización y motivación del ejército ucraniano siguen siendo altas. Por el contrario, Rusia está acusando el elevado número de bajas y la opción de la movilización general, tan demandada por los sectores más duros del ejército, no está aún sobre la mesa debido a su impopularidad. En las batallas por las ciudades de Luhansk el peso del combate recayó sobre todo en los chechenos (aunque según la inteligencia ucraniana casi un 50% de sus unidades están compuestas por rusos), batallones de reserva, los mercenarios del grupo Wagner y las fuerzas de las repúblicas populares. A finales de mayo, los soldados del 105 y el 107 regimiento de la RPD (República Popular de Donetsk) se negaron a combatir en Luhansk después de haber servido en Mariúpol, denunciando que los estaban utilizando como “carne de cañón” y que muchos de sus hombres carecían de una instrucción militar adecuada.

Soldados del 107 regimiento de la RPD

Precisamente, la estrategia rusa en la batalla del Donbás ha tratado de frenar la sangría de las primeras semanas del conflicto. Los rusos han avanzado lentamente utilizando su superioridad manifiesta en artillería, en una proporción de diez a uno, y han empleado con menos ligereza sus vehículos blindados. Es más que evidente que las enormes pérdidas causadas por los ucranianos han provocado este cambio de estrategia y los rusos están utilizando todas sus reservas, incluyendo los antiguos T-62 cuya producción finalizó en 1975. La falta de componentes de alta tecnología, que antes eran suministrados por países occidentales, parece ser la responsable de que se haya detenido la producción de nuevos tanques. El único fabricante de tanques de Rusia, Uralvagonzavod, interrumpió su producción en marzo.

En el lado ucraniano las antiguas armas soviéticas están siendo reemplazadas poco a poco por el armamento occidental. Aunque Ucrania sigue recibiendo T-72 de los países que antaño pertenecieron al Pacto de Varsovia (Eslovaquia se ha comprometido a entregar sus Mig-29), un armamento que los ucranianos conocen muy bien y pueden poner en uso muy rápidamente, la presencia del armamento OTAN es cada vez más relevante. La llegada de las armas pesadas, en la que los ucranianos han insistido tanto, está empezando a hacerse notar en el frente. Los HIMARS (Sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad) M142 estadounidenses, con un alcance de más de 70 km y una precisión milimétrica, han permitido a los ucranianos lanzar una campaña contra la infraestructura militar rusa golpeando bases y depósitos de municiones en Melitopol, Belgorod y Popasna. Estos ataques pueden reducir significativamente la capacidad de la artillería rusa.

HIMARS en acción

Un ejemplo de la capacidad de las armas recibidas por Ucrania fue el “gesto de buena voluntad” de Rusia la semana pasada, cuando retiró sus fuerzas de la Isla de la Serpiente en el Mar Negro.  La isla fue tomada al inicio de la guerra y dotada de sistemas de defensa aérea, pero fueron barridos por los misiles y artillería ucranianos. Ante la continua perdida de hombres y material, los rusos decidieron la retirada (“gesto de buena voluntad” en el argot del Kremlin).

En principio, la batalla por Donetsk debería seguir el mismo guion que la batalla por Luhansk. La cuestión radica en si Rusia puede mantener la presión y si Ucrania se mantiene firme en su defensa. Pero al mismo tiempo, este avance palmo a palmo puede obligar al Kremlin a una movilización, parcial o total, ante la escasez de efectivos en una guerra prolongada, a enfrentar una posible guerra de guerrillas en su retaguardia y a hacer frente a un ejército ucraniano que cada vez está mejor equipado. Para los ucranianos, una guerra prolongada significa más destrucción y el riesgo de que sus aliados, apremiados por la crisis energética y económica, empiecen a presionar a Ucrania para que acepte las demandas rusas.

La opción de “paz por territorio”, una postura que hasta hace muy poco defendían Alemania y Francia, podría ser presentada como una victoria por el Kremlin, pero para que haya un vencedor tiene que haber un vencido y Ucrania no se plantea ninguna clase de rendición. Además, la posibilidad de que los aliados presionen a Ucrania por el enorme coste económico de la guerra también parece más lejana después de la visita de los líderes de la UE a Kiev y de las cumbres del G7 y de la OTAN, en las que se ha reforzado el compromiso con Ucrania. Estados Unidos anunció un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania por valor de 820 millones de dólares que incluye munición adicional para los HIMARS y dos NASAMS (Sistemas Nacionales Avanzados de Misiles Tierra-Aire), 150.000 proyectiles de artillería de 155 mm y cuatro radares adicionales de contra-artillería. Para muchos en el Pentagono la derrota de Ucrania significaría una derrota de la OTAN, demasiado después de la humillante retirada de Afganistán.

¿Puede esta ayuda militar inclinar la balanza del lado ucraniano? ¿Podrá Rusia mantener la fuerza de su ofensiva y apoderarse del Donbás? Lo veremos en las próximas semanas, lo único seguro es que la guerra está muy lejos de terminar.