El aspecto más sorprendente del equipo italiano es que es el único de los competidores que no incluye ningún jugador de color”. Así lo ha expresado en un tweet el semanal británico The Economist, en un manifiesto ataque de indignación “antirracista” contra Italia y su selección nacional de futbol, campeona de la Eurocopa 2021, por ser un equipo “demasiado blanco”.

Los ingleses sangran por su herida. El triunfo azzurro, en el mismísimo estadio de Wembley de Londres, no ha sido digerido y probablemente nunca lo sea.  Una herida provocada por ellos mismos cuando se quiere ser más papista que el Papa o encabezar la lucha antirracista en Europa con su versión del Black Lives Matter.

Los ingleses han sido los pioneros en hincar la rodilla en el campo de juego antes del comienzo de un partido de la Premiere League y lo han sido también en la Eurocopa 2021. Y el tiro les ha salido por la culata. Los nuevos adalides del multiculturalismo rendidos ante el moderno tótem del supremacismo racial antirracista, no escatimaron su desprecio y odio hacia los italianos agrediéndolos físicamente e invitando a meterse sus macarrones, pizzas y calzones por donde les quepa. Los ingleses se escandalizan por el racismo italiano mientras que su impotencia estallaba en las redes sociales con insultos contra Rashford, Sancho y Saka, los tres jugadores ingleses de raza negra que fallaron los penaltis. 

El calado de lo políticamente correcto no deja hueco sin ocupar y justamente los británicos pretenden encabezar la lucha contra el racismo y dar lecciones de integración con pueblos y razas no europeos. En realidad, estamos en un caso de hipocresía y mal perder típicamente anglosajón, que en realidad no afecta, ya que los italianos vienen llorados de casa. En Inglaterra aún no han aceptado que perdieron merecidamente la final de la Eurocopa ante la Italia “blanca”, en la que no hay jugadores negros entre los 26 seleccionados de Roberto Mancini. The Economist no acepta la situación y continúa diciendo: “La gran noche del fútbol europeo no fue un gran momento para el multiculturalismo”.

 

 

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La verdad es que no cabría en un breve artículo escribir la historia criminal de la “Pérfida Albión”, su exterminio de pueblos, y su puritano racismo y esclavismo expandido por todo el orbe a través de los siglos; pero sí dejar claro el actual fariseísmo británico y su sumisión a la dictadura del “politically correct globalist” (para que lo entiendan en su idioma), que carcome lo poco que aún les queda de dignidad europea, no europeísta, de su gente.

¿Racismo o xenofobia italiana? De eso nada. La azurra tiene en su plantilla a tres futbolistas de origen brasileño: Emerson Palmieri, Rafael Toloi, Jorginho. Además, cuenta con Moise Kean, hijo de padres originarios de Costa de Marfil, y que estuvo a punto de ser convocado. Recordemos además el paso por el seleccionado nacional del polémico Mario Balotelli, también de raza negra. Así que lecciones de los ingleses, ni una. En Italia no hay “cuota racial” sino mérito y ser italiano más allá del color de la piel.

Ver flamear con orgullo y pasión la tricolore, bandera de uno de sus despreciados PIGS, bajo el cielo de Inglaterra les duele. Tener que ir a los libros de historia y reconocer que cuando los habitantes de las islas se cubrían con rudimentarias pieles y vivían en chozas, Roma era el Imperio que civilizó al mundo conocido, quizás duela aún más. Mientras tanto la Copa de Europa está en la Città Eterna y allí quedará.