Pues como avisa J.P. Morgan se va acercando la tormenta perfecta y aquí seguimos tan felices pensando que los partidos del sistema pueden solucionar algo y que sabrán lidiar con el negro zaino que  se presenta por el horizonte.
 
Una inflación desbocada nos avisa de lo que va a venir. Pero como ya he comentado en otros artículos, la crisis del sistema es tan profunda, esta tan arraigada en nuestro comportamiento que no va a arreglarse con paños calientes.  Será necesario la cirugía.
 
La sociedad ha devenido en indolente e inicua. Los males son múltiples y cada vez mayores. El vacío existencial a que nos han condenado mucho tiene que ver en todo ello. La sociedad está desnortada y sin rumbo. Los ideales son cosa del pasado. Y así no se puede salir adelante.
 
Una crisis económica puede ser coyuntural y tener arreglo. Una crisis sistémica no. Y esta crisis, de tan profunda, tiene múltiples vectores, el económico y otros, como el invierno demográfico, la despoblación y la renuncia a hacer algo grande con nuestras vidas. Todo se nos resuelve en botellones y fútbol. Pero esta vez la cosa viene en serio y habrá que coger el toro por los cuernos.
 
Habrá que acabar con la cultura de la muerte.  Habrá que acabar con el cuento de que todo el mundo puede vivir del estado. Habrá que acabar con un nihilismo que nos rebaja a la categoría de simples animales estabulados. Y sobre todo, habrá que ponerse serios y afrontar con hombría los problemas que se nos van a venir encima, entre ellos el de la invasión africana, y la dejadez de nuestras actuales élites que complacientes dejan que seamos robados y nuestras mujeres violadas.
 
Hay que impartir justicia ya porque si no la sociedad acabará desmoralizada. Eso pasa por dejarnos de cuentos de hadas, y meterle mano a los abusos que los invasores africanos están perpetrando sobre nuestros conciudadanos. Desde los múltiples robos a las violaciones. Desde las amenazas a los atentados terroristas.
 
Y habrá que pensar de una vez que para que sirven unas élites que tienen de todo menos de élites. Por los telediarios desfilan un sin fin de personajes dictando doctrina pero que no saben hacer la O con un canuto. Unos cuantos hombres excepcionales bastan y sobran para arreglar este desaguisado. Pero hay que saber buscarlos. No nos valen ya los analfabetos funcionales. Hay que darle cancha a los mejores.
 
El otro día les propuse en broma al señor Mario Conde y al Juez Serrano el formar un triunvirato junto con este que les escribe. Era una broma pues ante el auge de Vox no es el momento para estos inventos.  Claro. Pero se nos quedó en el aire la idea de que con una cosa así si que se verían de verdad las cosas chulísimas que todos están esperando.
 
Para empezar se acabaría con la tiranía de las feministas.  Eso por descontado. Y luego se le metería mano a los problemas que se nos presentan.  Empezando por los económicos y siguiendo luego por lo que yo llamo problemas espirituales de una sociedad decadente.
 
Pues es necesario educar a nuestros jóvenes en valores como la excelencia y el amor por el trabajo bien hecho. En el trabajar por la patria además de por nuestro sustento. Devolverles esa amplitud de miras que estos capadores les han quitado.
 
Esto es así. El invierno demográfico no se arregla con subvenciones. Si no recuperando nuestros perdidos valores cristianos. Hoy nuestras parejas tienen un único hijo hiperprotegido al cual hay que darle todos los caprichos y procurarse una cómoda existencia. Antes se daban hijos a Dios, al César y para proseguir con el patrimonio familiar. Esa es la diferencia.
 
Pues con el invento del hijo único mimado, es imposible que haya nuevos sacerdotes, nuevos militares ni nuevos nada de nada. Por ello hay que recuperar nuestra fé y que las parejas se sientan con la obligación de darle hijos a Dios, al César y a la patria. 
No es una bobada esto que estoy diciendo. Es atacar de raíz el mal más profundo que tiene nuestra sociedad occidental, el nihilismo.
 
Estos hijos no malcriados ya se las acabarían ellos para salir adelante. Sin tanta ropa de marca, sin tantas Nike y sin tantas contemplaciones.  Tendríamos nuevos sacerdotes, nuevos soldados y nueva gente emprendedora capaz de sacar adelante sus vidas y sus empresas. Por eso es necesario que la crisis sistémica se ataque de raíz y además de solucionar la inflación y el paro, se de un vuelco a nuestras vidas y vuelva la espiritualidad a ellas. Acabando con las lacras del feminismo, la cultura de la muerte y la despoblación.
 
Hay que devolver pues la fé a nuestros compatriotas para poder acometer grandes empresas. Es fundamental.  Pero como dije al principio del artículo ahora toca agarrarse que vienen las curvas de la inflación galopante, el paro y la despoblación. Y para lidiar con esto se necesita gente de talla. No cantamañanas ni chisgarabises. 
 
Espero que me haya explicado bien en este artículo.  Pues considero que lo que les he contado es fundamental. El renacer de Occidente pasa por cosas que van más allá del arreglar una crisis económica. Se necesitan luces largas y mirada de águila para ver más lejos y afrontar con éxito el principal problema del futuro: la invasión africana.
 
Y ya les voy dejando por hoy. Estoy regando mi huerto y a la vez sentado a la sombra leyendo un libro sobre Julio César. Y precisamente estoy leyendo la etapa del triunvirato junto a Pompeyo y Craso. Y vuelvo a repetir, medio en broma, medio en serio, que que grandes cosas haríamos si nos pusiéramos de acuerdo el señor Conde, el Juez Serrano y yo. Pero corren los tiempos de Vox y seguramente a estos les tocará lidiar con el toro que ha salido por chiqueros.  Esperemos que no nos decepcionen y que sepan aplicar la cirugía a una situación que no admite más tiritas.
 
Y poco más. Hoy estoy feliz. Oigo el trinar de los pájaros mientras abro el próximo surco de agua. Mis apretadas filas de plantones de pimientos y tomates parecen legiones en formación dispuestas a enfrentarse al enemigo. En un futuro próximo nos tocará enfrentarnos a los bárbaros. Ojalá que la ocasión nos pille preparados. Tanto material como espiritualmente.