Vokativ.hr me entrevista sobre la publicación de “Enterrados vivos”, las políticas de memoria en España y mi interés por la política de Europa Central y Oriental.

Álvaro Peñas escribe en el diario El Correo de España y trabaja en varios programas en Radio Ya. Su especialidad es la política y la historia de Europa Central y del Este, y ha realizado numerosas entrevistas a destacados políticos patrióticos de Europa, entre ellas recientemente a Janez Janša, primer ministro esloveno. En mayo de 2021 Peñas publicó la edición española del libro de Roman Leljak sobre Huda Jama con el título español “Enterrados Vivos: Huda Jama, el peor crimen de Tito” (Živi zakopani: Huda Jama, najstrašniji Titov zločin).

Recientemente ha traducido y publicado el libro de Roman Leljak sobre los crímenes comunistas yugoslavos en 1945. Qué le hizo interesarse por el tema y por qué se esforzó en presentar el libro a los lectores españoles?

Empecé con este tema por otro de los crímenes de Tito, la llamada masacre de las Foibe que se cobró la vida de miles de italianos. Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, se hizo eco del hallazgo de una nueva foibe en agosto con 250 víctimas y expresó su indignación porque una buena parte de la izquierda italiana desprecia o niega estos crímenes. Eso me llevó a escribir un artículo y lo cierto es que la historia era sorprendente. Italia tardó 60 años en recordar públicamente a sus víctimas, no lo hizo hasta 2004, e incluso el gobierno del socialista Giuseppe Saragat condecoró a Tito con la medalla más importante de Italia en 1969. La izquierda italiana reconoció su error por apoyar al régimen de Tito, pero pronto se empezó a negar, minimizar o justificar los crímenes, argumentando que los homenajes a las víctimas eran un ataque a la lucha partisana antifascista. De hecho, los actos vandálicos contra los monumentos a las víctimas son tristemente habituales en Italia. El artículo tuvo bastante repercusión y me invitaron a un programa de televisión para hablar de este y otros crímenes de los comunistas yugoslavos.

Preparando mi intervención en este programa fue como llegué al libro de Leljak. Compré la versión en inglés, “Buried Alive”, y la historia me impresionó. Eso me hizo ponerme en contacto con su autor, Roman Leljak, que me facilitó su película sobre Huda Jama y otros documentales históricos sobre lo ocurrido nada más terminada la guerra. Así que traduje un par de capítulos y se los envíe a Alvaro Romero, director de El Correo de España y que dirige la editorial SND. Ambos estuvimos de acuerdo en que esta una historia que había que contar, y así nació el libro.   

¿Ha habido algunas reacciones del público español?

Hasta ahora, la reacción mayoritaria es ¿cómo es posible que no se sepa nada de todo esto? Desgraciadamente, y esto es muy común en Europa Occidental, los crímenes comunistas son muy poco publicitados por los grandes medios y en muchos casos se mantiene esa imagen romántica y revolucionaria del comunismo, cuyo mejor icono es el Che Guevara. Lo que acaba de hacer Polonia, prohibir la imagen del Che, es impensable en España.  

La izquierda española, así como pequeños partidos de la derecha, han estado impresionados con el titoísmo durante mucho tiempo, considerándolo como una “tercera vía” entre el comunismo de estilo soviético y el capitalismo liberal occidental. ¿Sigue siendo así, o hay una mayor conciencia de los crímenes titoístas en la actualidad?

Lo cierto es que Tito no es una figura empleada en el discurso político español. Nuestros ministros comunistas reclaman directamente la figura de Lenin o posan con camisetas de la República Democrática Alemana. Respecto a los crímenes de Tito, son completamente desconocidos para el público español. Por ejemplo, con motivo del 40 aniversario de su muerte en 2020, el periódico de izquierdas “El País” hablaba de la Titonostalgia y de los grandes éxitos del socialismo yugoslavo, sus crímenes apenas ocupaban una línea en un artículo lleno de alabanzas al modelo que unió a Yugoslavia y que presenta a Tito como un dictador benevolente e incluso se habla de su éxito con las mujeres. Esta es una de las razones por la que se ha publicado “Enterrados vivos”, hacer lo posible por cambiar esa percepción, por situar a Tito donde debe estar, entre los carniceros de los Balcanes.

España también fue testigo de los crímenes comunistas durante la Guerra Civil en los años 30, y sus sucesores espirituales están hoy gobernando en España. ¿Cuál es la posición de la izquierda española sobre los crímenes comunistas en España y en otros lugares?

La izquierda española aprobó una ley de memoria histórica, con el apoyo de la derecha liberal, para borrar todo lo relacionado con Franco, y pretendían aprobar una ley de memoria democrática que ha sido rechazada por los tribunales por violar la libertad de expresión. Esta ley pretendía que fuera un delito decir cualquier cosa favorable al régimen de Franco, como por ejemplo la construcción de viviendas sociales o la creación de la clase media. Con respecto a la Guerra Civil, la izquierda no habla de los crímenes cometidos por el bando republicano, crímenes que son minimizados o negados mientras se exageran hasta la saciedad los del bando contrario, y de hecho ensalza a muchos de los responsables de esos crímenes. El mes pasado, el presidente del gobierno, el socialista Pedro Sánchez, reivindicó la figura de Francisco Largo Caballero y dijo que “actuó como hoy queremos actuar”. Largo Caballero fue conocido como el “Lenin español” y fue responsable de una represión tan brutal que Stalin le pidió que se moderase, por supuesto no por motivos humanitarios, sino porque esa represión comprometía el posible apoyo a la República de Francia e Inglaterra.

De un gobierno con semejantes referentes o cuyos miembros defienden públicamente el socialismo real, como Yolanda Díaz, tercera vicepresidenta del gobierno (tenemos cuatro vicepresidentes) que afirmó que el comunismo significaba democracia e igualdad, no es posible esperar ninguna condena a los crímenes cometidos por los comunistas en España o en cualquier otro país del mundo. Sin olvidar los apoyos del gobierno en partidos independentistas como Bildu, heredera política de la organización terrorista y marxista-leninista ETA, responsable de casi 1.000 muertos y cuyo último asesinato ocurrió en 2009, hace apenas doce años.  

Aunque Croacia y España están situadas en lados opuestos del continente europeo, compartimos la experiencia similar de la sangrienta guerra civil, la memoria cultural impugnada y la sociedad polarizada que sobrevive hasta hoy, casi un siglo después de la guerra. ¿Cuál cree que es el camino para salir de eso? ¿Son las generaciones más jóvenes en España más proclives a romper con el legado de la Guerra Civil?

La única solución a esa polarización es asumir la historia, analizarla sin injerencias políticas y honrar a los muertos de todos los bandos. Eso es tremendamente difícil cuando hay partidos políticos que sacan ventaja de esa polarización y que, como ha pasado en España, intentan reescribir el pasado para justificar el presente.

Respecto a las generaciones más jóvenes, el gran problema es el desconocimiento absoluto de su propia historia después de innumerables reformas educativas que han sido un fracaso. La historia que se enseña en los colegios está plagada de propaganda de la izquierda y de estupideces como el lenguaje inclusivo. Por tanto, la visión de la Guerra Civil sigue siendo la de hace 80 años con los consabidos tópicos de izquierda buena y derecha mala. No obstante, en España se ha producido un fenómeno muy positivo de reivindicación de la historia y de la lucha contra la “leyenda negra”, la versión de nuestra historia hecha por nuestros enemigos en la época del Imperio Español y que fue asumida con entusiasmo por la izquierda. Este interés está llevando a muchos jóvenes a conocer de verdad la historia de España, algo muy necesario si queremos tener un futuro como nación.

Ahora seré “abogado del diablo” por poco tiempo. El régimen de Francisco Franco en España -aunque fue responsable de crímenes menos graves que los regímenes comunistas de Europa Central y del Este, y aseguró más libertades políticas y económicas para los ciudadanos españoles que los regímenes comunistas- seguía siendo un régimen autoritario y ciertamente costó la vida a algunos de sus oponentes políticos. Entonces, mi pregunta es: ¿hubo alguna depuración de los ex franquistas responsables de violaciones de los derechos humanos, o no se les tocó, como a los criminales comunistas de Europa del Este? Además, ¿defiende la derecha postfranquista española la herencia política, social y económica del régimen franquista, o aceptan la noción de luchar contra el pasado franquista?

Durante la transición a la democracia se promulgó una ley de amnistía en 1976 que también significó la salida de la cárcel de los miembros de organizaciones terroristas como ETA. Un año después se promulgo una amnistía total para todos los hechos y delitos de intencionalidad política ocurridos entre el 18 de julio de 1936, el comienzo de la Guerra Civil, y el 15 de diciembre de 1976. Sin embargo, hay que señalar que la izquierda española estuvo a favor de esa amnistía. Durante el franquismo el mejor ejemplo de reconciliación fue el Valle de los Caídos, en donde se enterraron a caídos de los dos bandos de la Guerra Civil.

La derecha española directamente heredera del franquismo es el Partido Popular, pero porque fue fundado como Alianza Popular por políticos que fueron ministros de Franco. A pesar de eso, el Partido Popular ha apoyado las leyes de memoria histórica de la izquierda y ha condenado el franquismo. Nada raro puesto que siempre acaban apoyando las políticas de la izquierda. Por otro lado está VOX, que no mantiene ninguna posición respecto al régimen de Franco pero que no acepta que la izquierda imponga su versión sectaria de la historia.

Por último, usted cubre regularmente historias políticas de Europa Central y del Este. ¿Por qué? ¿Qué le atrae de nuestra región?

Porque allí es donde está ahora la verdadera esencia de Europa. Europa Occidental se ha embarcado en una carrera hacia la autodestrucción siguiendo ciegamente la agenda globalista: inmigración masiva, aborto, ideología de género, histerismo climático, etc. En todas partes hay una resistencia en mayor o menor medida contra esta locura, pero es en los países de Europa Central y del Este donde la resistencia es mayor, y en donde incluso los que se oponen a esta agenda están en el gobierno. La única esperanza para Europa es volver a sus raíces y es en esta región donde las raíces son más fuertes, donde son más profundas. He visitado muchas ciudades en Europa Central y del Este, y siguen siendo ciudades europeas. Osijek es una ciudad croata, Maribor es una ciudad eslovena, Budapest es una ciudad húngara y Varsovia es una ciudad polaca. Sin embargo, en muchas ciudades occidentales hay una falta absoluta de identidad, la Europa milenaria ha desaparecido para ser ocupada por el multiculturalismo y la corrección política.

Los que han llevado a Europa Occidental al borde del abismo quieren hacer lo mismo en el resto de Europa y por eso es tan importante conocer la batalla política y cultural que se está produciendo en todos estos países. Es muy importante acercar esta realidad a la gente que está siendo bombardeada por las mentiras de los grandes medios. Se puede detener la inmigración ilegal, como ha hecho el grupo de Visegrado y recientemente Eslovenia. Se puede fomentar con éxito la natalidad, como está sucediendo en Hungría. Se puede defender la vida, como ocurre en Polonia. Hay esperanza y una alternativa real al modelo que nos están presentando como único e inevitable. Los europeos occidentales tenemos mucho que aprender de nuestros hermanos de Europa Central y del Este.