Dolores Delgado tiene sobre sí las suficientes sombras de sospecha como para empezar a preocuparse de su horizonte judicial, cuando indefectiblemente está en ciernes la destitución al frente de la Fiscalía. Una Fiscalía que ha hecho el trabajo sucio arremetiendo contra los pilares constitucionales y facilitando innúmeras irregularidades, incluso vulnerando la presunción de inocencia del rey emérito y coaccionando a los versos sueltos de la Justicia que intentaron evitar el atentado contra la imparcialidad que supuso ponerla al frente como ariete sectario del secuestrador de La Moncloa. Después de los perjuicios causados desde la sospecha permanente de la corrupción, implosionando el Estado de Derecho y la Jefatura como infiltrada contra la imparcialidad de la Justicia, Dolores Delgado está amortizada al servicio de un desgobierno criminal donde ella misma no desmerece del cariz delictivo que ha encubierto, empezando por su propia relación con la prostitución infantil. Es un secreto a voces la relación con tumultuosos asuntos del bajo fondo profesional que miembros de la judicatura han protagonizado con el beneplácito de la siniestra pareja que conforman Baltasar Garzón y la fiscal, cuya labor de confusión se inició como ministro de Justicia para luego ser nombrada Fiscal General del Estado al servicio del sanchismo. 
Aunque las reacciones son lentas la dignidad de los tribunales se mantiene en tanto en cuanto la coercitiva influencia del sátrapa Sánchez se diluye entre los improperios de la calle y las críticas internas, el enjuiciamiento de estafador Tezanos y la caída de la encuestas, todos a una para defenderse del mayor peligro, enemigo de los ciudadanos y de España, el cum fraude por antonomasia cuyos esbirros van cayendo, siendo previsible que alguno haya de confrontar en el futuro con un horizonte carcelario. Son tantos los desmanes y grueso el calibre de la bajeza personal que, de existir justicia verdadera, gentuallas como Delgado y tantos más deberían resarcir el mal que han causado al servicio del sanchismo con la recogida de esas siembras criminales que se acrecentaron impunemente mediante un nombramiento que ahora el Tribunal Supremo ha elevado a pleno con una "amplia mayoría" a favor de la destitución. 
 
No es de extrañar que de modo chulesco Sánchez rete a que se lleve a cabo esa destitución, pues con la vuelta a la normalidad y sin prostitución sectaria la farsa de este desgobierno quedaría paulatinamente al descubierto, así como los trapos sucios que mantienen al miserable en La Moncloa. Con la vieja guardia caída la cuenta atrás de la debacle sanchista se ha iniciado, aunque bien haríamos en no confiarnos con un estafador, sin límites morales y de conciencia ausente, capaz de todo para mantenerse en la poltrona a costa de la destrucción de España.