“[…] yo sé que aquel que ha enviado a otro a un paredón tendría a su vez que ir él también al final de los hechos concatenados. Y no siempre por las razones originarias de la contienda, sino para eslabonar la cadena del pensamiento hecha con las imágenes secretas entre el hombre y el muro. Porque lo cierto es que nadie ha traspuesto aún los umbrales de esa mente funcionando todavía en vivo y a puerta cerrada, para extender después en un blanco lienzo la letra de su último pienso-existo.”

 Armonía Somers, Sólo los elefantes encuentran mandrágora.

El escarnio de los asesinados por el Terror etarratata llega al paroxismo en el homenaje colaboracionista al criminal en serie Henri Parot, psicopatía llamada parotxismo.

Con el respaldo institucional, no del Gran Hermano, sino del hermano grandullón del narcogobierno español —ahora que el “Pollo” Carvajal, jefe del terrorismo venezolano puede cantar la gallina sobre las relaciones entre la ETA y las FARC—, Pedro Carajal, el despeñadero de Desespaña, se inhibe ante la pseudorreivindicación humanitaria que, so capa de concentración contra la cadena perpetua, blanquea los sepulcros del tal  H.P. (por sus siglas, a partir de ahora, y evitémonos el radar del algoritmo gubernamental).

Bizi osorako zigorrik ez! (‘¡No al castigo para toda la vida!’) rezaba, en Mondragón, la pancarta de los cómplices del muy H. P., condenado a 4.800 años de prisión por la muerte de 39 personas, condenadas por él no ya a cadena perpetua, sino eterna, o sea a pena de muerte. Y los colaboracionistas del serial killer (Aberri ala hil! Aberri ala kill! ¡Patria o matar!), reclaman su puesta en libertad al cumplirse 30 años de condena (ni 1 año por unidad), en nombre de la “doctrina” conocida, por mal nombre, como “Parot” (sentando jurisprudencia, en boca de pendolistas y periolistas, cual juriscon(in)sulto). Como si no le hubieran hecho ya un precio, al por mayor y con descuentos por grupo.

Y el presidentítere despañol calla y otorga. Maquiavelismo, no: ¡maquiabelicismo! ¿“Remordimiento de conciencia”, como dice un portaVox de las víctimas de ese H. P?

No, ensañamiento a conciencia, contra los supervivientes, también enemigos faxistas.

Y Faxistak kanpora! (¡Fascistas, fuera!), la pintada en la puerta del zulo de Ortega Lara, presuntamente dirigida a quienes por dignidad acuden a denunciar su apología.

¿Se refieren al secuestrado? Ca, porque él ya fue desinhumado de tamaña ergástula.

¿A las víctimas? Quiá, ya salieron de este mundo, cuando les dio el pasaporte este H.P.

¿A los kulaks que tuvieron que salir disparados (¿migrar?) de forma denigrante (¿demigrante?) o a quienes salieron en libertad condicional del gulag Siberia-Gasteiz? Qué va.

 La intención es la amenaza a quienes, desde “fuera”, se han metido en la boca del dragón arrasador de su país, en ese zulo urbanizado que es Mondragón (-Arrasate), sólo a cantarle las cuarenta al asesino de 39 de sus familiares, correligionarios y amigos. Y así,  la interpretación resulta obvia: “¡Fascistas, fuera!” no quiere decir sino “¡Presos, fuera!”

Asesinos y colaboradores necesarios, a la calle. Y eso, a partir de la asunción de competencias penitenciarias por ese Gobierno Vasco presidido por un jefe de la tribu Kikuyu.

Un aviso, pues, a gobernantes, de acá y acullá, sobre el desenlace del acercamiento. Y el reciclaje del aberrante Aberri ETA hil! (‘¡Patria ETA muerte!’) al neocastricista Aberria eta bizitza! (‘¡Patria y Vida!’) Y, en cuanto al héroe de Euskal Herria, Herri Parot, el gran H. P., si “lo ha hecho bien” (como decía H.B), que siga…en cuarentena (que 40 años no es  “toda la vida”, sino los restos de serie del killer) por los siglos de las siglas...